Sophie sonreía al ver las cajas de regalo sobre su cama, veía el delicado brazalete en su muñeca y suspiraba al pensar en ese amor tan bello.
*—¿Cuando te veré Alex? ¡Te extraño demasiado! Me haces tanta falta.
Unos ligeros golpes en la puerta de la habitación la sacaron de sus pensamientos, cuando abrió vió a Eleazar con dos cafés en sus manos.
—¡Café y donas a domicilio!
—Pasa Eleazar.
—Felicia, ¿está dormida?
—Si, comió algo y durmió estaba exhausta después de jugar.
—Sophie, tu, ¡te ves terrible!
—¡Ja - ja! Lo sé, cuidar a una niña es demasiado agotador, no tengo idea de como lo hacía Felicia.
—Eres admirable, sacrificar tu propia vida por cumplir una promesa.
—Es más que una promesa, Eleazar, Felicia era mi única familia y yo era su única familia.
Los dos observaban a la pequeña Felicia durmiendo en la cuna plácidamente, su respiración tranquila transmitía bastante calma.
—Mañana ¿con quién asistirás a la cena de los cien años de la universidad?
—Sola y tú ¿irás?
—Claro que iré, nos falta muy poco para graduarnos y habrá muchas personas importantes en la gala. Debemos comenzar a relacionarnos con personas importantes, Sophie.
—Eleazar, tu familia es importante en la ciudad.
—Nunca está demás.
Una sonrisa torpe aparecía en los jóvenes, bebían café y comían donas conforme la noche y la charla avanzaba, pasaba la media noche cuando Eleazar salió del dormitorio.
Al día siguiente, Sophie llevó a Felicia con la niñera por la tarde, volvió a su habitación y con calma se vistió, maquilló un poco su bello rostro y en punto de las seis de la tarde salió directo al jardín principal de la universidad.
Sus pasos eran lentos y un poco tímidos, para ser estudiante de derecho era bastante introvertida.
Al llegar a la orilla del jardín se detuvo en seco, su corazón latía con fuerza era como si le avisara que algo malo estaba por venir, un fuerte presentimiento se hacía presente y comenzó a temblar, dió un paso para atrás tratando de escapar pero un brazo la sostuvo haciendo que girara con rapidez.
—¡Tranquila! No estás sola.
—Casi me muero del susto Eleazar.
—Te ves hermosa Sophie.
—Tu también te ves muy bien.
—Vamos te acompaño, ¿en qué mesa estás?
Caminaron juntos, y Sophie tomó la invitación de su bolso para verificar el número de mesa.
—5.
—Genial, estoy en la seis estaremos juntos.
Al llegar tomaron asiento, las luces blancas y brillantes del enorme jardín provocaban que Sophie se sintiera un poco abrumada, suspiraba y rodaba los ojos de un lado a otro tratando de reconocer algunos rostros, pero en medio de tantas personas no podía hacerlo.
—¿Te encuentras bien Sophie?
—Si, es sólo que... Tantas personas me ponen un poco nerviosa.
—Si te parece bien, sólo daré mi discurso y nos vamos de aquí.
—¿Darás un discurso? ¡Obvio que si, que tonta!
—Solo por ser hijo de uno de los benefactores.
Las risas ligeras aparecieron en sus rostros, las mesas pronto se comenzaron a llenar, en punto de las siete de la tarde el presentador comenzó a hablar.
El momento del discurso de Eleazar había llegado, subió al pequeño estrado con una amplia sonrisa, al terminar su discurso bajó con el sonido de los aplausos, su mirada fija en Sophie permanecía en casa paso acompañada de una sonrisa cálida que se desvaneció al ver al hombre sentado en primera fila.
*—¿Que hace Alexander Norvig aquí? Si tan sólo se hubieras tardado un poco más en volver, yo tendría una oportunidad con Sophie.
—Agradecemos al joven Celes, sus palabras. Ahora para terminar con el protocolo unas palabras de...
Guardó silencio cuando el Duque levantó una mano, entendió que no quería ser anunciado.
Alexander se levantó y subió al estrado, Sophie revisaba vagamente su teléfono sin darse cuenta quien era la persona que había subido.
Eleazar se sentó, su expresión de antes había desaparecido, cambió por completo de un momento a otro, ahora se notaba serio y un poco enfadado.
—¿Pasó algo Eleazar?
—Nada, Sophie ¿nos vamos..?
Una voz se escuchó, Sophie levantó la mirada de su teléfono y lo vió, el hombre atractivo de ojos profundos y sonrisa cautivadora del que estaba enamorada, se encontraba frente a ella. En cada palabra que Alexander pronunciaba, no dejaba de mover sus ojos de un lado a otro, tratando de encontrar a su novia en medio de casi 500 estudiantes.
Sin dejar de observarlo, sus ojos se rozaron con las lágrimas que amenazaban con salir, esas lágrimas eran de una emoción enorme después de no verlo por más de dos meses.
*—¡Alex, mi amor!
Su cuerpo temblaba un poco, al verlo bajar del estrado se levantó de la silla y caminó por uno de los costados para poder acercarse.
Por fin logró hacerlo, pero lo que vió la hizo sentir una opresión en el pecho.
La prensa entrevistaba al Duque, Kassandra estaba a su lado tomándolo del brazo.
Las preguntas eran bastante obvias, preguntando si eran pareja o pronto se convertirían en pareja. La sonrisa tonta de Kassandra hacía pensar que no estaban equivocados.
Apretando un poco sus manos y jugueteando con sus dedos torpemente, Sophie decidió alejarse.
—¡Señorita Cleiton!
Se topó de frente con Peter, al tratar de escapar de ahí.
—¡Yo... Yo!
—Estoy tratando de localizarla desde que llegué, ¿por qué no está sentada en la mesa del señor?
—¿Qué?
—Di órdenes que en cuanto llegara la colocarán en la mesa del señor.
—¡Oh, descuida Peter! Es sólo un asiento y yo debo estar con los estudiantes.
—¡La llevaré a su mesa!
—¡Mis cosas están en la otra mesa!
—Iré por ellas después de llevarla.
Detrás de ella una voz varonil y seductora se escuchó.
—¿Me extrañaste? ¿Por qué te escondes de mi?
—Alex.
Sus lágrimas contenidas no soportaron más y cayeron como fuentes, Alexander la abrazó acercándola a su pecho, el fuerte perfume cubría sus sentidos llevándola lejos de ese lugar.
Por fin había recibido el abrazo que tanta falta le hacía.