ASLAN —Vas a decirme qué mierda sabe tu tío de nosotros—gruño, golpeando a su cuerpo sin piedad alguna. Siento que tose, puedo sentir la sangre brotando en el suelo en una especie de goteo, ensuciando mis pies incluso, pero no me importa. Tengo un objetivo y también estoy muy molesto como para detenerme. —¡Dime qué carajos sabe tu tío de nosotros! ¿Por qué mierda nos están buscando guerra?—grito, casi al mismo tiempo que él lo hace, pidiendo clemencia. Una palabra que no entra en mi vocabulario. Me tiemblan las extremidades y no por el esfuerzo físico que estoy haciendo al golpear a este imbécil o al deshollarlo, sino porque tengo a mi esposa en mi cabeza, con esa expresión de terror en sus ojos, esa clara señal de que se arrepintió de conocerme, y eso me enfurece. Cuando salí de

