Aquella oficina, más limpia y decorada que el resto del salón, comenzaba a poner a nervioso a Jon que, por primera vez en mucho tiempo, se sentía inferior ante su sonriente interlocutor. A pesar de que el día había muerto hacía ya varias horas y de que la oscuridad de la noche penetraba en cada esquina del salón de eventos, la oficina estaba completamente iluminada por una luz clara y cegadora. El ambiente, aunque no era necesariamente pesado, se sentía desagradable ante tal cantidad de símbolos religiosos desconocidos para Jon y otros que, aunque más occidentales, tenían formas aterradoras y con ojos vacíos.
De cerca Jon Jairo tenía una presencia mucho más imponente que la que se podía observar estando sentado en una silla a seis filas de distancia. Una barba corta pero arreglada se asomaba en una mandíbula prominente y marcada, sus ojos eran extrañamente claros a pesar de ser de color n***o y su cabello rayaba entre el castaño y el rubio oscuro dependiendo su posición con la luz. Era considerablemente alto y se podía notar por la forma de su camisa, metida en el pantalón, los músculos que trataba de guardar modestamente. Su rostro y su presencia tenían la gracia de galán de televisión, aunque no por ello era menos aterrador estando de cerca de él en una habitación cerrada.
Luego de que despachara a los fieles asistentes a su charla y de que calmara los ánimos encendidos luego de tener que mostrar al público una libreta de caligrafía incomprensible, JJ ordenó de forma suave a Jon quedarse en su despacho. Sus palabras carecían de la fuerza del malhumor, pero un sentimiento, mezcla de temor y curiosidad, obligaron a Jon a quedarse.
JJ rodeó la mesa a paso regular mientras tanteaba la mesa con las manos dejando a la luz un caro reloj hecho de plata. En su anular derecho lucía un sencillo, pero no menos brillante y caro anillo del mismo metal. JJ se sentó en su, también, sencilla y a la vez cara silla de cuero.
-Hiciste un gran revuelo allá afuera, no es muy común que una persona logre alterar los ánimos de un momento a otro-. Comenzó JJ mientras se llevaba a la boca un dulce de chocolate. – Debo decir que a mí no me molesta que venga gente del exterior, por el contrario, eso ayuda a que nuestro mensaje trascienda.
- ¿Cuál es el mensaje? -. Preguntó Jon notando en JJ un tono de hostilidad, pero a la vez de pasividad.
-Jon, en la vida no hay un solo mensaje que comunicar. Nos podemos empeñar en hablar y hablar, las personas vienen aquí a buscar una respuesta fija, pero jamás la van a encontrar porque las respuestas van mucho más allá de nosotros-. Contestó el hombre apoyando todo su peso sobre la mesa. - ¿No es eso a lo que viniste acá? Viniste a buscar una respuesta. De nada sirve que los demás te lean si sientes que solo están leyendo una mentira de ti.
-No entiendo ¿Qué se supone que es mentira en todo lo que hago? -. Respondió Jon con inquietud y saliéndose por un momento de su rol de investigador.
-Jon, debes saber que quien viene acá no lo hace por su propia elección, lo ace porque el destino estableció que lo necesitaba-. JJ se levantó de su silla y buscó con lentitud algo dentro de uno de los aparadores de madera. -Debes saber que las personas vienen acá con un dudas, es entendible, pero luego salen de acá renovadas. Eso es porque ellas creen que eligieron estar acá, creían que lo querían, pero en realidad lo necesitaban.
- ¿Estás diciendo que estoy acá porque necesito ayuda? -. Contestó Jon con incredulidad y con una incomodidad distinta a la que había sentido en cualquier momento. -Yo no…
-No necesitas ayuda, toda tu vida gira bastante bien y lo puedes controlar todo-. Interrumpió JJ al tiempo que se giraba sirviendo vino tinto en dos copas de vidrio oscuro. -Nadie cree necesitar ayuda, somos siempre tan orgullosos para confesar que estamos hasta la cabeza de porquerías.
JJ dejó sobre la mesa una copa indicando que era para Jon y bebió un largo trago de vino. El hombre sonrió de nuevo con aquella mueca perturbadora y miró directamente al techó saboreando hasta la última gota del licor que había ingerido. Luego miró a Jon directamente y señaló su copa.
-Supongo que los periodistas no tienen permitido beber mientras hacen su trabajo ¿no es cierto?
-No estoy aquí por trabajo, simplemente llegué por recomendaciones-. Contestó Jon que no mentía del todo. -No bebo porque estoy tratando de dejarlo. Creí que esto sería una reunión de doble A.
-Llevo años dando estas charlas y me pregunto por qué querría venir un alcohólico a este sintió si siente que tiene control sobre su vida-. Contestó JJ jugando con los ánimos de Jon. -Yo digo que viniste a hablar mal de nosotros, pero el destino lo hizo para que nos conocieras, no importa cuán escepticismo guardes, acá ayudamos a todos cuantos lo necesitan, lo sepan o no.
- ¿Cómo se ayuda a una persona que no necesita ser ayudada? -. Jon estaba comenzando a irritarse, era como si aquel tipo le estuviera leyendo cada pensamiento.
-Crees que soy adivino y leo tu pensamiento ¿No es así? -. Contestó JJ tranquilamente mientras se sentaba de nuevo en su silla de escritorio. -Todos lo pensamos una vez llegamos acá. Yo era alcohólico, un verdadero alcohólico que ha tocado fondo, no como tú que apenas estas destruyendo tu vida con alcohol porque no logras afrontar el pasado.
- ¿Cómo se atreve? -. Jon pasó de la irritación a la ira en tan solo un segundo-. Usted a mí no me conoce, no sabe quién soy y lo máximo que tendrá de mí son los artículos por los cuales he dado mi vida.
-Jon, no eres más que otra persona como todos nosotros. Los seres humanos reales, los de carne y huesos, por más mascaras que traten de ponerse y por más copias de sí mismo creen para pasar desapercibidos, sentimos dolor.
-No tiene absolutamente nada que ver-. Jon se levantó de golpe sobre la mesa apoyando sus puños y su cuerpo en ella. - ¿Por qué dijo su nombre?
-No sé a qué te refieres-. Contestó el hombre sin verlo a los ojos y con una amplia sonrisa inmutable.
-Usted sabe perfectamente a lo que me refiero-. A Jon ya no le importaba en lo más mínimo la historia, iba a partirle la cara al maldito sin importar las consecuencias. -Dígame ¿Qué sabe usted de Paula?
- ¿Paula? -. El hombre estaba jugando.
-No juegue conmigo, usted muy bien lo sabe. Hace un rato en el incidente del salón me dijo que había venido por Paula. Dígame que rayos significa eso-. Exclamó Jon al borde del grito.
-Así que yo dije eso-. El hombre se quedó pensativo por unos segundos. -Ya lo ve, es el destino.
- ¿Dónde está ella? -. Gritó Jon a punto de perder la voz. - ¿Ella dónde está?
La expresión de JJ cambió de repente mirando a Jon con gran extrañeza. Jon parecía estar totalmente agotado con la conversación y de su cabeza caían tres finas líneas de sudor que iban a pasar hasta su cuello. JJ se levantó y con dulzura hizo sentar a Jon mientras le ofrecía de nuevo la copa de vino.
-Puede que usted no lo crea y no desee entender lo que está pasando acá, pero le aseguro que es el primer paso que le ha dado la vida para que se repare. Yo no sé quién es Paula, no sé a ciencia cierta quién es usted, pero el destino lo ha traído por algún motivo místico.
Jon, quien había perdido el aliento por un segundo, se pasó de lleno la copa de vino sin siquiera saborearla. El sabor acido y amargo le ayudo a recuperar un poco de energía, pero ahora sus ojos estaban pesados y sus parpados empezaron a traicionarlo hasta el punto de que casi se quedaba dormido mientras JJ hablaba.
-Jon, es importante que lo dejes ir. No importa en realidad a qué fue lo que viniste, lo que importa ahora es qué vas a hacer con nosotros, qué vamos a aprender y la manera en la que te vamos a ayudar-. La voz del hombre se hacía cada vez más dulce, como la voz de una madre.
-Paula, quiero que ella regrese ¿Dónde está Paula? -. Decía Jon a punto de quedarse dormido y su voz se escuchaba distante.
-Ella regresará, Jon, ella está con nosotros, ya te darás cuenta-. El hombre se puso al oído de Jon y le susurró al oído. -Ella siempre ha estado con nosotros, ella está esperando a que la encuentres
El ambiente se fue haciendo cada vez más oscuro y Jon batallaba consigo mismo para mantenerse despierto, pero las fuerzas le faltaban incluso para pronunciar una palabra.
-Mientras esperabas en la oficia, Jon, quise llamar a una amiga para que nos acompañara. Tú la conoces, por supuesto, y ella te conoce, estará feliz de verte.
Un sonido de toques provino de la puerta de la oficina y JJ dejó a Jon en su silla mientras que aún podía mantenerse estable. Su cuerpo se sentía gelatinoso y en sus últimos instantes de cordura se sintió vulnerable, más vulnerable que nunca. Sin poder mantener la mirada por mucho tiempo, vio como unas piernas femeninas se colaban por la puerta. Aquella piel blanca la conocía, aquel caminado y aquellos movimientos le eran más que familiares. Cuando estuvo a punto de cerrar los ojos, aquellas piernas se convirtieron en una mujer que se arrodillaba frente a él y tomaba su mano con dulzura. Jon quiso levantarse, ver su rostro y hablar con ella, pero era inútil, ella hablaba y su voz era angelical, pero no podía diferenciar una sola palabra.
Cuando Jon sintió un tibio beso en la frente por fin se quedó dormido con una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.
- ¿Eres tú? -. Preguntó Jon a Paula que estaba en la esquina de la habitación de su vieja casa abrazando a Chuco, el oso que él le había regalado el día de su matrimonio.
-Esa no era yo, Jon-. Contestó Paula aún sentada mirando la esquina. Sus piernas en mariposa y la forma en la que abrazaba a su osito de felpa parecía la forma en la que una niña se sienta. - ¿Por qué los dejaste que pensaran que era yo?
-Amor, traté de hacerles entender, pero nadie me quiso creer-. Jon trató de acercarse para tocar el hombro de su amada, pero una fuerza le impedía.
-No es cierto, ellos enterraron a otra en el ataúd. Ese c*****r quemado no era yo, lo sabías, pero nunca me buscaste-. Paula comenzó a llorar mientras se aferraba más fuertemente a Chuco
-Amor, eso ya no importa, ahora sé que estás viva, podemos volver a cómo era todo antes de la tragedia-. Insistió Jon.
- ¡No! -. Gritó Paula colocándose de pie. - ¡No quiero volver a estar encerrada!
-No volverás a estarlo, yo te cuidaré como debí hacerlo-. Jon superó la barrera y caminó hacía Paula que vestía el hermoso vestido que había lucido el día de su compromiso. Su perfume era de un aroma acogedor, aquel olor que Jon siempre había amado, un olor a naturaleza y frescura, un olor que nunca descubrió en otra colonia.
- ¿Me extrañaste? -. Preguntó Paula bajando la guardia por completo.
Jon la abrazó por la espalda como solía hacerlo sin soltarla de su mano. El cuerpo de Paula estaba cálido y acogedor, al contacto con el de Jon pudo notar como siempre había estado helado. Todo de ella era como Jon lo había recordado, sus curvas, la suavidad de su piel y el largo de su cabellera.
-No te imaginas cuánto me has hecho falta-. Jon giró suavemente el rostro de Paula mientras ella lentamente hacía por hacerse más altas y alcanzar los labios resecos de Jon.
El rostro de Paula estaba recubierto por una oscuridad espesa que ocultaba por completo su rostro, pero a Jon no le importó. Los labios de ambos se fueron acercando más y más hasta el punto de que yacían aferrados el uno al otros con fuerza extrañándose mutuamente después de más de un año en soledad. Jon cerró sus ojos y esperó que la magia se hiciera realidad por fin.
Los labios nunca se llegaron a chocar y Jon abrió los ojos. El cuerpo de Paula ardía como si se tratase de una antorcha y se convertía en cenizas. Jon sintió como la piel de su mano derecha se fue derritiendo por el calor y se echó atrás en un intento por no quemarse.
-Jon, no lo hagas de nuevo no me dejes-. Gritaba Paula mientras su cuerpo se convertía en polvo y las llamas aparecían en forma de grietas en lo que quedaba de su pecho y piernas. -Jon, lo estás haciendo de nuevo, no me dejes.
Jon se levantó con violencia para abrazar el cuerpo de su esposa que ardía como el mismo infierno. Sin embargo, cuando sus dedos la tocaron, se deshizo por completo y las llamas ahora consumían al Chuco que lo miraba fijamente a los ojos. Las llamas consumieron las cortinas, los muebles, la alfombra y pronto la estructura entera era un completo infierno. Jon abrazó con fuerza mientras lloraba la última tira de aquel vestido hermoso.
Jon despertó de un grito mientras se colocaba de sentaba sobre su cama de golpe. Todo su cuerpo estaba cubierto de sudor y las sábanas mismas estaban empapadas.
- ¿Qué pasa, amor? -. Gritó Paula girando la cabeza de Jon hacía ella. - ¿Estás bien?
-Tú estabas-. Jon se interrumpió a sí mismo ante lo horripilante de la escena. -La casa estaba ardiendo.
-Jon, solo fue un sueño-. Paula lo abrazó fuertemente. -Fue solo un sueño, amor, estoy bien y estoy contigo.
-Pero esta no es nuestra casa-. Jon se mojó los labios. -Todo estaba ardiendo. Todo fue tan real.
-Tú me salvaste ¿No lo recuerdas? -.
Paula se liberó de los brazos de Jon y salió de la cama vistiendo una camisa corta y unos shorts. Dio un largo beso a Jon en los labios y se colocó unas pantuflas para salir de la habitación.
-Todo está bien, amor. Iré a prepararte el desayuno para que te calmes ¿De acuerdo?
-Está bien, pero no tardes-. Contestó Jon impresionado.
Jon se colocó una camiseta y hurgó por un rato en su libreta donde se escondían las palabras con caligrafía incomprensible y los ojeo por un rato. Definitivamente no había tenido buenos resultados y Rene no estaría para nada contento con la poca información que había obtenido.
En la cocina se escuchaba el agua de la llave, el repiqueo de los platos y la tetera exhalando el agua hirviendo. Definitivamente aquel sueño había sido tan real, tan vivido y largo que Jon se lo había terminado creyendo. Se burlo de sí mismo por la idiotez de creer que su mujer en realidad había muerto, ella estaba allí y seguía tan hermosa como la primera vez que la había visto con su falda escolar y su rodilla raspada. Conservaba aquella inocencia con la que ella le había pedido ayuda para para llegar con la enfermera.
-Amor, ya está listo el desayuno, pero será mejor que vengas hasta acá tú mismo-. Gritó Paula desde más allá de la puerta de la habitación.
-En un momento estaré contigo-. Contestó Jon.
Jon se levantó, atravesó la puerta y se sentó a la mesa mientras hacía apuntes en sus apuntes. Paula le trajo a la mesa un pocillo grande de café acompañado de pan y unos huevos revueltos. Ella se sentó frente a él y comenzó a comer con la violencia de alguien hambriento sin notar que Jon la observaba con una sonrisa en su rostro.
-Me pones nerviosa, qué es lo que te pasa-. Preguntó Paula.
-Nada, solo que no sabes lo bendecido que estoy de que estés a mi lado. Qué bien que ninguno de esos sueños es realidad, me moriría-. Contestó Jon mientras tomaba de su café.
-Pues que bendición que se quemó la casa-. Contestó con sarcasmo Paula mientras se atragantaba con el desayuno. -No olvides que esta noche viene Rene, así que no hagas mucho reguero en la casa.
-Cierto, pero me temo que no va a estar muy contento con lo de anoche-. Jon miró de nuevo sus notas y comenzó a hacer tachones. -No pude sacar ninguna información de ese tipo.
-No lo llames así-. Protestó Paula. -De no ser por él no nos habríamos reencontrado. Ya te dije que él es una luz al final de un túnel, y este fue un túnel muy largo.
-Como tu digas-. Contestó sin prestar mucha atención.
Jon continuó revisando los documentos en su mesa mientras su esposa recogía los platos y hacía aseo en la cocina. Luego la llave del baño comenzó a sonar y ella cantaba como de costumbre, pasando su repertorio desde Stayin’ Alive hasta Torero. Jon se sorprendía en lo variable que podía ser la lista de reproducción de su cabeza y la facilidad en la que saltaba entre géneros.
-Me voy al colegio, regreso en la tarde-. Paula le dedico un profundo pero apresurado beso de despedida. -No dejes las cosas cochinas que me da pena con tu amigo y no quiero llegar a limpiar.
-Confía en mí-. Contestó Jon.
Paula le hizo una mueca a Jon con la barbilla y salió por la puerta del apartamento a toda velocidad.
A lo largo del día Jon aprovechó para analizar de nuevo cada documento, palabra por palabra, tratando de buscar algo que le sirviera como adelanto en su investigación. Cuando sintió hambre sacó una sopa instantánea de la nevera con una nota sobre ella
“Así que no pudiste cocinar ¿Eh? Ya verás cuando regrese y no la encuentre en el lugar que la deje. -Paula”
Jon sonrió y continuó con su trabajo hasta que la noche cayó de prisa sin que él se diera cuenta. Ya era bastante tarde y Paula aún no regresaba de su trabajo, lo cual era muy extraño pues ella no era de quedarse por ahí haciendo el vago. Jon marcó a su celular, pero anunció fuera de servicio. Marco de nuevo, y de nuevo y de nuevo, pero siempre fue el mismo resultado.
-Me está ignorando, esa maldita perra me está ignorando-. Jon sufrió un ataque de ira incontrolable, Paula se estaba yendo de nuevo, pero ¿Cuándo se había ido? Todo había sido un sueño.
Jon tomó su chaqueta y cuando estuvo a punto de salir por la puerta el timbre sonó fuerte y claro. Posiblemente era ella, tenía que ser ella.
Al abrir la puerta Rene, con su sonrisa de imbécil, lo observo sorprendido al ver que su amigo tenía la cara roja de la ira y que se preparaba para salir.
- ¡Eh! Bryan Mills a dónde tan apurado si es que se puede saber-. Bromeó Rene.
-Eso a ti no te importa una mierda-. Contestó Jon tratando de zafarse de la conversación.
-Claro que me importa, quedamos en vernos a esta hora-. Rene entendía que algo extraño estaba pasando. Jon no era así.
-Voy por Paula-. Respondió Jon de nuevo. -Nada que llega a la casa, debe estar por ahí con cualquiera.
- ¿Jon? ¿De qué rayos me hablas? -. Rene tomó del brazo a Jon para no dejarlo air. -Dime que andas saliendo con una nueva novia llamada Paula.
- ¿Cómo que nueva? -. La conversación se estaba poniendo exasperante. -La conoces desde hace años. Maldita sea suéltame.
Jon se Safo de René y comenzó a bajar las escaleras del edificio sin tratar siquiera de silenciar sus pasos.
-Jon, maldita sea, por qué haces esto-. Gritó Rene cuando su amigo casi se desaparecía entre las escaleras de caracol. -entiéndelo, ella está muerta, déjala descansar en paz.
Las palabras de Rene incrementaron la ira de Jon que subió a toda velocidad como alma que se lleva el diablo. Cuando encontró a Perdomo delante de él no pudo detener su puño que fue a dar directamente en la cara de Rene ¿Cómo se atrevía a decir que ella estaba muerta?
-No está muerta, maldita sea-. Gritó Jon mientras veía a su amigo tratando de ponerse de pie. -Ella cree que se puede alejar de mí sin despedirse, pero no es así y ya lo vera.
-Estás loco, definitivamente estás loco-. Contestó Rene que trataba de salir del apartamento. -Esos locos que tostaron el cerebro.
- ¡lárgate! No necesito de nadie que me venga a dar órdenes-. Jon se mojó los labios con la lengua y entró de nuevo en el apartamento.
Jon se sentó en una esquina de frente a la puerta del apartamento esperando que entrara en algún momento la mujer que en la mañana le había prometido que regresaría, pero nadie llegó. La noche terminó y un nuevo día nació, pero la luz no entraba por los ventanales.