Noté las comisuras curvarse en los labios de Matty.
Le dirigí una perfecta mirada asesina.
— ¿Qué? — Dije en fastidio.
— ¿Tienes frío? —Dijo burlándose de mí observando mis piernas descubiertas, no era de usar faldas a menudo, así que era algo incomodo por el frío pero tolerable.
Escuché a las gemelas murmuran, escuché algo sobre un vestido que estaban discutiendo, giré mis ojos siempre discutían sobre lo mismo.
Estábamos ya casi a las afueras del pueblo, vislumbré a unos kilómetros una gran entrada con grandes luces cegadoras blancas, había pasado unas cuantas veces de niña de día nunca había visto la entrada alumbrada por la noche, escuché a papá mencionar el lugar algunas veces seguro había ido algunas veces.
Matty aparcó un momento justo en la entrada y apareció un chico moreno algo desgarbado preguntado por nuestras identificaciones.
Luego de ello nos permitió entrar a lo que supuse era una gran finca o algo parecido extremadamente lujosa en su fachada, Vanidad en su máxima expresión.
Noté que la casona principal, era la más activa puesto que escuché el fuerte sonido salir haciendo eco, y luces extremadamente blancas salir de los grandes ventanales. También note diferentes establecimientos a medida que avanzaba entre el gran jardín, los establecimientos eran igual de lujosos que la casona Capitals sins, contaba con un gran restaurante con mesas al aire libre, una gran piscina de dónde salían chicos y chicas de todos los lugares, una gran fuente principal digna de una foto, mostraba una menuda mujer desnuda cubriendo sus ojos con el interior de su brazo noté que estaba hecha de mármol parecía estar afligida, llamó mucho mi atención.
Entre más me acerba al soportal de la casona Capital Sins, noté como mujeres jóvenes bajaban de las escaleras tomadas de la mano de los chicos siendo sus parejas, todo parecía formal.
Matty me extendió su mano con caballerosidad fingida y su carismática y perfecta sonrisa.
La acepte afablemente divertida y nos adentramos a Capitals Sins con las gemelas detrás.
Observé el gran salón que se extendía en escalas de grises y blancos.
Largos y grandes bares se extendían a los alrededores vi bailarinas de pole dance con sus sofisticados y sensuales trajes y sus descomunales cuerpos bien formados de gimnasio me hicieron sentir un poco insegura, los barman con sus elegante trajes entre negros y azules sirviendo tragos a las personas.
Por un momento recordé la estancia pero podría decir que eran algo parecido pero no podía asegurarlo no logré detallar muy bien la Estancia puesto que estaba más preocupada por sobrevivir.
Nos dirigimos hacia una de las mesas del fondo dónde puedes detallar aún mejor el lugar y las personas, la mayoría de la clientela eran chicos de mi edad, todos sumidos en su mundo haciendo lo suyo.
— Iré por unas copas y una botella— Avisó Matty perdiéndose entre las personas.
Me senté en uno de los muebles de cuero n***o con las gemelas a mis lados.
—Tiene que ser una broma—Exclamó Gabriela.
— ¿Qué? —Dijimos Ángela y yo al unísono.
—Parece que la golfa mayor, volvió de su viaje—Y supe de inmediato a lo que se refería, observé hacia dónde lo hacía era justo en el primer piso cerca de los barandales en una de las mesas en la zona V.I.P, noté una larga y gran cabellera roja como las zanahorias con un vestido n***o que le quedaba como un guante.
Maldita sea.
Karina Hudson, una de las chicas más deseadas por la población masculina de Coral Blue, y mi enemiga desde jardín de infancia, hizo mi vida estudiantil miserable, burlándose de mí en cada oportunidad también solía molestar a las gemelas, era cruel, vanidosa y exasperante con su maldita voz chillona. No era de odiar a nadie, es muy raro que alguien no me agrade, pero ella se lo gano desde el momento que comenzó a fastidiarme.
—Creí que se largaría con sus padres a Francia—Fue Ángela la que habló.
—Eso creímos todos—Dijo Gabriela mirando hacia el primer piso.
Estaba observando como una de las bailarinas de Pole Dance se sentaba en las piernas de un chico, el chico le susurró al oído y luego de esto se perdieron entre las personas.
—Ese no es el chico nuevo, ¿Maison? —La mención de ese nombre captó mi atención, y volví mi mirada hacia el primer piso.
Allí estaba cerca de los barandales llevaba puesta una camiseta blanca, haciéndolo ver más pálido, resaltando sus tatuajes, destacando su mata de cabello oscuro, estaba hablando con nada más y nada menos que con Karina.
—Dios, no pierde el tiempo—Dijo Gabriela con desagrado.
—Debe tener un cráter por v****a—Dijo Ángela riendo, y mientras Gabriela se unía.
No me causó gracia el chiste aunque si, Karina solía ser promiscua, aunque su crueldad es lo que más la define.
Noté cómo la mano de Maison dónde portaba el colibrí tomaba la cintura de Karina acercándola más a su cuerpo, ella por su parte estaba más coqueta de lo normal y desde mi posición la noté en su delicado rostro que estaba nerviosa, cosa que me confundió un poco en ella.
Desvié mi mirada cuando Maison le estampó un beso en los labios, me resultó algo incomodo seguir mirando.
De pronto noté como dos botellas de vino blanco se posaban en nuestra mesa, junto con unas copas.
—Listas para emborracharse—Exclamó una profunda voz a mis espaldas.
El vino blanco era mi favorito y el de mi madre.
— ¡Sí! —Dijeron las chicas al mismo tiempo que acomodaban sus escotes.
Realmente las gemelas eran hermosas, con sus cabelleras azabaches onduladas y largas, ambas llevaban vestidos a juegos, si no las conociera tan bien hasta podría confundirlas , aún con sus bajas estatura eran esbeltas resultaban muy llamativas para los chicos puesto que eran muy hermosas, yo por otro lado podría llamarme linda no tan llamativa como las gemelas o la mayoría de las chicas, pero si algo linda.
Me bebí mi copa muy rápido, me encantaba el vino blanco, d epronto sentí un jalón en mi mano, elevé mi mirada, Matty estaba de pie frente a mí.
—Ven vamos a bailar— Dijo señalando con un gesto la pista dónde las personas estaban danzando.
Moví mi cabeza en negación, quizás con dos copas más en mi sistema no me negaría a nada.
Giró los ojos en molestia y me haló haciendo que me levantará.
Comenzó a reírse, apretando su agarre en mi mano.
—No te traje para que te quedes pegada a esa silla toda la noche— Dijo mientras me guiaba entre las personas, miré hacia atrás pero las chicas ya estaban hablando con otros chicos. — Te he notado estresada y cansada—Dijo mirándome de reojo noté la inquietud en sus ojos ámbar.
— ¿Qué sucede, Olivia? —Inquirió.