La semana transcurrió como las demás, Margaret actuó normal, como si nada sucediera, después de todo era un poco más sencillo que antes, porque su magia ya no salía sin control o sin su consentimiento, ya no tenía que luchar con todas sus fuerzas para contenerla, al contrario, cada vez le era más sencillo manipularla y algunas veces practicaba uno que otro truco que emergía de ella naturalmente, en la soledad de su habitación o en la profundidad del bosque sin cruzar la cerca hecha de árboles y arbustos que rodeaban Trasmoz, asegurándose que nadie la viera o siguiera. No obstante, sus sueños y visiones seguían presentes y no lograba entender del todo lo que representaban o querían decirle. —Hola —habló Dante encogiéndose de hombros. Margaret lo observo un tanto confundida. —Hola ¿Cómo es

