Utiliza el pasado

1041 Words
El edificio del Archivo Histórico Patrimonial se encontraba en una calle estrecha, lejos de las zonas comerciales. Desde el exterior parecía un despacho administrativo más: ventanas altas, paredes grises y una puerta metálica sin distintivos llamativos. Victoria y Adriano llegaron en vehículos separados. Bruno permaneció a dos calles de distancia, coordinando la vigilancia. No querían alertar a Samuel antes de saber si tenía el registro. Victoria entró primero. Detrás del mostrador, una mujer de cabello plateado levantó la vista. —Buenas tardes. ¿Tiene una cita? —Victoria Moreau. Busco un expediente de sucesión que pudo haber sido depositado aquí hace años. La mujer dejó de escribir. Fue un cambio mínimo, apenas una pausa, pero Victoria lo notó. —Necesitaría una autorización para consultar documentos de ese tipo. —Por supuesto. —Victoria colocó sobre el mostrador una tarjeta con su nombre—. El documento pertenece a mi familia. Si está aquí, tengo derecho a saber quién lo depositó y cuándo. La mujer no tocó la tarjeta. —Tendrá que hablar con el director. —Llámelo. Mientras la empleada se alejaba, Adriano se aproximó a Victoria. —Ha reconocido tu apellido. —Y no parece sorprendida de verme. —Quizá esperaba que vinieras. Victoria mantuvo la mirada en el pasillo por el que había desaparecido la mujer. —O quizá alguien le dijo que no debía dejarme pasar. El director apareció unos minutos después. Era un hombre de unos sesenta años, traje oscuro y expresión cuidadosamente neutral. —Señorita Moreau, lamento informarle que no tenemos ningún documento disponible bajo ese nombre. Victoria no discutió. Sacó del bolsillo la nota de su madre y la colocó sobre el mostrador. El hombre la leyó. Por primera vez, perdió la compostura. Fue apenas un segundo, pero bastó. —¿De dónde obtuvo esto? —preguntó. Victoria recogió el papel antes de que pudiera tocarlo. —De mi madre. ¿Por qué le interesa? —No sé a qué se refiere. —Entonces no tendrá inconveniente en revisar los registros de hace diecisiete años. El director apretó los labios. Adriano no intervino. Permaneció a su lado, dejando que Victoria manejara la conversación. —Hay documentos que no pueden consultarse sin autorización judicial —dijo finalmente el hombre. —No le estoy pidiendo que me entregue nada. Le estoy preguntando si existe un expediente de sucesión Moreau. El director bajó la voz. —Ese expediente fue retirado hace dos semanas. Victoria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza, pero no dejó que su expresión cambiara. —¿Quién lo retiró? —No puedo proporcionarle esa información. —¿Samuel Ortega? El hombre palideció. La respuesta llegó antes de que pronunciara una sola palabra. Victoria dio un paso hacia él. —Escúcheme bien. Mi padre ha desaparecido. El documento que usted acaba de admitir que existía fue retirado poco antes de su desaparición. Si sabe quién lo tiene, está poniendo en peligro a toda mi familia al guardar silencio. El director miró a Adriano y después volvió los ojos hacia Victoria. —No fue Samuel quien retiró el expediente. —¿Quién fue? El hombre tragó saliva. —Una mujer. Victoria sintió que el suelo parecía endurecerse bajo sus pies. —Descríbala. —No vi su rostro con claridad. Llevaba guantes y una autorización firmada por el señor Alessandro Moreau. Adriano frunció el ceño. —¿Una autorización original? —Eso parecía. Victoria se quedó inmóvil. Su padre había solicitado el registro dos semanas antes de desaparecer. Si había autorizado su retiro, podía haberlo hecho para protegerlo, para esconderlo o porque alguien lo había obligado a firmar. —¿Cuándo ocurrió? —preguntó. —Hace trece días. La desaparición de Alessandro había ocurrido mucho después. Victoria miró a Adriano. En sus ojos encontró la misma conclusión que empezaba a formarse en su mente. Su padre había tenido el documento en sus manos antes de que se lo llevaran. Quizá había descubierto el secreto. Quizá había intentado impedir que alguien lo utilizara. —Necesito una copia de esa autorización —dijo Victoria. —No puedo… —No me obligue a regresar con una orden judicial y un equipo de seguridad que revise cada archivo de este edificio. El director dudó. Finalmente, hizo una señal a la empleada. Cuando esta regresó, llevaba una hoja dentro de una funda transparente. Victoria leyó la firma. Parecía la de Alessandro. Pero debajo había una anotación escrita a mano que no reconoció: «Entregar únicamente a la persona designada en el registro original». —¿Quién es esa persona? —preguntó. El director negó con la cabeza. —El nombre estaba en un anexo que desapareció junto con el expediente. Victoria guardó la copia. Habían encontrado una prueba de que su padre buscó el registro y de que alguien lo retiró antes de su desaparición. No era suficiente para localizarlo, pero cambiaba el rumbo de la investigación. Al salir, el teléfono de Victoria vibró. Número desconocido. Un mensaje. Tu madre intentó protegerte. Alessandro cometió el error de creer que todavía podía corregirlo. Debajo había una fotografía antigua de su madre, sentada en el despacho que ahora pertenecía a Victoria. Sobre la mesa se distinguía un libro abierto y, junto a él, un anillo que Victoria reconoció de inmediato: el mismo que había encontrado en la caja de madera. Levantó la mirada hacia Adriano. —Esto empezó antes de Renata. Antes de Gael. Antes de Ferrante. Adriano observó la fotografía. —Y quien nos escribió sabe qué encontró tu madre. Victoria apretó el teléfono entre los dedos. Por primera vez, la sucesión dejó de parecerle una simple lucha por el poder. Era una historia enterrada en su propia familia, una historia que su padre había intentado mantener oculta y que su madre quizá había pagado con su vida. No tenía pruebas de que la muerte de su madre estuviera relacionada con aquella conspiración. Pero ahora tenía razones para investigarlo. Y no pensaba detenerse. Porque si alguien había construido toda aquella operación sobre un secreto de sangre, Victoria Moreau estaba dispuesta a descubrirlo, aunque tuviera que destruir cada mentira que su familia había conservado durante años. El pasado había dejado de ser un recuerdo. Ahora era el arma que alguien estaba utilizando contra ella.
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