—Ya era hora —dijo el abuelo de Gwen acercándose. —¿Ya era hora? Que dices abuelo, habrá tiempo para empeñarse en eso! —dijo Gwen mirando para otro lado. Enseguida el corazón de Eros se enfrió y su cara se puso sombría. Verdaderamente ella no quiere casarse conmigo, se dijo para si, pero más terco que quien también se propuso conquistarla. —¿No se dice que el tiempo perdido los santos lo lloran? Apresurarse entonces a casarse por que estos años encima me han enseñado que no hay que perder el tiempo —dijo el mayor de Gwen. —Menos en el amor, con la felicidad no se juega mami —dijo Thiago quien estaba parado en el umbral de la puerta. —¿Como así? —dijo Gwen viendo a su hijo. Estaba desconcertada de que hablara de tema de adultos. —He leído libros románticos, así que sé lo que significa

