Pilar El sonido de la cafetera llenaba mi cocina, pero yo todavía tenía la mente en la noche anterior… en sus manos, en sus besos, en ese calor que me dejó en la piel. Santiago Álvarez… El Diablo. Estaba revisando los documentos que debía presentar hoy en la fiscalía, cuando en la televisión de la sala escuché las palabras que me helaron la sangre: “Última hora: fuerte atentado en la penitenciaría de Bogotá. Se reportan 24 muertos, incluyendo a Santiago Álvarez, alias El Diablo, uno de los reclusos más temidos del país…” La taza de café se me resbaló de las manos. El líquido hirviendo me salpicó, pero ni lo sentí. Un vacío me perforó el pecho. Me arrodillé en el suelo, con las manos temblando. No… no… ¡No puede ser! Ayer… ayer lo tuve conmigo, vivo, sonriendo, tocándome como si fuéra

