Una nueva familia

2550 Words
Hoy, después de cinco años de aquel fatídico día que le tocó vivir, Ruya hacia lo que podía para salir adelante. Después de aquella pérdida irreparable, ha pasado un par de años en un orfanato; aunque no le faltaba para comer y dormir cálidamente, siempre sentía un vacío por dentro. Pero allí estaba, limpiando el baño de las niñas como parte de sus quehaceres del día. — ¿Ruya? ¿Dónde estás, hija mía? —indaga la hermana Julia, era una señora mayor, aunque sea gritona y fastidiosa, era la única que la entendía a la perfección. — ¡Estoy aquí hermana! —manifiesta Ruya con voz elevada desde dentro del sanitario. La hermana Julia ingresa con la respiración acelerada, pero Ruya no entendía porque sus acelerados pasos hasta llegar a ella. —Por fin te encuentro, niña. El director del orfanato quiere hablar contigo, cuando termines ve a verlo —menciona la hermana julia. Era extraño, ya que rara vez el director deseaba hablar con ella. «Pero, ¿Qué he hecho ahora?» Se preguntaba mientras terminaba con la limpieza. Después de dos horas limpiando y terminando de ordenar, por fin terminaba con sus responsabilidades. —Ruya, ¿Me ayudas con mis tareas? —hablaba Pilar de manera preocupada, ella lo haría si no fuese porque el director la esperaba. —Iré a ver al director y luego vendré a ayudarte, ¿Está bien? —de alguna manera ella se disculpaba ya que no podía ayudarla esta vez. — ¿Me lo prometes? —vuelve a preguntar pilar con una cara apenada. — ¡Claro que sí, mi amor! Ya vengo —le da un beso en la frente para dirigir sus pasos hacia la oficina del director. Mientras caminaba por el corredor no podía evitar observar a sus amigos, se encontraban en el patio hablando y riendo como siempre lo hacían. Por fin estaba en frente de la puerta del director, toca la puerta para hacer saber que quería entrar. — ¡Pase! —le responden, gira la perilla de la puerta para entrar y ve al director que tenía un folder de color n***o en su mano. —Permiso, ¿Me quería ver, director? —pregunta de manera calmada. —Así es, señorita Ruya. Siéntese, esperamos la presencia de dos personas que asistirán a la Reunión. Mientras que el director seguía firmando los papeles que tenía en frente, ella se preguntaba: «¿Quiénes serán estas personas? o ¿Qué querían aquí?». Pasado unos minutos, escuchó el ruido de la puerta al abrirse indicador que le decía que aquellas personas habían llegado. Entraron dos personas, a simple vista estaban bien vestidas, por lo que le hacía saber que eran familias acomodadas. — ¡Disculpe nuestra tardanza! —decía la mujer en un asentó raro, pero que Ruya no podía adivinar de que país era. —No se preocupe, señora Nazlin, por favor siéntese —comentaba el director de manera amable, pero aún ella no entendía por qué pidió su presencia. —Ruya, por favor, ve y trae dos tazas de té para los invitados. Ambas parejas no dejaban de observarla de manera asombrados. — ¡Sí, enseguida vuelvo! —responde ella y sale de la habitación. Mientras que ponía el agua a hervir, no dejaba de pensar que aquellas personas eran algo extrañas. Después de varios minutos, regresa a la dirección llevando en una bandeja dos tazas de té y un par de panecillos. Colocó la bandeja en el escritorio del director y se disponía a retirarse, cuando la voz del director Andrés detuvo sus pasos. —Señorita Ruya, no puede retirarse ya que la reunión le compete a usted —sin tener más opción, regresa hasta el lugar donde estaba—. Como sabe, la edad que usted tiene ya ha superado el límite para que siga quedándose aquí, por lo que he decidido que usted sea dada en adopción a la familia que está presente —no podía creer lo que estaba escuchando. —Pero director, soy adulta y tengo entendido que la adopción se podía dar solo si era menor de edad, ¿O estoy mal informada? —preguntó incrédula. —No, no se equivoca, pero como tengo entendido que usted es muy allegada a Pilar, hemos llegado a un acuerdo para que usted viva un tiempo con los padres de ella hasta que se adapte —ahora entendía la urgencia del director en hablar con ella, por un lado, su corazón latía de felicidad ya que su adorada hermana estaría teniendo un hogar. — ¿Puedo preguntar en donde viviríamos? —indagó Ruya, teniendo la esperanza de vivir allí mismo, en Ankara. Aunque no hablara bien el idioma, entendía cada palabra que decían. Después del accidente la habían acogido en el orfanato, ya que su familia vivía en el extranjero y el idioma natal era el español. —Bueno, como te darás cuenta la familia no es de aquí, han recorrido el mundo entero buscando una niña parecida a las que tenían, hasta que finalmente llegaron a conocer a Pilar en una excursión —explica el director. —Nosotros vivimos en Nabatea al noreste de Arabia —nunca había escuchado tal nombre, y no podía imaginarse como seria vivir allí, la duda y el miedo se apoderaban de ella. —Ahora por favor, ve y prepara tus maletas y las de Pilar, saldrán mañana mismo —dijo el director. Cuando un integrante se iba a su nuevo hogar, siempre festejaban haciendo una Reunión por última vez. Y hoy no sería la excepción, ya que mañana no solo ella viajaría, sino que también su bella amiga y hermana, Pilar. Al día siguiente estaban esperando a los que serían los nuevos padres de Pilar, ya habían pasado algunas horas, pero aún no se presentaban. Y finalmente, ven un auto acercándose al orfanato mientras que la hermana Julia no paraba de llorar y de abrazarlas. Todos allí no la quieren porque dicen que es gruñona, pero a ella le caía muy bien, en parte le recordaba a su madre debido al parecido en su carácter, mandona y protectora. —Adiós, mis bellas damas —decía la hermana mientras abrazaba a Pilar, ambas llorando de manera desgarradora. Se subieron en el auto para dirigirse al aeropuerto, sin embargo, sus nuevos padres no dejaban de admirar a Pilar. «Sería interesante saber qué tan parecida es Pilar a su hija» pensaba Ruya mientras observaba a través de la ventana del auto. Horas después, estaban en el avión rumbo a nuevo país y una nueva costumbre, pero algo de eso la incomodaba profundamente, ni ella ni Pilar sabían el idioma de ellos. Mientras que miraba por la ventanilla del avión, recuerdos dolorosos venían a su mente como lluvia. Sin remediar, empieza a llorar de manera silenciosa sintiendo que sus lágrimas resbalaban por su rostro. En el asiento de adelante estaba la nueva madre de Pilar, el marido y en medio la pequeña niña, porque para ella era la primera vez que subía a un avión. En cambio, para Ruya sería la segunda vez que estaba en uno. Estaba tan distraída que no se percataba que a su lado se encontraba un hombre de edad avanzada, observándola de manera exhaustiva. El hombre desconocido extiende un pañuelo de color blanco hacia ella, y para no ser descortés lo toma, haciendo un ademán de gracias. El hombre parecía de esas personas ricas, de los que no necesitaba nada. Ella volvió a recostar la cabeza por el espaldero de su asiento, hasta quedarse profundamente dormida, pero en un momento la despierta la turbulencia del avión. Se reincorporó inmediatamente, solo para ver que estaban a punto de aterrizar. Siente el alivio, por fin estaban en tierra. El hombre a su lado le habla en un idioma extraño. —Sanataqabal mujdada, mae tahiati —dijo el sujeto, pero ella no entendía que decía exactamente, aun así, suponía que se despedía por lo cual ella le habla en su idioma natal. «Nos encontraremos nuevamente, saludos» —Adiós y gracias —mencionó mientras que le muestra el pañuelo. Extendió su mano para darle nuevamente el pañuelo, pero ella se quedó sorprendida que él no lo aceptara era como si quisiera que ella se quedara con él. Finalmente se aleja viendo como abandona el avión, para luego sentir en ese momento las manos de la mujer que sería su tutora por un tiempo hasta que Pilar se adapte a sus costumbres y a ellos. Una vez que eso suceda, su labor estaría completa y volvería a Ankara nuevamente. Llegaron a lo que sería el frente del aeropuerto, su asombro era evidente ya que la ciudad de Nabatea era hermosa, pero el clima era bastante irritable. Aun así, suponía que la gente que vive y han crecido allí estarán acostumbrados a eso. —¡Vamos, subamos al coche! —dice la mujer aun sosteniéndola de la mano como si fuese una niña pequeña. Por su parte solo asiente con la cabeza para seguir sus pasos, hasta que pueda subir detrás de ella al coche. Cuando estaban en el auto no dejaba de admirar la vista, veía personas con ropa peculiar, las mujeres iban vestidas de turbantes que variaban en colores. Algunas eran negros, otras de color blanco, en fin, para ella era algo nuevo de ver. El padre de Pilar y el chofer hablaban en un idioma que no entendía en absoluto, pero no dejaba de observar cada detalle de los rostros de los dos al hablar entre sí. Mientras que Nazlin no dejaba de admirar a Pilar, de vez en cuanto le regalaba alguna sonrisa aisladas. Luego de un tiempo bastante prolongado, llegaron a un pueblo. El auto se estaciona en frente de una casa con arquitectura antigua, notó que todas eran algo parecidas, pero algunas se diferencian según el color de sus paredes. —Muy bien, mi niña, ya hemos llegado a nuestro hogar —menciona la madre de Pilar ayudándolas con la maleta. De repente más personas las van a ver, algunas solo se quedan observando como si fueran algún tipo de alienígenas, situación bastante incómodo. Los padres de Pilar hablan en su idioma natal, mientras que Pilar y ella solo los observaban. «¿Qué diablos hago yo aquí?» se preguntaba Ruya, por ello siente que no podrá acostumbrarse a su nueva vida. Seguido de esto entraron en la casa, la verdad era bastante sencilla, aunque eso no era lo que la incomodaba, sino que no sabría cómo comportarse ante esta sociedad desconocida en todos los aspectos. El padre de Pilar siempre besa la frente de ella cada que puede, pero lo que a ella respecta no le caía tan bien, ante esta situación solo trataba de no cruzarse tan seguido con su presencia. La noche caía en aquella nueva casa, y a pesar que no hablaba tanto con los que serían sus nuevos tutores, no podría quejarse en absoluto ya que desde que llegaron la trataron de dar lo que necesitaba. El cansancio de sus cuerpos y la mente habría hecho el resto para que se rindieran en sus camas, sabían ellas que mañana sería otro día para poder aprender algo nuevo de sus vidas actuales, y de las nuevas personas que han entrado en sus vidas. Y llegó el nuevo día, eran las cinco de la mañana y como es de costumbre Ruya se ha levantado para hacer el desayuno. Se acerca a la cama de Pilar para besar su frente y arroparla bien, el cobertor que tenía solo la cubría hasta la mitad del cuerpo. Una vez hecho esto, se va al baño a asearse para vestir apropiadamente, camina por la casa de manera cauta para no levantar a los dueños de la misma. Entra en la que sería la cocina y aunque no es como la del orfanato, se ingenió para empezar a realizar el desayuno. Llenó de agua la pava para ponerla encima de la estufa, observó con atención cada minúsculo espacio que tiene la cocina. Y puede decir que dos personas no entrarían aquí, aunque era pequeña en cierto modo le encantaba. Pero por un momento se quedó pensando, « ¿Qué comen o que le gusta a mi nueva familia? ¿Qué debería hacer para el desayuno?» Las preguntas venían a ella como cascada, pero ninguna con respuesta. Luego de su propio debate, se había decidido en preparar un desayuno salpicado, tomando cada uno de los ingredientes para después prepararlos. Este desayuno tenía un poco de huevos, aceitunas, tomates, pepinos, queso blanco, un poco de pan y por supuesto algo con que combinar el pan, en este caso se decidió por la manteca, ya que no encontraba dulce de leche o miel. Ya habían pasado dos horas desde que se había levantado, cuando escuchó los pasos de alguien más dirigiéndose hacia donde estaba. Los nervios la empezaban a acechar, y no sabía si era por sus reacciones ante el desayuno o porque se había adueñado de la cocina. —¿Yawm jayid kayf halik? —saludó el hombre que desde el día anterior se había convertido en el padre de Pilar. Observa la mesa detenidamente y le brinda una leve sonrisa, tomándolo como una buena señal ante lo que veía. «Buen día ¿Cómo estás?» Extiende su mano en señal para que se sentara junto con él en la mesa, mientras que ella solo se dispone a obedecer. Luego de unos segundos ve a Pilar que se acerca a ellos, al parecer le agrada su nueva familia lo que le hacía feliz a ella también. La felicidad se debía que muy pronto volvería a Ankara, junto a sus amigos y hermanos nuevamente. —¡Buen día, Ruya! ¿Cómo has dormido? —pregunta Pilar, sin esperar a que le responda ella se sirve el desayuno, al parecer ella estaba con hambre. Mientras desayunaban de manera apacible y en silencio, escucharon la voz de la señora Nazlin. —Hola mi corazón, ¿cómo has dormido? —pregunta a Pilar, para luego saludar a su esposo y ultimo para saludarla a ella en español. Ruya no podía quejarse de ellos, al parecer eran muy buenas personas con costumbres extraños, pero buenas al final. — ¡Muy rico todo lo que has preparado! —menciona Nazlin, para ver que su esposo opinaba de la misma manera al mostrar una señal de agrado. Esto era confortante para ella, saber que al menos no ha fallado con sus decisiones. —Bueno, luego de terminar con el desayuno iremos de compras, ¿Está bien? —menciona la señora Nazlin. — ¡Fantástico, iremos a conocer nuestro nuevo barrio! —responde con regocijo un tanto sobresaltada Pilar. No pudieron evitar reír, ya que tenía una cara cómica. El desayuno iba terminando cuando el padre de Pilar se levanta y se despide de su esposa, quizás debía salir e irse a trabajar. En cambio, Ruya solo empezó a levantar y limpiar la sala y la cocina, para luego prepararse para ir de compras como ha dicho Nazlin. Luego de terminar con la limpieza y vestir apropiadamente, estaban esperando a Nazlin para salir finalmente, pero grande fue su sorpresa al verla vestida de manera extraña. Tenía un vestido largo, el cual la tapaba la mayor parte de su cuerpo.
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