Más de seis meses fuera.

1201 Words
Isel escuchó como terminaba la llamada del otro lado de la línea, su boca abierta no pudo pronunciar otra palabra antes de que Alexander colgara. *—¡No puedes hacerme esto, Alexander Norvig! Apretó sus puños con tanta fuerza que clavo sus uñas rojas en las palmas de su mano, respirando con dificultad su cuerpo temblaba. *— ¡Argh! ¡Maldito Alexander! Un grito furioso salió de Isel, arrojando todo lo que estaba frente a ella de un golpe. Perfumes caros y maquillaje cayeron al piso tras el ataque de ira sufrido por la chica. —¿Que está pasando hija? La madre de Isel entró corriendo a la habitación tras escuchar el alboroto. Isel apoyaba su cuerpo sobre el mueble frente a ella, con una mirada perdida y un cuerpo tembloroso. —¡Se fue mamá! —¿Quién se fue? —¡Mamá, no lo entiendes! Alexander de fue. —¿A dónde se fue? No se puede ir a ninguna parte mañana es la cena de compromiso. Totalmente fuera de sí, Isel se acercó y tomando a su madre de los hombros comenzó a moverla frenéticamente. —¿Acaso no lo entiendes? No quiere comprometerse, se fue y no sé a dónde. —¡Isel, me lastimas! —¿Que están haciendo? —¡Papá! Isel corrió a los brazos de su padre, llorando inconsolable. —¿Que le hiciste a la niña? —¿Yo? ¡Yo no le hice nada! —¡Papá! Alexander se fue, me dijo que no se casará conmigo. Papa haz algo, debes hacer algo para que acepte casarse. —¡Ahora mismo lo llamaré! No puede hacernos esto. La llamada no conectaba, más de cinco veces intento pero no pudo comunicarse. Llamó directo a su oficina, era su última opción para localizarlo. *—Grupo Norvig. *— Soy el rey Frank, comuniqueme de inmediato con Alexander. *— Disculpe su majestad, pero el señor Norvig salió de la ciudad por cuestiones de negocios. *— No me importa si se fue a la misma luna, comunícame con el ahora mismo. *— Enlazaré su llamada al avión privado. Unos segundos después, el sonido de marcado atravesó el teléfono, tras dejarlo sonar dos veces alguien levantó el teléfono. *—¿Si? *— ¡Quiero hablar con Alexander! Soy el rey Frank. —¡Señor! El rey está en la línea, quiere hablar con usted. Levantandose del asiento aflojó su corbata y arrojó su abrigo, se acercó y tomó el teléfono con sus grandes manos. *—¿Es algo urgente? *— ¿Cómo que si es algo urgente? ¡Claro que lo es! Alexander ¿Me quieres explicar que es eso que saliste de viaje. *—Tengo asuntos importantes que atender, no sé si lo saben pero soy un hombre de negocios. *— Hoy es la cena de compromiso y debes estar aquí, no juegues con mi paciencia niño. *—¡Niño! *— Te estás comportando como un niño mimado, debes asumir tu responsabilidad y estar aquí ahora mismo. El rey gritaba mientras levantaba las manos y caminaba de un lado a otro. *—¿Mi responsabilidad? Yo no tengo ninguna responsabilidad para ustedes, no sé de dónde salió esa absurda idea de un matrimonio del cual yo no estoy de acuerdo. *— Pasaste una noche con mi hija y ahora debes hacerte cargo de eso. *— Lo diré sólo una vez más, esa noche nos quedamos en errados en la bóveda, hacía calor y por eso me quité la camisa, si Isel se quitó la ropa fue porque ella lo quiso yo no la obligué. Si cuando abrieron nos vieron juntos fue porque ella se acercó a mí yo estaba dormido. No hay de que hacerse responsables, lo único que ustedes buscaban era una excusa para casarme con su hija y ayudarlos a dirigir su reinado pero eso no pasará. *—¿Te atreves a señalar a mi hija? *— De lo único que me atrevo es a pedir me dejen en paz, no quiero saber más de una boda absurda. No me casaré con su hija y por favor no me molesten. *— No te librarás de este compromiso tan rápido Alexander, cuando vuelvas tendrás que hacerlo si o si. La honra de mi hija está en juego y no te permitiré que... *— Aquí el que no permite nada soy yo, este juego absurdo me tiene harto, lo dije y lo repito no habrá ningún compromiso, ustedes son unos aprovechados que no tienen idea de lo que es el mundo real, esa estrategia de hacer pasar como si hubiéramos tenido algo que ver me la hubiera creído si lo hubieran planeado mejor, pero les salió bastante corriente, hagan lo que quieran yo no quiero saber nada más. Terminó la llamada y tomó su lugar, cerrando los ojos suspiró y con los ojos cerrados tocando su frente dio instrucciones claras. —Extiende nuestra estadía en Escocia, me quedaré en casa seis meses o un poco más. —Entendido señor. Intentaba recordar lo que había pasado esa noche pero no lo lograba por completo. En una cena por los cien años del banco imperial, Alexander había bebido bastante sentía mucho calor y salió del salón, la noche era bastante caluroso eso lo hizo sentir un poco de bochorno, al intentar volver sintió un mareo se dirigía al baño de caballeros pero en el camino se desvío, sin poder distinguir el lugar entró a la bóveda de la familia real que se encontraba abierta en ese momento. Era bastante sospechoso ya que siempre estaba cerrada. Al entrar su cuerpo se recargó en la pared, el ruido de un par de tacones sonaba con bastante claridad. —¿Estás bien Alexander? —¿Que haces aquí Isel? —Vi la puerta abierta y quise verificar. —Esto no es el baño, iba directo al baño. Antes de que pudiera salir, Isel reaccionó rápido y cerró la puerta. Fingiendo que había sigo accidental comenzó con su teatro. —No puede ser, se cerró sola la puerta. Tratando de abrirla, Alexander jalaba una otro vez sin ningún resultado. —Solo se abre por fuera, llama a alguien. —No traigo mi teléfono conmigo, tu puedes llamar a alguien. —Lo dejé en el comedor. —Debemos esperar. Las horas comenzabas a pasar y ya eran las once de la noche, el calor aumentaba en cada segundo. Alexander se sentía bastante sofocado y decidió quitarse la ropa. Isel esperó con una sonrisa en el rostro, al darse cuenta que estaba profundamente dormido, quitó su ropa y se recostó junto a él. A la mañana siguiente los sacaron, pero Isel se encontraba desnuda por lo que eso había causado controversia en las personas que aparecieron. Desde entonces el rey presionaba a Alexander de comprometerse con su hija para salvar su reputación. *—Piensan que creeré esa historia absurda, pero se equivocan. Sé Muy bien que no pudo pasar nada, porque esa mujer no le excita en lo absoluto y en mí no había rastros de que pudiera haber pasado.
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