A pesar del incidente que paso con la invitación de Zoe, a la cual Sophie no asistió y Richard se fue sin ella, el fin de semana fue un tiempo suficiente para darse cuenta de que realmente su matrimonio estaba pasando por una crisis real, ella no suspendió las pastillas anticonceptivas porque no le iba a dar un hijo pues seguía sintiendo que entre ambos había una barrera que los separaba cada vez más y no permitía la conexión que habían mantenido desde la primera noche en que la pasaron juntos hace años atrás. Durante esa semana Richard recurrió de nuevo a sus llegadas tarde a la casa y un desinterés para las cosas que estaba haciendo su esposa en esos momentos, Sophie decidió mantener el silencio de los problemas que estaba pasando su matrimonio en esos momentos y aunque Julieta no dejaba de insistirle para que le contara del porqué de su decaimiento, ella se mantuvo firme con esa decisión.
Estuvo practicando junto a todos los integrantes para el concierto y estaba feliz con la idea de volver a presentarse en el teatro después de todo ese tiempo alejada de ahí, Richard no estaría presente porque el concierto chocó con una supuesta cena de negocios que tenía y Julieta le solicito permiso a última hora para no acompañarla porque le dijo que su madre estaba enferma de gravedad nuevamente, por lo tanto Sophie se quedó sola y con los nervios de punta porque debía estar al pendiente de todo lo que correspondía a ella misma, estando en su camerino no dejaba de actualizar el celular esperando ver un mensaje de su esposo deseándole suerte, pero en lugar de eso solo tenía muchas notificaciones por las fotos publicadas haciéndole promoción a la tienda de ropa, por suerte esa promoción tuvo mucho excito y la tienda comenzó a ganar mas seguidores, compradores y otros artistas colegas de ella que también fueron a darse una vuelta por la tienda.
– Señora Marshall, debe comenzar a ponerse el primer cambio de ropa. – comento Liz entrando al camerino con una gran sonrisa en los labios.
– Gracias señora Debicki o debo decir señora Miller- sonrió divertida.
– Todavía no consigo el anillo perfecto para que sea mi esposa. – Adam entro después de la mujer.
– Apenas estamos saliendo. – Liz trato de esconder el sonrojo que se plantó en sus mejillas.
– ¿Qué hacen aquí? creí que estarían ocupando sus lugares en los asientos de primera fila en las butacas. – comento dejando el móvil sobre el tocador.
– Nos enteramos que Julieta no estaba contigo haciendo su trabajo y decidimos venir para ayudarte, el lunes voy a comenzar a tramitar entrevistas para conseguirte otra asistente, una más efectiva. – comento Liz haciendo una mueca.
– Hablamos con Johann y nos dio pases libres para estar acompañándote en estos momentos. – dijo Adam descolgando el primer vestido que iba a usar su jefa.
– Gracias. – sonrió de lado ilusionada al escuchar esas noticias.
– Oye, gravemos un video bailando para tus r************* , te pones el vestido y lo hacemos rápido. – Liz se quitó la gabardina dejando ver el precioso vestido que Sophie le regalo.
– Yo me encargo de grabarlas y lo edito rápido para que lo subas. – Adam saco su celular.
– Acepto bailar solo si ustedes me acompañan, mientras no... – sonrió divertida quitándole el teléfono al hombre – Enséñale los pasos mientras yo me cambio y gravamos un baile. – entro al baño llevando con ella el vestido.
Con el tiempo había ganado la confianza suficiente como para comenzar a hacer contenido video grafico para las r************* que iban desde como realizaba su maquillaje hasta recetas de cocina, pasos de baile y que algunos de ellos se habían convertido en tendencias, gravaba hasta historias que le ocurren en su trabajo. Salió del baño ya con el vestido puesto y con los ánimos un poco más levantados, por suerte eran pasos fáciles que Adam pudo memorizar y lo hizo tan bien que el video no iba a necesitar mucha edición, pero antes de que el concierto comenzara hicieron una sesión privada de fotos para presumir parte de la belleza de estar tras bambalinas en compañía de la artista que era Sophie.
El vestido de tul n***o de colita era el primero con que comenzaría la noche de concierto, después de toda la diversión se sentó frente al tocador pensando en que tipo de peinado usar para esa noche y se le ocurrió algo básico como lo que pensó el día que se midió las prendas, un moño algo suelto con un maquillaje natural resaltando solo sus labios con un tono rojo borgoña y es que desde que pudo comprarse maquillaje a los quince años el labial rojo no podía faltar en su bolso.
– Buenas noches ¿Cómo está la violinista más hermosa de toda Francia? – dijo Johann asomando la cabeza entre la puerta.
– Muriendo de nervios. – Sophie sonrió y lo vio entrar.
– Imagino que sí, estoy ansioso por verte y escucharte tocar esta noche, estoy seguro que harás un excelente trabajo como siempre. – vio a los dos asistentes discutiendo porque fotos se veían mejores.
– Muchas gracias ¿Ya se llenó el teatro? – pregunto mientras se arreglaba el flequillo.
– Casi en su totalidad, butacas y palcos por igual, habrá casa llena esta noche y tenemos a un gran empresario hotelero que nunca se pierde tus conciertos, además de otras personas importantes. – puso sus manos en los hombros de ella.
– Ya se me revolvieron las tripas de nuevo. – suspiro nerviosa.
– Tranquila, no es la primera vez que lo haces y te has presentado en lugares más concurridos como el festival en España el año pasado. – la ayudo a ponerse el collar.
– Por el que vomité de lo nerviosa que me puse, jamás en mi vida había visto tantas personas juntas en un mismo lugar y menos que gritaran mi nombre a todo pulmón. – sonrió recordando el momento, aun le costaba manejar la ansiedad de estar frente a muchas personas.
– Tranquila que esta noche no va a pasar nada malo, vas a hacer lo que siempre has hecho. – le apretó con suavidad los hombros para relajarla.
– Salvo que esta noche han venido a verte las hijas adolescentes de un par de ministros y legisladores. – dijo Liz quien estaba revisando las r************* .
– Pero no es nada con lo que Sophie no haya lidiado ya. – Johann no quería que se pusiera más nerviosa.
– ¡Veinte minutos! – la voz de uno de los organizadores los saco de esa platica.
– Adam, Mariano tiene mi violín ¿Se lo pides por favor? – sonrió de lado.
– ¿Te ayudo con algo más? – pregunto Liz al verla agacharse para buscar los zapatos.
– No gracias, acompaña a Adam y denme cinco minutos para poder prepararme mentalmente antes de salir. – suspiro profundo.
– Claro, te esperamos allá afuera y tomate el tiempo que necesites porque aun esta temprano. – Johann salió junto a los demás.
Tomo su celular y entro a la bandeja de mensajes viendo que Richard nuevamente le había dejado en visto, realmente no sabía que hacer porque en su mente todavía seguían rondando las palabras de la mujer en la cafetería y lo que no le dijo es a que horas del viernes le presentaría las pruebas porque el ese viernes estaba a pocas horas de terminar; quizás todo había sido una vil mentira que se creyó por tonta y seguramente su esposo estaba preparando una gran sorpresa para esa noche que la dejaría deslumbrada, pero la vocecita en su interior le decía lo contrario y que no fuera ingenua, que recordara todo lo que paso durante el fin de semana. Calmando sus nervios salió del camerino dispuesta a dar lo mejor de sí como en cada concierto y sonrió al ver a Johann en compañía de Mariano quienes la estaban esperando con una gran sonrisa animosa, con ellos estaban Liz y Adam, el hombre le entrego su violín dándole mucha más seguridad para olvidarse de todo lo malo que le estaba torturando el alma, vio a las bailarinas y al pianista que le haría segunda en algunas melodías, todo estaba listo y respiro profundo escuchando que la orquesta estaba abriendo el concierto, sintió pena porque su esposo no estaba en las primeras filas como siempre, pero no era momento para eso.
– Tienes la cinta del zapato mal puesta. – comento Adam antes de agacharse para arreglarla.
– Gracias ¿No irán a sus asientos? – sintió pena porque el hombre la hizo subir su pie a la rodilla.
– Que Richard se cuide porque está comenzando a tener competencia. – comento Mariano al verlos en tanta confianza.
– Bobo, Adam no está soltero y no riegues chismes que no son. – Sophie rio divertida mientras negaba con la cabeza.
– Estábamos pensando en quedarnos contigo tras el escenario para ayudarte en lo que necesites, somos tus asistentes personales después de todo y vamos a disfrutar igualmente del concierto. – Liz le arreglo el escote del vestido y le quito un poco de labial corrido.
– No se preocupen tanto, puedo hacerlo por mi cuenta esta noche, vayan y disfruten del concierto que va dedicado especialmente para ustedes porque son mis mejores amigos. – Sophie le guiño un ojo divertida.
– Si necesitas algo de nosotros sabes cuál es la seña que tienes que hacer... – Liz le tomo las mejillas y le dio un beso a cada mejilla – No lo olvides, eres una diosa indomable y espectacular que brillara más que una estrella esta noche porque es tu noche, nadie más importa. – lo decía porque tampoco había visto a Richard.
– Claro, después me preocupo por el divorcio. – respondió en broma subiendo al escenario.
–¡Nena! – Liz la llamo haciendo que volteara – Deja eso en mis manos. – le lanzo un beso.
El momento de salir al escenario llegó y Sophie fue recibida por muchos aplausos del público emocionados por verla, hizo una pequeña reverencia en forma de agradecimiento sonriendo y antes que la mayoría de luces se apagaran dejando solo a una que la iluminaba a ella, llevo el violín a su hombro y comenzó a tocar una suave melodía donde solo era ella, ella y nadie más porque siempre se olvidaba de todos cuando se concentraba exclusivamente en la música que tocaba ya que todas se las había aprendido de memoria. Al finalizar su pieza las luces se encendieron y justamente sus ojos enfocaron a la madre de Julieta sentada en el bloque izquierdo, segunda fila de butacas, el momento no era para pensar en nada más que en dar un excelente espectáculo a su público, ya después se encargaría de esos temas; con una melodía más movida vio a las bailarinas entrar en escena y junto con ellas comenzó a bailar, sus tacones eran especialmente para eso por ende no tuvo miedo de resbalar y tenía tanta experiencia que ya le resultaba algo cotidiano.
Terminó el primer bloque de seis piezas, el segundo sería de cinco y terminaría con dos; Sophie tuvo que correr a su camerino para cambiarse el vestido, Liz le ayudo a retocarse el maquillaje y peinado antes de volver corriendo al escenario para seguir disfrutando de su gloriosa noche, tocar era recordar todos los momentos felices de esos veinticuatro años vividos y lo hacía recordando especialmente a su padre, le gustaba pensar que si había un mundo espiritual que se conectara de alguna manera con el terrenal su padre seguramente estaría muy orgulloso de todo lo que había logrado en ese tiempo y orgulloso de que lo hacía con tanta dedicación como cuando él estaba con vida, tocar era liberar una parte de su alma y dejarla ser libre de cualquier dolor rezagado, era al mismo tiempo olvido y recuerdo, extraño de explicar, pero especialmente liberador para Sophie. Al terminar el segundo bloque estaba agitada y muy cansada de tanto bailar, pero no estaba decaída, tenía diez minutos extra para descansar y de camino al camerino fue interceptada por un hombre que usaba un traje n***o elegante que llevaba un ramo enorme de rosas en las manos.
– Son para usted. – dijo extendiéndole el ramo de rosas.
– Gracias ¿A quién tengo que agradecerle? – pregunto sonriendo mientras olía el ramo.
– Las envía una persona para la que usted es muy importante y desea que usted sepa lo maravillosa que se ve esta noche usando todos esos vestidos. – dijo el hombre viéndola dudar por unos segundos.
– ¿Son de Richard? – pregunto dudosa porque no esperaba recibir nada del hombre si se suponía que estaba trabajando.
– Me temo que desconozco quien sea Richard, se las envía el señor Doménico. – le extendió un sobre con una tarjeta adentro haciendo que Sophie la abriera ahí mismo.
"Tus dedos presionando las cuerdas de un curveado violín son algo mágico de escuchar, pero nada más mágico que ver tu cuerpo danzando en compás de las melodías salidas de tu corazón y viéndote bailar hipnotizada es cuando me doy cuenta del profundo encanto que mi corazón siente por ti.
Atte.: J. Doménico."
– ¿Podría darle un mensaje de mi parte? – pregunto pensando en algo después de leer esa preciosa nota.
– Claro que sí. – ella lo invito a seguirla.
Al llegar a su camerino saco con mucho cuidado una de las rosas del enorme ramo y le ato una cinta blanca de seda que tenía para el cabello, le dio un beso a la cinta dejando sus labios rojos marcados en ella y después le echo un poco de su perfume favorito, lo que estaba haciendo se vería mal por muchas razones, pero aun así sería un secreto y la nota le gusto tanto que pensó en agradecerle a su manera.
– Dígale que el ramo está hermoso y que espero verlo pronto para poder darle las gracias personalmente, espero que el concierto de esta noche le guste y que lo disfrute. – sonrió entregándole la rosa.
– Me encargare de que reciba el mensaje, con su permiso señorita. – inclino su cabeza hacia adelante y salió.
Sophie se puso el vestido y mientras se estaba colocando los arete noto el sobre amarillo sobre el tocador, junto sus cejas antes de tomarlo y ver si tenía el remitente por algún lado, pero era un sobre liso y cuando sacó lo que había adentro, el mundo perfecto que pensaba tener se le vino abajo porque eran fotos de su esposo Richard cogiendo con su mejor amiga y asistente Julieta; veinte fotografías tomadas en días diferentes, las últimas eran del día de su aniversario, del día en que tenía la cita en el bar y de esa misma noche donde ninguno de los dos pudo presentarse por temas que según le dijeron eran importantes ¿Cómo lo sabía? Por la poca ropa que usaba su esposo en esas ultimas fotos, la corbata que ella misma ajusto esa mañana antes de que se fuera al trabajo estaba siendo agarrada por la mujer mientras que su rostro reflejaba el placer que sentia, con ella jamás quiso hacerlo en la cama para tomar el sol en el patio privado de su casa, pero tenia a Julieta pegada al cristal del apartamento donde estaban exponiéndose a todo el que levantara la vista.
Tuvo que sentarse unos segundos en la silla porque sintió que las piernas iban a ceder ante el enorme peso que la estaba aplastando, palabras de Richard comenzaron a resonar en su cabeza y sintió mucha rabia por lo hipócrita que era al no permitirle auto descubrirse mientras estaban casados, pero con Julieta parecía gozar que ella se tocara mientras él estaba sobre ella, las fotos eran muy graficas, demasiado para su gusto; escucho los golpes en la puerta y guardo las fotos, le quedaban cinco minutos para volver al escenario y se puso en pie para salir, obviamente no se iba a cambiar de vestuario.
Ciegamente confío en un hombre que le juro jamás serle infiel, subió al escenario repitiendo los votos matrimoniales en su cabeza; amaras a tu esposo tanto en la riqueza como en la pobreza, lo acompañaras en la salud y en la enfermedad, prometes serle fiel hasta que la muerte los separe y más cosas que ahora le parecían ser solo basura, pero que creyó firmemente en ellas cuando las dijo frente a aquel hermoso altar bajo el arco de flores blanca. Con violín en mano se quedó de pie en medio del escenario, frisada por todas las personas viéndola expectantes a que comenzará a tocar, pero había olvidado las piezas, retrocedió dos pasos haciendo que Johann y los demás se preocuparan porque no tenía un buen semblante, tampoco se había cambiado, estaba pálida y las manos parecían estarle temblando, la primera idea fue que quizás era un ataque de pánico.
Sophie se dio media vuelta y camino hacia el pianista, le dijo unas cosas al oído antes de quitarse los zapatos y lanzarlos con mucha furia bajo el instrumento, camino de nuevo hacia su lugar mientras soltaba su cabello el cual sacudió con fuerza escuchando las primeras notas salir de aquellas teclas blancas con n***o; hace ya un año Sophie creo una pieza exclusivamente con piano que era triste y su inspiración fue la muerte de su suegro al cual sintió como un segundo padre por lo buena persona que fue con ella. Llevo el violín a su hombro nuevamente y comenzó a volver sus sentimientos música, el compás de las teclas fue armonizando perfectamente con las cuerdas y Sophie llegó a transmitir el dolor que estaba sintiendo en aquellos momentos a su público; improviso de principio a fin y no movió sus pies, convirtió el recuerdo de una muerte al dolor vivo de un despecho, solo fue su cuerpo sintiendo cada una de las notas porque era la traición vuelta música, era la rabia destilada a través de un instrumento y escuchada por desconocidos que no tenían idea de cómo ella se estaba derrumbando pieza por pieza frente a todos mientras estaba de pie en el escenario con un porte firme, elegante.
El amor que sentía por Richard se estaba escurriendo de su cuerpo y volviéndose nada, cinco años de su vida acababan de ser tirados por el fango con solo unas fotos, pero eso era más que suficiente para hacerla ver que sus sospechas no eran en vano y que aquella mujer si cumplió su palabra sobre darle pruebas, le quito una venda oscura de los ojos. El piano terminó primero y ella al segundo de sacar las últimas notas lo hizo con demasiada fuerza rompiendo dos cuerdas del violín, Sophie se quedó sumida en un profundo silencio donde su corazón roto retumbaba en sus oídos, agitado, y entonces una lluvia de aplausos cayó sobre ella haciéndola sentirse aplastada, con las luces encendidas los vio ponerse en pie mientras aplaudían y la mayoría también tenían lágrimas en los ojos porque si los hizo sentir, los hizo vibrar con cada nota mientras que en su cuerpo ocurría un terremoto de sentimientos.
La escena la quebró por completo y no pudo más, se desplomó sobre el escenario abrazándose a sí misma mientras se ahogaba en llanto, Johann ordeno que se cerrará el telón porque Sophie no la estaba pasando bien, tanto él como Adam, que había corrido desde las butacas al escenario junto a Liz y Mariano que estaba perplejo, todos corrieron hacia ella para socorrerla, el pianista también se acercó preocupado porque para todos Sophie era una mujer fuerte y que siempre tenía una sonrisa en los labios, además que esa noche estaba sumamente ilusionada y de la nada verla caer al suelo llorando fue un shock para todos. Adam la cargo para sacarla del escenario y llevarla a un lugar donde pudieran darle aire pues literalmente se estaba ahogando con sus lágrimas, no respiraba, no reaccionaba, no gritaba, solo tenía su boca abierta intentando que algo pudiera salir de ella.
– ¡Por el amor a Dios, Sophie respira! – Johann le puso la mano en el pecho asustado.
– ¡Traje una botella con agua! – Liz también estaba afligida.
– Sophie mírame... – Adam le tomo por las mejillas – Por favor, respira conmigo. – inspiró profundo y exhaló.
– No está funcionando... – Mariano comenzaba a ponerse nervioso – Hay que llevarla a un lugar más privado antes de que la fotografíen en ese estado. – pensó en protegerla de la opinión pública.
Después de tres intentos ella comenzó a seguirlo entre suspiros dolidos y lágrimas gordas que no dejaban de caerle por las mejillas, Mariano no dejaba de abanicarla porque estaba transpirando de forma exagerada y poco a poco comenzó a calmarse hasta que ya pudo respirar por su cuenta sin seguir a Adam, este volvió a cargarla y la llevo a su camerino donde no fuera un espectáculo de chismosos.
– ¿Qué paso? ¿Le ocurrió algo a Richard? – pregunto Johann al verla sentada en una butaca de color rosa en la esquina de la habitación.
– Desearía que estuviera muerto y sepultado en el ártico. – gruñó entre dientes comenzando a llorar de nuevo.
– Pero dinos que pasa. – Liz intento acercarse, pero Sophie se desquicio.
Dio un grito agudo soltando otra parte de su rabia y se levantó tomando la butaca para lanzarla hacia la otra esquina, pego con sus puños a la pared, su frente también golpeo el cemento, aunque con menos fuerza y Liz tuvo que dejar que Adam interviniera porque se iba a terminar haciendo daño físico severo si seguía así.
– El sobre amarillo que está en el tocador. – dijo dejándose caer al suelo de golpe.
– ¿Es un foto montaje? – pregunto Liz incrédula al sacar las fotos.
– No creo que sea eso, son Richard y Julieta teniendo sexo en un motel de quinta, en un apartamento y en el auto. – respondió Sophie completamente asqueada del recuerdo.
– ¿Quién te dio esto? – pregunto Adam que se acercó a verlas.
– Que importa quién me las dio, solo querían abrirme los ojos y que dejara de hacer el papel de imbécil pensando que tenía a mi lado al hombre perfecto. – Sophie estaba inquietantemente tranquila sentada en el piso.
Se cubrió los ojos con ambas manos mientas comenzaba a llorar de nuevo, no le interesaba escuchar lo que sus amigos estaban diciéndose entre sí y tampoco quería ver las fotos de nuevo, deseaba volverse una partícula de polvo y desaparecer eternamente; Julieta iba a ser despedida obviamente y no solo por Sophie, Johann le iba a cerrar las puertas en su discografía y no volvería a trabajar como asistente de ninguno de sus artistas, Richard era un tema que solo Sophie podía decidir sobre él aunque por lo dolida que estaba dudaban mucho de que fuera a perdonarlo. Se hizo un silencio pesado en todo el camerino y Johann tuvo que salir junto con Mariano para encargarse del cierre del concierto, además que debían cancelar la rueda de prensa por obvias razones, Sophie se quedó tirada con las extremidades extendidas y con la vista fija en el techo pensando en que hizo mal, en que fue lo que falló para recibir tal traición ¿No era lo suficientemente bonita? ¿No era buena esposa? ¿Aburrió a Richard? ¿No lo complacía en la cama? ¿Su cuerpo le causaba asco? Esas y más preguntas rondaban su cabeza haciéndola sentirse mucho más destrozada.
Se puso en pie porque necesitaba cambiarse de ropa y agradeció mucho que sus dos amigos no insistieran en querer saber cómo estaba o que cosas pasaban por su mente en esos momentos porque en ocasiones podía llegar a ser explosiva, entro al baño y se puso el pantalón de chándal gris que llevaba cuando llego, las zapatillas deportivas para después ponerse el suéter y mientras se quitaba el maquillaje corrido por las lágrimas estaba pensando en que hacer, donde ir, porque todas las propiedades eran de Richard y no iba a pelear por ellas; lo que se suponía que sería una noche especial termino siendo una noche de mierda, pero por el lado bueno se dio cuenta de que Richard no era un hombre que valiera la pena y menos para darle un hijo.