El primer jinete murió antes de saber que estaba bajo ataque. Alejandro saltó directamente hacia la carga de caballería, un movimiento que ningún guerrero cuerdo intentaría contra cincuenta jinetes en formación cerrada. La caballería existía precisamente porque era imparable cuando cargaba contra infantería; el peso combinado de caballo y jinete, multiplicado por la velocidad del galope, convertía a cada uno en un ariete viviente capaz de destrozar líneas de escudos y atravesar formaciones que habían resistido horas de asedio. Pero con el sexto meridiano ardiendo en sus venas como fuego líquido, la cordura era un lujo que Alejandro no podía permitirse. La cordura le decía que corriera, que buscara cobertura, que dejara que los jinetes pasaran y atacara por la espalda. Pero correr signifi

