Volver.

1122 Words
Con un temor recorriendo su cuerpo se alejó de su madre, Sophie sabía muy bien que esa mujer era lo suficientemente cruel para hacerle la vida imposible. *—¡Espero no hagas nada en mi contra madre! Yo también soy tu hija. Mientras caminaba de regreso al campus universitario, recordaba cada momento en casa, cada vez que su hermano había sido favorecido por sus padres y ella olvidada. El automóvil nuevo comprado al graduarse de la preparatoria y a ella le habían obsequiado un brazalete de fantasía. Sus trabajos de medio tiempo para poder pagar la renta de la habitación que ocupaba en casa de sus padres y ahorrar para asistir a la universidad. *—No más, no permitiré que me sigan haciendo la vida imposible. Con sus desprecios me hicieron madurar y ser fuerte. Caminando apresurada por miedo a la oscuridad y soledad del camino, nunca notó que alguien la vigilaba a una distancia prudente, tomando fotografías de Sophie en casa momento. —Llegaste Sophie. —¡Gracias por todo Eleazar! No sé que haríamos sin ti. — Felicia ya cenó y se durmió, ahora tu descansa también. Asintiendo se despidió, cerró la puerta del dormitorio y se dejó caer en la cama, tratando de mantenerse despierta un poco más, envío un mensaje que había estado postergando por varios días. *¡Hola Alex! Se que estás ocupado y no quiero interrumpir, pero necesitaba decirte que te extraño mucho, no olvides que te amo. Necesito decirte algo importante, cuando puedas hablamos o a tu regreso lo hacemos. Por varios minutos no obtuvo respuesta, poniendo su teléfono a cargar fue directo al baño y darse una ducha. En Escocia, Alexander se notaba cansado, no dejaba de trabajar para poder terminar a tiempo y volver a casa. Revisar su teléfono no era opción para él en esos momentos. —Señor, debe comer algo. —Peter, necesito terminar ésto lo antes posible. Tengo más de una semana trabajando día y noche. —Lo entiendo, pero debe comer para no enfermarse o no podremos irnos a casa. Dese unos minutos, despejando se un poco podrá trabajar mejor. —Tienes razón, descansaré un par de minutos. Sophie, ¿Llamó? —A mí no señor. Alexander frunció el ceño, tomó su teléfono y vió un mensaje de su amada Sophie. Dió un sobresalto, su rostro se iluminó y sonrió después de varios días sin hacerlo. Peter entendió y salió de la oficina cerrando la puerta por detrás. *—¡Mi bella Sophie, yo también te extraño demasiado! Comenzó a llamarla, sin obtener respuesta alguna, intentando varias veces pero no respondía. Decidió responder con un mensaje. *—Debes estar dormida, descansa amor mío. *¡Mi bella Sophie! Te pido perdón por no tener tiempo ni de enviarte un mensaje, quiero terminar pronto para volver a tu lado. Te extraño demasiado y también te amo, eres mi motivacion para volver a casa. —¡Peter! —¡Digame, señor! —Temprano, envía unas hermosas flores a Sophie y un regalo. —¿Que regalo señor? Alexander navegaba por internet moviendo sus dedos ágilmente. —¡Éste! Mostrando su teléfono en la pantalla había un pequeño y delicado brazalete con una S en él. —Ya realicé la compra, verifica que lo lleven a la florería y lo entreguen en cuanto salga de clases. —Si señor. Abrió el cajón de su escritorio y tomó la pequeña caja con el anillo dentro de ella, la observó con una pequeña sonrisa tierna en su rostro. *—Y a mi regreso será éste el regalo, mi bella Sophie. Serás mi esposa para toda la vida. Detrás de la puerta mal cerrada apretando la perilla con fuerza, se encontraba Kassandra, sus ojos f encendidos y el aumento en la rapidez de su respiración eran la muestra más clara que estaba furiosa. *—Ese día, no llegará, Alexander Norvig. Soltando la perilla de la puerta caminó lentamente maquilando un plan para deshacerse de Sophie Cleiton. Sophie salía del edificio donde tomaba clases, acompañada de Eleazar, justo donde la primera vez le había regalos flores Alexander, ahora estaba un hombre de pie con un pequeño ramo de flores, que al verla, se acercó con paso firme. —Señorita Cleiton. —¡Si, soy yo! — Esto es para usted. Tomó el ramo de flores, abrió la pequeña tarjeta que venía en ellas y después la pequeña caja de joyería que los acompañaba. *—Mi bella Sophie, te amo. Esas cinco palabras la hicieron sonreír, más de una semana sin saber de Alexander. Abrió la pequeña caja y ahí estaba, un brazalete deslumbrante con un pequeño colgante de letra S. —Lindas flores. —Son de Alex. —Necesitas más que flores Sophie, necesitabas que estuviera a tu lado cuando más lo necesitabas. —Trabaja bastante, Eleazar, recuerda que es el Duque y tiene obligaciones. —¡Nunca nos pondremos de acuerdo es esto Sophie! Vamos te llevo a la oficina. El hombre que la vigilaba, se mantenía cerca pero alejado para no ser descubierto, tomando fotografías y anotando algunas cosas, decidió llamar a quien lo había contratado. *—Le envié un paquete de fotografías, a pesar que no se ve nada malo, se pueden mal interpretar. *—Sigue vigilando. *—Entiendo, lo haré. Kassandra revisaba las fotografías y algunos vídeos cortos. Ninguna fotografía tenía a Felicia pero si aparecía Eleazar en casi todas, eso hacía reír a Kassandra, ahora que conocía sus movimientos podría maquinar su plan. * Estás acabada Sophie, conmigo nadie se mete, utilizaré casa una de estas fotografías para destruir tu imagen frente a Alexander y yo seré la duquesa. Los días seguían pasando y por fin aceptaron los documentos faltantes para en nuevo proyecto, Alexander se sentía cansado y feliz salió con el teléfono en mano dispuesto a llamar a su querida Sophie. —¿Quiere que lo comunique señor? —¡No! Mejor llegaremos por sorpresa, tengo dos meses aquí y ya no soporto más. —Alexander, ¿te irás hoy o mañana? —Hoy mismo, ¿por qué? —Mañana es la cena por el aniversario de la universidad de la cuál eres benefactor. —¿Y eso que tiene que ver conmigo? —Que tu eres su benefactor, si quieres podemos asistir juntos. —Ya tengo con quien asistir. Caminando con paso firme, dió instrucciones a Peter y salieron de la oficina. —Peter que todo esté preparado para Sophie, mañana debe llegar a la cena y ahí le pediré matrimonio. —Ya le envié vestido y todo lo necesario señor. —Eres bastante eficiente. *—Eso piensas, pero mañana habrá una sorpresa para ti, querido.
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