El mar seguía igual de azul. La brisa seguía oliendo a coco. El cielo… impecable. Pero a Pilar, todo le sabía a sal, traición y rabia. Sentada sola en una tumbona del resort, con un pareo blanco atado a la cintura y el cabello en un moño despeinado, repasaba una y otra vez las palabras que Michelle y Amanda acababan de soltar como bombas. —“Julián no está solo, Pilar… La mujer con la que lo vimos saliendo de la cabaña es una modelo venezolana, se llama Daryna Almenar.” —“Ella estuvo en el desfile de Punta Cana el mes pasado. Lo siguen en redes. Se mandan fueguitos. Se comentan corazones.” Las palabras ardían como ácido en la garganta de Pilar. No lloró. No en frente de ellas. Solo asintió, tragando duro. Masticando la rabia como si fuera chicle viejo. ¿Desde cuándo? ¿Dónde quedó

