June no había dormido en tres días. Estaba sentada junto a Alejandro en la cueva húmeda, cambiando vendas empapadas de sangre por cuarta vez esa noche. Sus manos temblaban por el agotamiento, pero no se detenía. No podía. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Kira cayendo. Escuchaba su grito cortado abruptamente en la oscuridad del bosque. Sentía el peso de su sacrificio aplastándola como una losa de piedra. "¡Corre! ¡Yo la detengo!" Y June había corrido. Había dejado que otra persona muriera para salvarlos. Lo estoy intentando, Kira. Lo juro que lo estoy intentando. Pero Alejandro no despertaba. Tres días desde el escape. Tres días escondidos en esta cueva a diez kilómetros de Eclor. Tres días escuchando su respiración débil, irregular, como si en cualquier momento pudiera detener

