Ya había pasado casi una hora desde que entro la familia en casa, y los demás continuábamos parados en la fila en espera de que nos dieran la indicación para podernos mover, esto era en verdad humillante, no veía la hora de salir de este infierno. Los pies me dolían terriblemente y el sol de medio día me hacia sentir mareada, miré a mi alrededor y me pude percatar que todos estaban tranquilos y en silencio, supongo que estaban más acostumbrados a esto. Tras unos minutos más de espera, el patrón volvió a salir, venia con otra ropa un poco menos elegante, pero sin perder la distinción, tenia un semblante serio, firme, pero refinado, debo admitir que era un hombre bastante apuesto y al parecer, se veía bastante educado. Camino frente a todos, hizo algunas preguntas para averiguar a que se d

