¿Me aceptará con una hija?

1168 Words
Tras arreglarse un poco decidió dar aviso a sus profesores sobre la triste noticia de Felicia Galin. Al terminar fue directo a recoger a la pequeña Felicia. —Lo siento mucho Sophie. —Gracias por cuidar toda la noche a la pequeña Felicia. —¡Felicia! ¿Que su nombre no es Sophie? —Lo era, pero bajo estás circunstancias creo que es mejor que lleve el nombre de su madre. —Entiendo, descuida te seguiré ayudando con ella, seguiremos igual. —Pero yo tengo dos trabajos, no te preocupes, Eleazar, dijo que el la recogería y la llevaría al dormitorio. Sophie sonrió, no esperaba de su amigo la ayudara tanto. —Otra cosa, nadie puede recoger a Felicia, aún así te digan que es su padre, tío, abuelo o lo que sea. Sólo Eleazar o yo. —¿Que? Sacó de su bolso la copia del documento que la hacía tutora legal de la niña. —Su padre no fue buena persona. —Entiendo, descuida no la entregaré a nadie. Tomando las cosas de Felicia, caminó con la pequeña dormida en brazos, el peso de la soledad de intensificaba con cada uno de sus pasos, sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas contenidas y llenas de tristeza. —Estamos solas Felicia, nuestra única familia acaba de fallecer. Ahora sólo seremos tu y yo contra el mundo, pero descuida siempre me tendrás y si Alexander no te acepta nos iremos a comenzar solas. La pequeña Felicia despertó, era una bebé hermosa, regordeta y con grandes ojos expresivos. —¿Mamá? —Mamá no está cariño, yo soy ahora tu mamá. —¿Mamá? —Eres tan pequeña e inocente que no entiendes lo que está pasando. iremos por un helado. Dando un beso en su cabeza fueron a la cafetería en la que trabaja Sophie, pidiendo un helado para la que ya era su hija. —¡Hola Sophie! ¿Cómo te sientes? —Triste Charles, la única familia que tenía, se fue para siempre. —Sophie, no te desanimes recuerda que después de la tormenta sale el sol. —Pero la tormenta deja destrozos y como hoy son irreparables. —En ocasiones eso es mejor para aprender a ser fuertes. Asintiendo, secó sus lágrimas que comenzaban a correr. —Venimos por un helado. Y a presentarte a mi hija, desde hoy es mi hija legalmente. —!Que buena noticia! Desde hoy ustedes serán mis clientas número uno y ese helado es cortesía de la casa. Felicia comía su helado sin saber todo lo que pasaba a su alrededores, su concentración estaba por completo en su helado. —Sophie, debes descansar, tómate dos días, aquí está tu empleo seguro y sobre todo tu sueldo, con una hija debe ser más difícil. —Te agradezco Charles. Felicia comía su helado inmersa en sus pensamientos de una pequeña de un año, Sophie pensaba en como decirle a Alexander que ahora era madre de una niña y pensaba en como lo tomaría. *—¿Será que me acepta? O ¿Me abandonará? Lo siento mucho Alexander pero si no aceptas a Felicia no me quedaré contigo. Alexander ignoraba todos lo que sucedía en casa, estaba sentado en la sala de conferencias, a su lado se encontraba Kassandra, con una enorme sonrisa en su rostro después de escuchar las noticias. —Alexander, los documentos no están completos, no podemos terminar la colaboración si no están todos. —¿Que es lo que estás diciendo? —Todo estaba completo, ¡Peter! ¿Que fue lo que pasó? —No lo entiendo señor. Se revisó cada uno de los documentos y estaba todo en orden. —Alexander, podemos volver a realizar lo que falta no te preocupes tanto, no es nada grave. —¿No es grave? Kassandra cómo se nota que no sabes lo que dices, tengo un mes aquí, quiero volver a casa lo antes posible. —Si quieres eso, te recomiendo que nos pongamos a trabajar y cuánto antes mejor. —Peter, ¿cuánto tiempo tardaremos en completar? —Una o dos semanas. Alexander se levantó de su silla pasando las manos sobre su cabello, su respiración se podía notar agitada. —¡Una semana, no más! Salió de la sala con el teléfono en la mano, intentó llamar a Sophie pero se detuvo antes de hacerlo. *—No, no se cómo decirte que no volveré pronto. No quiero escuchar tu voz triste mi bella Sophie. Comenzó a escribir un mensaje corto pero directo acompañado de mucho cariño. *Mi bella Sophie, sigo en una reunión algo se complicó y no podré volver por ahora, espero volver en una semana a casa más tardar dos semanas. Cuídate mucho no olvides que te amo. Al leerlo Sophie sintió como su corazón se apretaba en su pecho, pero sabía muy bien que Alexander Norvig era un hombre bastante ocupado, que no dejaría sus asuntos de negocios tirados. *Estaré bien, te esperaré aquí. Dudó un poco en hablarle de la bebé, pensando que era mejor hacerlo en persona omitió ese detalle. *—No por mensaje no puede ser, creo que será mejor por llamada o en persona. La semana pasó rápido, Sophie se había acomodado a su nueva rutina, cuidar de la pequeña Felicia era bastante agotador, en tan sólo una semana había perdido tres kilos de peso sus ojos lucían cansados y no había hablado con Alexander en todos esos días, sólo podía ver las fotografías en internet donde siempre lo acompañaba Kassandra, estaba bastante agotada como para pelear por algo insignificante o eso pensaba ella. Habían pasado tres días más y no recibía ninguna llamada ni mensaje de Alexander o Peter. Una noche saliendo de la cafetería estaba ahí, de pie afuera de un automóvil bastante caro una mujer con los ojos fijos en ella. —¿Que haces aquí mamá? —¿Que hago aquí? Debes saberlo mejor que nadie. —No mamá, no lo sé. —Necesitamos tu ayuda, tienes dos empleos y tú hermano no está bien económicamente, es tu deber como hermana ayudarle. —¡Ayudarle! ¿A mí quien me ayuda mamá? Yo pago la universidad, tengo dos empleos, salgo adelante sola y ustedes se olvidaron de mi. —Deja de ser tan dramática, ahora tu hermano necesita ayuda y es tu deber ayudarlo. —Puedo ver qué les va muy bien, sus automóviles son bastante caros, si necesitan ayuda vende uno y paguen sus necesidades. —Sophie Cleiton, ¿acaso tienes conciencia y piedad con tu familia? Me debes la vida y esa deuda siempre permanecerá. —¿Y tú, la tienes mamá? Siempre que te necesito nunca estás, me abandonan a mi suerte y ahora si quieres que los ayude. Lo siento pero no lo haré, vuelve por donde viniste. —Yo no soy como tú hermano Sophie, te arrepentirás y lo sabes. Sophie sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, sabía muy bien que su madre era capaz de cualquier cosa para vengarse.
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