Capítulo 59Creí que Rosa bromeaba, pero no, no volvió hasta el día siguiente que llegó gritando que había ido a ver a su hijo Juan Pablito a la cárcel, ahí estaba David conmigo y no, no le habló, hasta unos tres días después cuando David se apareció por mi casa para que revisáramos unos papeles, se sentó en el sillón rascaculos de Alex (sí, el de la mano gigante) y Rosa apareció por la puerta con un nuevo corte. Yo nunca elogio a Rosa, pero en David es algo normal. —Pero qué Rosa más hermosa, ¿nuevo corte? —David finge asombro y Rosa se detiene de pronto y voltea a verlo. —Así es —los ojos de Rosa brillan y lleva las manos a su cabello peinándolo hacia atrás. —Hasta te ves más joven y mucho más delgada —evito reír y finjo que los papeles son más importantes. Rosa sonríe ampliamente. —

