El testamento

1261 Words
—Al notario —Mencionó Christopher cuando apenas subía en el auto. EL chofer el dio una mirada y asintió sin esperar un por favor o un gracias. Tenía cuatro años de trabajar para él y nunca, que recuerde, había escuchado decir alguna palabra de agradecimiento, mas que ordenes a cumplir de manera inmediata. Llegaron a la oficina del abogado, y el chofer se bajó inmediatamente a abrirle la puerta al Señor Aston, como era conocido. Christopher bajo el auto, y acomodándose el saco de terciopelo, emprendió su caminata hasta la oficina de Fredd. —Buenas, Señor Aston —Dijo la secretaria de Fred, sin embargo, la dejó con las palabras en la boca e ingresó a la oficina de Fred sin importarle a quien estuviera atendiendo él. —Muéstrame ese maldito documento, y lo quiero ver ahora —Ordenó como de costumbre. Fredd le dio una casta sonrisa y se levantó de su asiento, para ir a por el documento. —Entiendo que para ti es nuevo la información que te han dado, pues, tenía la orden de entregarte esta información en las próximas semanas, según el mandato de tu padre. Fredd regresó a su asiento y extendió la ultima voluntad del padre de Christopher, a lo que él arrebató el folder de las manos de Fredd y tomó asiento frente a él. —¿Por qué en semanas? ¿qué diferencia hay el haberlo hecho tan pronto él murió a ahora? —Cuestionó, mas no hubo respuesta de Fredd. Era información que él desconocía, los misterios de quien fue su jefe eran más grandes de lo que cualquiera podía imaginar, y del que no se tenía conocimiento alguno. —Es importante que lo leas y que hagas lo que allí dice inmediatamente. Christopher, al escuchar las palabras de Fredd, tomó el documento y lo rompió por la mitad. Leer las atrocidades que su padre había allí estipulado pusieron su sangre a hervir de coraje. —¡Esto es absurdo! —Gritó él al mismo tiempo que rompió las hojas una vez más. —Absurdo o no tienes que llevar a acabo lo que allí dice. Christopher no podía creer que Fredd le hablase sin tabú, sin miedo a lo que él podía hacerle. —A mí nadie me dice que hacer —Tiró la silla hacia atrás dejando los trazos de hoja sobre el escritorio. —Eso no pensaba su padre y no importa cuantas veces rompas ese documento, hay muchos de donde vino ese. Tu padre te conocía bastante bien y sabía que harías lo que acabas de hacer. Pero tienes poco tiempo para buscarte una esposa, no sé de donde la vayas a saca o cómo vas a hacer, solo date prisa porque el tiempo corre, Señor Aston. Christopher no daba crédito a lo que había leído, quería creer que todo se trataba de una pesadilla, sin embargo, su padre, quien se burlada del matrimonio, le estaba ordenando casarse y tenía poco tiempo para hacerlo. > maldecía en sus adentros a su padre. > se preguntó posteriormente, mientras caminaba en círculos por toda la oficina. —Espero que mi padre esté feliz de hacer de mi vida un infierno. Pensé que con su muerte descansaría de él, pero cuan equivocado estaba, ¿qué más dejó mi padre estipulado? —Se giró para mirar a Fredd. —Tendrás que serle fiel a quien sea tu esposa, cualquier intento de infidelidad hará que quien sea tu esposa, te quite el cincuenta por ciento de tu fortuna. Christopher soltó la risa al escuchar las palabras de Fredd. No comprendía por qué su padre dejó unas directrices tan ridículas y las cuales él nunca cumplió. —¡Imposible! —Bufó Christopher, colocando sus manos a sus costados y mirando el techo. —Fueron las ordenes de tu padre, yo solo cumplo con lo establecido por él, es mi trabajo. —Entiendo que es tu trabajo, lo que no comprendo es por qué me hace esto a mí, no quiero saber nada de matrimonio, hijos, mujer, escuela, etc. No quiero saber nada de eso. Se dio media vuelta y salió de la oficina, sintiendo que estaba por estallar gracias a toda la información que estaba procesando. —Llévame a casa —Ordenó una vez más Christopher a su chofer, quien le abría la puerta para que entrase en el auto. —De inmediato —Respondió esta vez por cortesía, aunque el sentimiento que tenía hacia su jefe no era más que desagrado. Christopher, hundido en sus pensamientos, llegó a su casa y mirándola desde el auto sintió odio. Todo lo que ella representaba era eso, odio, odio por todo lo vivido desde su niñez y el mundo tan nefasto que su padre le había enseñado. A veces pensaba que su vida era como los absurdos cuentos infantiles que alguna vez su madre le contó: “en el día soy una y por la noche otra”, era absurdo recordar esa historia, no obstante, era justo, así como se sentía. Eran las noches las que le recordaba cuan miserable era y lo solo que estaba, no era por la enorme casa en la que vivía, tampoco por lo solo que estaba a su alrededor, sino, porque su corazón estaba vacío y, aunque intentara disimularlo y obligarse a pensar en lo exitoso que era, fallaba en cada intento por sentirse de esa manera. —¡Una esposa! —exclamó él, al recordar el mandato de su padre, mientras ingresaba a la gran sala de estar—. ¿De donde voy a sacar una esposa? Se sentó en uno de los sofás de la sala, colocó la cabeza en el respaldar del mismo y cerró los ojos, conseguir una esposa era complicado, estaba a destiempo para comenzar una búsqueda, además que las mujeres que se acercaban a él eran con un solo propósito, su dinero, cosa que debía proteger a toda costa. —¡Carajo! —Se quejó de frustración, cuando de pronto, la imagen de Danny desmayándose cruzó por su cabeza, se incorporó y con una sonrisa en su rostro, ya tenía a la candidata perfecta. Danny en medio de su angustia haría lo imposible por salvar a su padre, aceptaría sin dudar y sin importar las condiciones que él establecería. Era despiadado usar a esa pobre jovenzuela en medio de su dolor, cosa que a él poco le importaba, ella tendría un beneficio, salvar a su padre, y él tendría la esposa que estaba necesitando para complacer el capricho de su difunto y odiado padre. —Hazme el contrato prenupcial, quiero que establezcas que la futura conyugue no podrá tocar el dinero que ya poseo, tampoco mis propiedades y mucho menos tendrá ganancias de mi empresa y negocios —Fredd, escuchando con atención todo lo que Christopher le exigía, interrumpió. —Tendrás que darle una compensación monetaria mensualmente por lo que dure el matrimonio, además, te recuerdo que, lo que adquieras durante el matrimonio será dividido en partes iguales, es la ley y debes cumplir. —De eso me encargo yo —colgó la llamada, dispuesto a hacer que Danny renunciara a todo lo que él obtendría una vez casado con ella. > juró en su pensamiento. A él, Danny le parecía una chica bastante ignorante, pues recordó el traje de mesera que llevaba puesto cuando la vio en el hospital, así que ella sería pan comido para él y lo que necesitaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD