Ciertamente no estaba de humor para una conversación sobre crisis existenciales en un club, además del hecho que no podía mencionarle nada a Matty, no lo involucraría jamás en algo que pueda arriesgar su vida, si Massimo era tan peligroso como parecía mostrarlo Maison era mejor andarme con cuidado y no involucrar de más a Matty.
—La universidad me tiene algo atareada— Bueno era una verdad a medias, si estaba algo ocupada con mis deberes y eso me tenía algo estresada y cansada.
Asintió, relajando su rostro, sus ojos ambarinos se tornaron oscuros con pequeños reflejos negros, sus ojos eran impresionantes.
Colocó una de sus manos en mi cintura, y comenzamos a danzar al ritmo de la música.
El ritmo era algo suave pero moderno y es fácil ir al compas de los paso de Matty, años anteriores siempre baila con Matty en bailes escolares puesto que no tenía otras pareja así que siempre era él.
La champaña estaba haciendo algo de efecto en mí, mis movimientos se volvieron sueltos y más sensuales, Matty aún con la copa en su mano me ofreció más bebida la cual acepté gustosa.
Alcé mi vista hacia los reflectores de luz, y un par de ojos azules ártico me observaban desde la zona VIP, un escalofrió recorrió toda mi espina dorsal pero aún así no deje de mover mi cuerpo al ritmo de la música, miré de nuevo hacia la zona VIP y una sonrisa ladina se posaba en su pálido rostro, lo que me molestó en grandes niveles.
De pronto recordé en mi memoria el mensaje del número privado que llegó aquella noche en dónde el hombre misterioso estaba merodeando por los alrededores de mi casa.
De inmediatamente pasó por mi mente la idea de marcar a ese número pues tengo la sospecha de que podría confirmar esta noche si se trataba de Maison o de Massimo.
Pero antes de hacer la llamada debo distraer a Matty para poder perderme entre la multitud de Capital Sins.
Los ojos de Matty estaban algo perdidos y brillosos luego entendí que estaba próximo a ponerse ebrio, paré de bailar y tome a Matty por los hombros.
Coloque una de mis manos en su hombro y otra en su mano y paré de bailar — Ven, vamos a la mesa debes sentarte un rato, ya estás un poco ebrio — Se resistió un poco, al parecer su mente estaba procesando las cosas un poco lento.
Halé de su brazo fuera de la pista de baile para dirigirnos a la mesa donde se encontraban las gemelas hablando con otros dos chicos.
Gabriela estaba hablando con un chico castaño que me pareció haber visto alguna vez en el equipo de futbol de la universidad, noté que estaba en su mayor punto de coqueteo puesto que estaba batiendo más de lo normal sus pestañas con movimiento un poco exagerados acomodando su cabello.
—¿A dónde vamos? —Preguntó arrastrando las palabras detrás de mí.
Caminé aún más rápido antes de que el alcohol hiciera que perdiera su equilibrio, jamás podría cargarlo ebrio, creo que antes me aplastaría antes de siquiera poder cargarlo.
Lo senté en uno de los sillones de cuero blanco a un lado de Ángela, aún bajo su estado tenía una fuerza impresionante, haló de mi brazo con fuerza haciéndome perder el equilibrio y caí sentada en sus piernas.
Quedé algo aturdida pero logré zafarme de su agarre y me levanté, y me dirigí a Ángela.
—Debo ir al baño ¿Puedes cuidarlo por mi? —Murmuré por lo bajo.
Ángela asintió mientras Matty se arrimaba en su hombro mientras se quejaba por su dolor de cabeza, vi como Ángela se sobre exaltó un poco algo que me causó diversión.
Salí disparada entre el bullicio de personas para volver cerca de la pista, para obtener una mejor vista de Maison para cuando hiciera la llamada y poder resolver este enredo y si la persona que me estaba vigilando era él, lo enfrentaría sin importar qué.
Avancé entre las personas tratando de pasar desapercibida, cuando por fin logré estar cerca de la pista, tomé mi teléfono que tenía guardado en la cinturilla de la falda, busqué el número telefónico, estuve a punto de marcar cuando alcé mi vista hacia el primer piso donde había visto a Maison acompañado de Karina.
— ¡Maldición! — Murmuré, se esfumó, seguro se había adentrado a las secciones del primer piso.
Hice un pequeño mohín de frustración, no podía perderlo, necesito confirmar si él es el hombre misterioso que estuvo esa noche, de pronto vi entre el tumulto de personas que una pareja se adentraba hacia un elevador y se me ocurrió la idea de ir allí, arriesgarme de entrar en la zona VIP para algo que si era buena, escabullirme.
Avancé entre las personas que se movían al ritmo de la música con sus parejas.
Noté que entre el tiempo que había transcurrido habían llegado más personas y todas estaban esparcidas entre los bares, la pista de baile y las mesas haciendo el lugar un poco más ruidoso sin ser molesto.
Me apresuré para entrar a el elevador y presioné el botón del primer piso, en cuanto el elevador se puso en marcha me abrumó y me maree un poco, casi como si hubiese dejado mis cerebro y mis órganos en planta baja, las puertas del elevador se abrieron y di un paso fuera de él, topándome con un hombre alto y pelirrojo con un perfecto traje hecho a la medida, tenía en su cinturón un pequeño walkie-talkie como el que usaban los policías, ya había pasado por esto una vez en el Ocaso así que no sería tan difícil crear una excusa para lograr pasar.
Mientras en mi mente se movían los engranajes para crear una buena excusa para entrar, el hombre preguntó.
— ¿Tu ticket? —Preguntó el hombre alto con un tono de voz grave.
Justo cuando iba a decirle mi perfecta excusa, desde el interior del oscuro del club como si se fundiera de las sombras apareció Maison con un trago en su mano que parecía ser Whiskey me pareció atisbar una pequeña sonrisa en sus labios en cuanto me reconoció.
¡Maldita sea! Si estaba cerca de mi no sabría cómo llamarlo entonces todo saldría mal, el error fue que me haya visto.
Avanzó con su rostro circunspecto como siempre y sus ojos azulados me recorrieron de pies a cabeza, eso me molestó.
Le dirigí una perfecta mirada de apática y me dirigí hacia el vigilante, estuve apunto de hablar cuando fui interrumpida.
—Está conmigo —Le dijo Maison al hombre.
Quedé algo estupefacta, el hombre me observó como si tratara de entender algo, se apartó y asintiendo a Maison dándome paso para entrar, estaba decidida a ignorarlo y seguir mi camino para escabullirme y perderme de su vista para poder llevar a cabo mi plan.
Sentí un apretón en cuanto pasé por su lado haciéndome girar quedando justo frente a él.
—Te encanta el peligro, ¿no? ¿Dónde está tu raciocinio? —Espetó arqueando una de sus oscuras cejas mirándome directamente a los ojos.
Así de cerca era más notoria su gran altura, mi corinilla apenas llegaba a la altura de su definido pecho que subía y bajaba rítmicamente.
—Mi raciocinio no es tu problema —Dije con indiferencia zafándome mi brazo bruscamente de su mano.
El volvió a tomarme del brazo. —No es de buena educación dejar a las personas hablando solas, conejita —Dijo acercándome más a su cuerpo.
Estando nuevamente tan cerca noté un olor a alcohol que emanaba de su cuerpo, lo vi de cerca a los ojos y noté que su pupila estaba solo un poco dilatada.
De pronto me soltó y relajó un poco su postura.
Aunque la diversión no alcanzó su boca, si la alcanzó en sus ojos y lo noté cuando dijo.
— ¿Juegas billar? — Puse cara rara y lo observé un momento.
¡Qué carajo! Sus cambios de humor me estaban cansando.
Pero por otro lado si estaba distraído yo podía marcar a su número y ver realmente si fue el la persona que mando el mensaje.
Mentí solo para retarlo y poder estar cerca de él cuando haga la llamada.
El sonrió perspicaz.
Hizo un ademán para que lo siguiera entre el oscuro club.
Caminé detrás de él con cierta distancia mientras observo los alrededores del club, en la puertas de ciertas salas salían cegadoras luces donde supuse era donde estaban los juegos ya que se supone que las personas necesitan buena iluminación para poder jugar.
Pensé que encontraría personas bailando al ritmo de la música bailarinas aún más exóticas que las de planta baja, pero la música era baja, me pareció creer que era Jazz o Blues, los que se encontraban fuera de la sala se encontraban sentados en mesas con otras personas solo conversando y disfrutando de la bebida, la música y el ambiente, parecían tener mucho dinero pues su vestimenta era carísima.
Vislumbre cierta entrada de donde salían chicas, chicas con poca vestimentas, algunas ebrias y otras enganchada de los brazos de los hombres, supuse que eses el lugar al que se refería Gabriela y que tanto había mencionado que quería venir.
Si tan solo supiera que estoy cerca del lugar que tanto habló.
Sentí un fuerte agarre en mi mano derecha y noté que era Maison que me estaba adentrando a una de las salas de juego con alta iluminación, me tensé un poco por el hecho de que me tomó desprevenida, ni siquiera se giró para mirarme, simplemente siguió su camino.
En su mano llamó mi atención la fuerte gama de colores que se posaban en su mano izquierda con la que sostenía mi mano derecha, por mi mente paso la idea que de solo quizás podría ser zurdo ya que varias veces lo había visto hacer muchas cosas con la mano izquierda, como manejar y comer.