– El Diablo Dicen que estoy muerto. Mejor así. Mientras el mundo me llora, yo estoy aquí, en la villa de Máximo, rodeado de montañas y silencio, planeando mi próxima jugada. La muerte fingida es un regalo que pocos reciben, y yo pienso exprimirlo hasta el último segundo. Máximo camina de un lado a otro, con su cigarro en la mano, soltando el humo como si fuera vapor de su propia cabeza. El Pote está sentado con la pierna vendada, bebiendo whisky como si fuera agua, pero con los ojos más despiertos que nunca. —Tenemos que ir por Lucía —rompo el silencio—. Ese maldito de Javier no se va a quedar tranquilo, y si la tiene, la va a usar como carnada para hacerme salir. —Santi… —me dice Máximo con esa calma de capo viejo—, lo que quieres hacer es peligroso. Y no por ti, sino porque este tip

