El amanecer llegó con un rugido. Alejandro despertó de golpe, rodando hacia un lado justo cuando algo masivo impactaba donde había estado acostado. La piedra del altar explotó en fragmentos, llenando el aire de polvo y escombros. Se puso de pie con el Colmillo del Dragón de Jade en mano, sus cinco meridianos activándose instantáneamente. La criatura frente a él no era natural. Tenía forma vagamente humanoide, pero estaba hecha completamente de piedra negra y éter cristalizado que pulsaba con luz verdosa en las grietas de su cuerpo. Tres metros de altura, tal vez más. Brazos gruesos como troncos de roble centenario, terminando en puños del tamaño de yunques. Piernas como columnas de un templo antiguo. Y una cabeza sin rasgos excepto por dos hendiduras donde deberían estar los ojos, bril

