Recuerdos y confesiones

496 Words

—Santiago Álvarez— La noche estaba en calma, pero en mi cabeza había una tormenta. Me recosté en la silla de la terraza de la villa, con un vaso de whisky en mano, mirando la oscuridad del mar. El aire traía olor a sal y a recuerdos… recuerdos que no pedí, pero que venían igual. Pilar. Su nombre me golpeaba como una bala en el pecho. Podía engañar a todos, pero no a mí mismo. Cerré los ojos y ahí estaba otra vez… el eco de sus tacones sobre el piso frío de la penitenciaría, su perfume abriéndose paso entre el hedor de ese lugar maldito. No importaba cuántas rejas nos separaran, siempre que llegaba, yo sentía que la libertad estaba a un paso. Recordé la primera vez que me tocó en esa celda diminuta. No fue planeado. Ella traía un expediente bajo el brazo, hablaba de estrategias legale

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