« ¡Ella es todo lo que él necesita!»
—Nazlin, ¿por qué vistes así? —se animó a investigar con voz temblorosa Ruya.
—Bueno mi niña, las mujeres casadas y respetuosas debemos de vestirnos así, ya que nuestra religión nos da una identidad —no entendió del todo aquella respuesta, pero suponía que irían de compras solo para elegir estas mismas prendas.
—Espera, Ruya ¡Toma, debes al menos llevar un velo! —extiende el velo de color celeste, el cual hacia juego con el color de sus ojos.
Ella sentía que solo sus ojos eran visibles para los demás, en cambio, para ella era sumamente difícil de respirar con la tela en su rostro. Sin embargo, debía usarla y no podía quitársela. Mientras que caminaban por el mercado, no podía dejar de sentir que las miradas de todas las personas iban encima de ella. Eso empezaba a incomodar, pero no podía hacer más nada dado que Nazlin no dejaba de saludar a las demás personas.
Llegaron a uno de los puestos donde había una variedad de vestimentas parecidas a las que usa Nazlin, aquí lo llamaban Burka. A Pilar la han comprado una variedad de ellas con sinfín de colores, en cuanto a Ruya le han comprado unas siete con colores vivos y velos del mismo color, y un vestido bastante llamativo que era diferente a los demás, pero hermoso, con piedras que lo hacían muy bellos a la vista.
Mientras que caminaban, no se había dado cuenta que Nazlin y Pilar se habían alejado demasiado, ya que ella estaba distraía mirando las demás cosas que para ella eran nuevas. Al percatarse que estaba sola en medio de un mar de personas, empezó a respirar de forma apresurada, era eminente que la desesperación llamaba a su puerta. Caminaba más a prisa, entre pisotones y choques se abría camino en medio de aquel pasillo, lleno de miedo e inseguridad como nunca había sentido a lo largo de su vida.
Cuanto más quería salir de allí, parecía que nunca encontraría la salida. Con pasos apresurados no se fija por donde va hasta chocar con una persona, por lo que cae al suelo estrepitosamente lastimándose las muñecas. Finalmente, levanta su mirada hacia la persona que se encontraba de pie en frente de ella.
Se incorporó con la ayuda de aquel hombre que no la dejaba de mirar directamente a los ojos, la vergüenza por su torpeza se hacía presente, pero para su fortuna el hombre no podía ver que sus mejillas que estaban teñidas de color rojo.
El hombre que la tenía sujeta del brazo le hablaba en un idioma bastante extraño, que para ella era imposible de entender, y aunque hable muy poco el inglés no la ayudaría a comunicarse con aquel sujeto.
—¡Gracias, pero estoy bien! —responde a lo que de alguna manera supone que estaría preguntando por su caída.
Pero al momento de hablar en español, el hombre abre sus ojos en señal de asombro, quizás nunca haya escuchado a una extranjera hablar en un idioma diferente al suyo.
Luego de unas horas, y alejarse un poco de la presencia inminente de aquel hombre, siente las manos de Nazlin. Sin perder tiempo, la abrazó sin querer soltarla para empezar a llorar, de alguna manera ella la consuela frotándole la espalda.
—¿Estás bien? —pregunta Nazlin, secándole las lágrimas para después fijarse en el hombre que tenía a su espalda. Ella le hace un saludo de manera educada, para después hablar con él en su idioma natal, Ruya supone que ambos se conocen.
—¡Vamos, mi niña! —expresa Nazlin para que finalmente la siguiera Ruya.
«Pero, ¿qué le habrá dicho este hombre?» Se preguntaba mientras la seguía, para darse la vuelta y volver a ver aquel hombre mirándola fijo. El miedo la inundaba en cada rincón de su cuerpo, algo en ese hombre le daba una alerta, algo no estará bien. La tarde iba pasando, hasta que finalmente caiga el anochecer. Mientras que miraba al horizonte detenidamente, escucha que alguien abre la puerta de su habitación, era Nazlin.
Ella sin decirle nada busca unos de los más bellos vestidos que le había comprado.
— ¿Qué sucede? —indaga ante lo que ve sus ojos.
— ¡Vamos, prepárate que hoy tendremos un invitado muy importante! —Nazlin responde de manera calmada.
La pregunta era ¿Quién sería esa persona? Sin perder tiempo ella va al baño para ducharse y luego vestirse, y obviamente Nazlin la ayudaría. Ambas escuchan la voz de su esposo, para que Nazlin la dejase sola y que terminara de vestirse para la cena.
Toma su móvil, el que había conservado aun estando en un país diferente, pero como no contaba con suficiente batería lo dejó cargando en la mesita de noche. Pensaba en hablar con sus amigos, ya que los extrañaba mucho.
Después de unos minutos escucha que la llaman por su nombre, sin perder tiempo empieza a bajar los escalones de la casa, hasta que finalmente llegara al comedor. Mientras caminaba, veía el movimiento de sus pasos y el vestido que llevaba puesto. Al llegar, divisa la presencia de varias personas que estaban hablando de manera cómoda y amigablemente, y a un tercer hombre bien vestido a lo tradicional quien estaba dándoles la espalda.
Saluda de manera correcta como la había enseñado Nazlin, para ser correspondida con una leve sonrisa de los invitados. Una vez que estaban todos presentes, no puede evitar sentirse extraña, ella piensa que quizás sea por los nervios que tenía.
Mientras que hablaba el señor de edad con Nazlin, ambos no dejaban de mirarla a medida que seguían con su conversación.
—Mi niña, aquí el señor ha hablado con tu padre para pedir tu mano en matrimonio para su hijo —esas palabras la dejan pasmada, por lo cual no podía evitar abrir sus ojos ampliamente para después levantarse rápidamente, todos la observaban de manera extrañada como si esto fuera totalmente anormal.
—No, no lo haré, esto no pasará… Vine aquí con un solo propósito y es que Pilar pudiera quedarse con ustedes —Nazlin, al igual de los demás presentes, no dejaba de verla con tal asombro.
—Ruya, ¿te olvidas que tú ya eres un m*****o más de la familia? —cuestiona Nazlin al tenerla nuevamente en frente suyo.
—No, no se me olvida, pero no deseo este matrimonio —alega de manera seca.
—Pero aquí las costumbres son diferentes de dónde vienes, y ya hemos aceptado la alianza —termina diciéndole, para que ella alejara sus manos de las de Nazlin.
—No lo haré, no seré casada contra mi voluntad con nadie —vociferó ella.
El padre de Pilar se acerca para levantarle la mano, mientras que ella cierra sus ojos para sentir ese golpe que veía que llegaría como una tormenta. Pero cuando abre sus ojos, ve al hombre que está en frente de ella impidiendo que el padre de Pilar la tocara.
Sin decir una sola palabra sale corriendo de allí para volver a su habitación, desesperada se refugia en el balcón de su dormitorio, sin dejar de llorar y por supuesto, maldiciendo su propia suerte.
Cuando de repente siente que alguien la sujeta de uno de sus brazos de manera fuerte, haciendo que mirara a la persona que causante de ello. Pero grande fue su asombro al ver allí al mismo hombre que conoció en el puesto, la miraba fijamente con unos ojos negros como la misma noche. Era un poco más alto que ella, trataba de zafarse de su agarre, pero esto solo intensifica su agarre.
—¡Suéltame! ¿Qué se ha creído? —se quejó Ruya disgustada.
Pero al parecer no tenía intención de soltarla, el seguía así mirándola fijamente mientras que en ella la desesperación iba en aumento. Empieza a pegarlo en su duro pecho, todo con el fin de liberase de él. Aquel hombre empieza a hablarle en su idioma, pero para su mala suerte no entendía nada, lo cual ella seguía insultándolo en español. Para que finalmente logre abofetearlo, porque los nervios que tenía eran totalmente apocalípticos.
— ¡No vuelvas a tocarme! —le gritaba, mientras daba pasos para salir de allí, pero en ese momento es detenida nuevamente por el desconocido.
— ¿A dónde vas? —indaga de manera seca, sobresaltando y petrificando momentáneamente a Ruya en su lugar.
— ¿Hablas mi idioma? —logra articular mientras que él solo mira el horizonte de forma alarmante, sin soltarla la mano.
—¡Así es! Entiendo cada palabra que dices, como también entiendo que desde ahora deberás de comportarte como la prometida de Zahir Zahani —Ruya queda totalmente impactada.
—No habrá ninguna alianza, como dije anteriormente, volveré a mi país y eso no lo podrán evitar ni tú, ni nadie —alega, viendo que Zahir aprieta con fuerza su semblante.
—Como dije, serás mi esposa, ahora vamos, que debemos de terminar con la ceremonia y no me hagas perder mi poca paciencia —es prácticamente arrastrada hasta la planta baja.
Mientras que caminaban con tanta rapidez, ella se desequilibra y cae, pero eso no pasó ya que Zahir la tenía agarrada desde la cintura y las manos de ellas sujetando el delicado Thawb, encontrándose fijamente con la mirada.
Ambos rostros estaban en una distancia tan corta que sus alientos chocaban, no sabía que debía hacer, pero estaba claro que algo tendría que pensar para evitar esta alianza. Luego de unos segundos, ambos se incorporan para que él la sujetara de la mano y la llevara ante los demás. Para su mala suerte, sentía que a medida que intentaba zafarse de su agarre él apretaba con intensidad su mano. Eso era incomodo, pero no doloroso.
—Bueno, ya que se han puesto de acuerdo realicemos el compromiso —termina diciendo el padre de Pilar, sin embargo, la inocente niña no dejaba de observar la inmensa tristeza que llevaba Ruya ante la situación que le ha tocado de vivir.
La Madre del hombre toma una bandeja con dos anillos atados con cinta roja, la madre de Pilar toma el anillo para ponérselo a los dedos de Zahir, y luego este toma el dedo de Ruya y lo extienda para que finalmente ella coloque el anillo, el cual desde ese momento representaba el compromiso de ambos jóvenes.
Al terminar la ceremonia, Ruya va a su dormitorio para buscar consuelo con la almohada en donde descansa. Para ella era injusta la decisión que han tomado sin su consentimiento, y aunque las lágrimas seguían recorriendo las bellas mejillas rosadas, no lo aceptaba. Mientras se lamentaba, no dejaba de ver el anillo que llevaba puesto en el dedo, para que su molestia se intensificara aún más.
En tan solo dos días, ella sería la esposa de un hombre qué nunca había visto ni ha tratado jamás. Cada segundo que pasaba, sentía que estaba ante la decadencia de su propia vida. Ruya no dejaba de llorar en silencio, sin hacer un ruido para no preocupar a la pequeña Pilar. Muy pronto amanece y ella estaba aún en la cama, lo cual no pudo dormir por la preocupación de la alianza que tenía que enfrentar dentro de un día más.
Las actividades en la casa seguían con normalidad, para sus nuevos tutores un matrimonio ofrecido por el propio Zahir Zahani era motivo de glorioso y buenaventura para la familia. Nazlin estaba en preparación y comprando lo que hiciese falta para la ceremonia, ya que faltaban tan solo 24 horas. Era muy poco tiempo para realizar una ceremonia de alianza con la familia de Zahir, pero para Ruya era un tormento que esperaba que no sucediera. Cada momento era de frustración y más sabiendo que la noche estaba por caer, llegando el momento en que estaría casándose con alguien que no quería.
Mientras que estaba parada en el balcón mirando el anochecer, de repente se le había ocurrido quizás la peor decisión de su vida. Sin perder tiempo y aprovechado que Pilar no estaba, toma una mochila para guardar un par de vestidos y algo básico que podía necesitar para su partida y quizás, su única salvación. Una vez terminada con la mochila, debía de esconderla para esperar la oportunidad de huir de allí cuando duerma la familia.
Después de cenar, Ruya y Pilar se dirigen a su habitación para dormir, ella sin decir nada se acuesta y apaga la luz de la mesita que tenía a un lado en su cama. Esperó un tiempo prudente, para luego levantarse, vestirse y tomar la mochila. Se acercó a Pilar cuidadosamente, besó su frente para despedirse y empezó a planear su huida. Aunque no supiese a donde ir, ciertamente no le importaba, solo sabía que debía de escapar del destino que la habían impuesto.
De manera cauta toma una sábana que había enrollado, eso la ayudaría a bajar por el balcón sin ser vista por los dueños de la casa. Finalmente llega hasta el piso, suelta aquella sábana y empieza a correr. Era plenamente consciente de no conocer en absoluto el lugar, pero era la única manera que podía imaginar para escapar.
Muy pronto amanecería y se darían cuenta que ella no está en la casa, por lo cual decide hacer algo más arriesgado. Tomar un caballo de un establo vecino, aunque no supiera cabalgar trataría de hacerlo, ya que sentía un dolor en las piernas. Silenciosamente, entrar en la caballeriza para ver cuál de los caballos tomaría prestado, pero para su fortuna había un solo caballo que estaba ensillado, esto lo hacía más fácil todavía para escapar de allí.
Toma el caballo y lo saca, se sube torpemente en él y da la señal para galopar. Ya iba amaneciendo cuando Ruya galopaba en medio del desierto, lo que ella no sabía era que el lugar donde estaba entrando tan confiada era tierra de nadie, allí solo sobreviven los más fuertes. Había pensado que su tormento quedaba atrás, pero era todo lo contrario, apenas acaba de empezar.
El sol pegaba fuerte y Ruya sentía que la piel le ardía, el calor que tenía ella era sofocante, el agua que tenía muy pronto se acabaría y el caballo parecía que no aguantaría más, por lo cual decide bajar para caminar a su lado. Aunque no sepa de caballos, parecía que era un pura sangre. Pensaba que los dueños de la casa ya habrían notado su huida, pero ya estaba demasiado lejos, a salvo de aquel hombre con ojos de demonio.