El amanecer llegó demasiado pronto, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados que habrían sido hermosos en cualquier otra circunstancia. Alejandro apenas había dormido. Las pocas horas que había logrado cerrar los ojos habían estado plagadas de sueños inquietos donde el ejército de Arcturus llegaba a Ciudad Olvidada y arrasaba con todo lo que habían construido, donde June caía bajo espadas enemigas mientras él observaba impotente, donde el espíritu del dragón le susurraba que todo el poder del mundo no servía de nada si no podía proteger lo que amaba. Se encontró de pie en la puerta principal de Ciudad Olvidada antes de que el sol terminara de asomarse sobre las montañas del este, el aire frío de la mañana cortándole los pulmones con cada respiración. Observaba a su pequeño grupo de él

