Fue al estudio donde practicaba y cerró la puerta con seguro antes de desplomarse sobre el suelo llorando a mares por el cumulo de emociones en su cuerpo, grito a todo pulmón sacando parte de la rabia sin preocuparse de alguien la fuera a escuchar ya que era un espacio completamente insonorizado donde solo ella entraba a componer sin tener la incomodidad de ruidos externos o que ella llegara a molestar a los vecinos con la practica constante de las mismas melodías una y otra vez, abrazo sus piernas quedándose en una esquina de la habitación mientras trataba de ocupar su mente en otra cosa que no fuera el engaño, hasta el sueño se le había esfumado, saco su celular y sabía que si había una persona a la que le podía llamar sin importar las horas que fueran era a Liz ya que siempre le respondía, por la hora que era ya debía estar en casa, posiblemente preparándose para dormir.
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– Hola mi preciosa cerillita de luz. – dijo Liz cuando contesto.
– Hola, lamento llamarte a esta hora ¿Vas llegando a casa? – pregunto con la vista fija en sus pies.
– No, la verdad llegue hace mucho ¿Por qué? – suspiro profundo.
– Es que te escuchas bastante agitada y creí que acababas de llegar a casa. – dejo sus piernas cruzadas para estar más cómoda.
– Oh eso, bueno, la verdad acabo de terminar de hacer cardio y por eso estoy cansada. – Liz rio divertida por su comentario.
– ¿Qué no es malo hacer ejercicio tan noche? – Sophie no entendió su indirecta.
– Liz ¿Quieres agua? todavía estas sudando. – dijo la voz de Adam en el fondo.
– Ya entendí que tipo de cardio. – qué bueno que nadie pudo ver el sonrojo que le cubrió las mejillas.
– Espero que no te moleste que me esté comiendo a tu chofer. – comento mientras reía.
– He sido yo quien te ha devorado. – la voz de Adam se escuchó más cerca.
– Dios, que envidia me dan, comiendo pan frente al pobre. – suspiro de forma pesada, pero aun así con un tono de voz más divertido.
– Tienes a tu esposo contigo ¿Por qué no lo usas? sabes que el cardio es bueno para bajar el estrés. – Liz se estaba riendo.
– En estos momentos está dormido como una piedra en el cuarto, yo estoy en el estudio con mi ego herido porque no conseguí animarlo para que estuviéramos juntos. – estiro las piernas antes de que se le durmieran.
– Uy que mal ¿Una pastilla azul? – se puso más seria.
– Creo que ya no le soy atractiva, ya no me besa igual y me ignora, esta noche me dejo plantada en nuestra cita. – por una fracción de segundo la voz se le quebró.
– ¿Todavía tienes lo que te di el año pasado para tu cumpleaños? – pregunto la mujer esperando animar a su amiga.
– ¿La bolsa de las prevenciones? – desvió la vista hacia un mueble – Si, aun la tengo, tuve que esconderla de Richard porque se habría molestado si veía todas esas cosas, sabes que es bastante conservador y nunca los necesitamos usar. – comento Sophie.
– ¿Conservador? Eso se llama ser un aburrido, me parece ridículo que se vaya a ofender solo por juguetes eróticos. – Liz por momentos no sabía cómo es que ambos compaginaban de buena manera.
– Nunca tuvimos necesidad de agregarle nada de eso a nuestra intimidad. – reclamo Sophie.
– Bueno, es momento de que tú le agregues algo de diversión a tu propia intimidad, si Richard está muy cansado para complacerte toma uno de los juguetes y date amor a ti misma no lo necesitas para eso, sabes que no lo necesitas para muchas cosas porque eres una mujer excepcional. – la sugerencia de su amiga le pareció descabellada.
– ¿Me estas planteando que me toque? – Sophie se volvió a sonrojar.
– Como lo escuchaste, agarra un juguete, abres tus bonitas piernas, lo pones a funcionar y te lo metes hasta que te corras. – Liz fue muy explícita.
– ¿Era necesario que fueras tan grafica? me voy a morir de vergüenza cuando vea a Adam mañana, que va a decir de escucharte. – se alboroto el cabello un poco inquieta.
– Esta más concentrado en otra cosa, su boca está ocupada para hablar. – Liz dejo escapar un quejido ahogado.
– ¡Okey, esto ya no está bien, hablamos mañana! – se incomodó mucho.
– Hazme caso, es una buena salida a tus frustraciones y te vas a divertir mucho, no pienses en tu esposo, imagina que tienes a tu actor favorito o al hombre de tus más oscuras fantasías ocupándose de tu placer, te juro que la vas a pasar muy bien. – la idea de Liz no le desagrado del todo.
– Ya veré que hago, nos vemos y disfruta tu noche. – Sophie sonrió y colgó de inmediato cuando la escucho gemir.
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No se pudo contener la risa, esos dos ya se habían tardado mucho para darse la oportunidad de estar juntos y le daba mucha felicidad que eso pasara, se quedó un rato más sentada en el suelo mientras le daba vuelta a las últimas palabras de Liz y con algo de duda gateo hasta el mueble para sacar una pequeña cajita de madera que tenía un candado de dígitos, puso la combinación y cuando la abrió vio la variedad, cuatro diferentes opciones para escoger y se fue por el más grande porque los otros no eran tan diferentes en tamaños a sus dedos, lo vio en la palma de su mano dudando de lo que estaba a punto de hacer, pero los dos meses en abstinencia que llevaba con Richard si la hacían extrañar ese placer y realmente lo necesitaba.
La sorprendió todas las intensidades que podía tener ese objeto y escogió una que fuera constante, tenía puesto un camisón de seda, por ende no tuvo tanto problema a la hora de bajar su ropa interior hasta los tobillos; quizás si hubiera tenido una madre a su lado aconsejándola en esos temas tuviera una idea clara de lo que era darse placer a sí misma, con su padre no tuvo esa confianza y Richard siempre se negó a explicarle con detalles como iban esas cosas porque ella no necesitaba tocarse sola, para eso lo tenía a él, pero él estaría por el quinto sueño en esos momentos mientras Sophie curvaba la espalda y jadeaba movida por el juguete, los ojos se le cristalizaron por el placer mientras metía y sacaba el juguete de su intimidad rozando en el acto varios puntos sensibles en ella, tuvo que aprender por su cuenta a como causarse el placer. Sus piernas se comenzaron a mover sin que ella pudiera controlarlas lucidamente, decidió tomar el consejo de su amiga e imaginar a su actor favorito solo para animarse un poco más, pero esa imagen no dio los resultados que estaba buscando porque la acomplejo el hecho de que el actor estaba casado y había tenido la oportunidad de conocerlo personalmente, no se pudo concentrar porque era horrible su cargo de conciencia, tratando de pensar en cosas que la incentivaran llego a sus recuerdos el hombre con el que se topó esa noche.
James fue su punto de inspiración pervertido y se imaginó siendo rodeada por sus brazos, era tan alto que fácilmente su cuerpo la cubriría por completo y tendría que esforzarse para mantener las piernas abiertas por lo anchas que eran sus caderas, se imaginó arañando su espalda mientras las embestidas iban en aumento, los jadeos vergonzosos pasaron a ser un escándalo de gemidos desesperados por el placer auto infligido en nombre de James, reprodujo la voz del hombre en su mente y flexiono sus piernas con los músculos rígidos por la misma sensación de placer, arqueo la espalda dejando que un delicioso orgasmo se apoderara de su cuerpo mientras que de sus labios se escapaba el nombre de James en un jadeo que no pudo controlar.
Se quedó acostada de lado con la respiración muy agitada tratando de regularla, gotas de sudor escurrieron por su frente al mismo tiempo que lo hacia el líquido de su intimidad por los muslos, apago el juguete para dejarlo sobre la caja, ya lo limpiaría cuando lograra recobrar la calma más adelante. Tenía ganas de limpiarse porque su cuerpo lograba humedecerse demasiado para su gusto y siempre terminaba sintiéndose pegajosa, quizás era eso lo que no le gustaba a Richard de ella, pero no había nada que pudiera hacer pues la doctora le dijo que era completamente normal y que muchas mujeres desearían lubricar como ella lo hacia; cerro los ojos intentando no pensar en su esposo porque la paso demasiado bien con ella misma como para arruinarse el momento intentando encontrase defectos que pudieran desenamorarlo.
Abrió los ojos cuando escucho su celular sonar con la notificación de un nuevo mensaje, al tomarlo se sentó de golpe ya que eran las nueve y media de la mañana, termino tan exhausta que sin darse cuenta se quedó dormida en el suelo al lado de la caja con los juguetes, se puso en pie para limpiar el que uso, devolvió la caja a su escondite y salió del estudio apresurada para preparar el desayuno o ayudar a Richard ya que era bastante tarde; la cocina estaba intacta y asumió que todavía no se había levantado así que tomo la caja de harina para echar un poco en un tazón, agua y en media hora tendría unos cuantos panqueques, en su afán para salir del estudio olvido que no tenía puesta la braga y seguramente habría quedado en la esquina o bajo el mueble, ya la buscaría cuando terminara de cocinar.
– Que bien huele. – la voz de Richard aun adormilado la hizo voltear.
– Buenos días. – sonrió recibiendo un beso en la frente.
– Buenos días, esta mañana luces radiante. – comento mientras la veía a los ojos.
– ¿A sí? no sé porque, me pase la madrugada trabajando en una nueva melodía. – melodía de gemidos en nombre de otro hombre.
– Que bueno, pero de verdad que te vez radiante, como si hubieras botado todo tu estrés en un día de spa. – no dejaba de verla.
– Bueno, me gustaría despertar a si todos los días y dicen que para eso lo mejor es hacer el amor todas las noches. – le guiño un ojo muy sonriente.
– Sabes, estaba pensando que podrías dejar de tomarte las píldoras anticonceptivas. – le tomo de la cintura pegándose a ella.
– ¿Quieres tener un bebé? – Sophie no desatendió la cocina o se iban a quemar.
– Hemos estado solitos cinco años, podrías tomarte un descanso del trabajo y un bebé nos uniría mucho más, haría crecer nuestro amor el doble. – comenzó a darle besos en el cuello.
– Pienso lo mismo, podríamos tomarnos unas vacaciones y buscar quedarnos embarazados. – giro la cabeza para besarlo.
– ¿Cuántos panqueques faltan? – la vio darles la vuelta.
– Solo estos, siéntate y te sirvo ya mismo. – Sophie quiso alejarse para buscar un plato, pero Richard se lo impidió.
– Deja eso así, vamos arriba. – apago el fuego y la cargo como a una princesa.
– Oye, te prepare el desayuno, no me lo puedes despreciar así. – forcejeo para bajarse.
– Puedo comer después, vamos a la cama porque tenemos que practicar mucho si queremos un bebito. – le tomo la mano porque tuvo que bajarla.
– Podemos hacerlo después de desayunar, tengo mucha hambre. – su estómago gruño en el momento justo.
– Esta bien, comemos y después subimos. – Richard sonrió robándole un beso.
Desayunaron con los panqueques y sus tazas de café, pero la idea de que subirían al cuarto después de comer se vio extinta con una llamada que entro al celular de Richard, por la conversación Sophie supo que era Zoe Blanc, la asistente personal de su esposo y con la que él tenía una buena relación de amistad de años, era una mujer de piel mulata, iris y cabello oscuros, bastante encantadora y dulce, pero algo en Zoe no le gustaba a Sophie y por eso es que no le teína mucha confianza.
Sophie dejo a su esposo en la cocina hablando con ella y subió para darse una ducha, aunque fue bastante condescendiente con la idea de Richard sobre tener un bebé, estuvo escuchando sus palabras con mucha minuciosidad y las iba a tomar con pinzas porque era joven, mas no idiota, un bebé los uniría mucho más y eso era obvio, pero era una curita para intentar cubrir una g****a porque si su matrimonio no iba marchando de forma adecuada un bebé solo llegaría a terminar de romperlo y no tenía ganas de ser una madre divorciada porque su carrera se vería frustrada, estando sola iba a tener que dedicarle mucho tiempo a un pequeño y descuidaría su trabajo completamente, saco un blíster de la primera gaveta del tocador y saco la pastilla anticonceptiva para meterla a su boca, un poco de agua para pasarla y guardo todo justo a tiempo antes de que Richard entrara.
– Debes darte una ducha, te ayudara a terminar de despertar. – comento al verlo bostezar.
– Ya voy... – estiro los brazos marcando algunos músculos porque andaba sin camisa – Por cierto, Zoe me llamo para invitarnos a cenar esta noche. – comento yendo a buscar ropa limpia.
– ¿Le dijiste que sí? – junto sus cejas con molestia.
– Si, le dije que nos veríamos a las ocho en su restaurante favorito. – escucho el golpe de la pequeña butaca del tocador y la vio tirada en el suelo.
– Voy a ir a practicar al estudio. – dijo Sophie con una voz seria y profunda.
– Sophie ¿Qué paso? – Richard salió corriendo tras ella.
– Nada, estoy ocupada. – apresuro el paso evitando que él la tocara.
Se encerró en el estudio nuevamente y puso el pestillo para evitar que Richard entrara, se enojó muchísimo al escucharlo decir que se verían en el restaurante favorito de Zoe, pero con ella se olvidó completamente de su cita y la dejo abandonada en un bar por supuesto trabajo, la acosaron en la calle una noche donde se supone que debería ir en compañía de su esposo, lo más obvio que se le paso por la cabeza fue que quizás estaba teniendo una aventura con su asistente Zoe, que ambos le estaban viendo la cara y que la mujer solo la invito a esa noche para burlarse de ella, obviamente no pensaba asistir a la cena y si su esposo quería irse, que se fuera porque no estaba para rogarle a nadie, así y Richard fuera su todo.