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La oscuridad está presente en todas partes, tal vez sea de noche, pero no estoy segura. Hay un hombre parado a unos 20 metros frente a mí, esta de espaldas y viste completamente de n***o. Es bastante alto, tal vez mida un metro noventa centímetros, pero solo estoy suponiendo.
Tardo unos cuantos segundos en distinguir todo lo que se halla a mi alrededor. Aquel hombre no está solo, lo acompañan alrededor de 10 hombres, todos vestidos de la misma manera. Usan un abrigo con capucha que oculta sus rostros y no alcanzo a distinguir los rasgos faciales de ninguno.
Se dan cuenta de mi presencia, hablan muy bajo y no puedo escuchar ninguna palabra. El hombre que me da las espaldas parece ser el líder, otro de los hombres le informa de mi presencia y él gira su cuerpo.
Sigo sin poder ver su rostro, pero su presencia me intimida. El abrigo que usa es bastante grande, pero a pesar de eso puedo notar los músculos en sus brazos. Cualquier persona podría llegar a sentir miedo en presencia de aquel hombre tan imponente, pero lo único que siento es familiaridad. No recuerdo de donde o cuando, pero sé que forma parte de mi pasado.
Aquel hombre está cada vez más cerca y comienzo a ponerme nerviosa. Quisiera poder reconocerlo, pero esa capucha me lo impide. Ya no es tanta la distancia que nos separa. Se encuentra parado a un par de pasos de mí, pero la oscuridad de la noche sigue presente y mis intentos de distinguir un mínimo detalle de su rostro son en vano.
Alza su mano hasta mi mejilla, pero antes de hacer contacto, de sus labios sale una palabra.
No puedo moverme, es imposible que sea él, podría reconocer esa voz, aunque pasará toda una eternidad.
¨Malakh¨ vuelve a decir. Al darse cuenta de que no reacciono baja la mano, que había mantenido todo este tiempo a centímetros de mi mejilla, pero nunca llegando a tocarla. Cierro los ojos tratando de asimilar lo que está ocurriendo, no tardo muchos segundos cuando vuelvo abrirlos, pero ya no hay nada a mi alrededor solo oscuridad.
Se escucha un gran estruendo, un rayo acaba de caer justo a unos pasos de mí, pero eso no es lo que me asusta, sino el cuerpo que cayó del cielo al mismo tiempo que el rayo. Me acerco al cuerpo lentamente, esta bocabajo, pero es la misma espalda que vi hace un momento. Es el mismo hombre que pronuncio mi nombre, ya no me cabe duda, es él, y ahora su cuerpo inerte se encuentra a mis pies, está muerto, y es mi culpa.
Despierto sobresaltada por aquel sueño, toco mi frente, estoy sudando. Hace dos meses he tenido el mismo sueño, ya no creo que sea solo un sueño. Estoy convencida de que es una premonición, algo muy grande va a ocurrir, pero aun no entiendo porque sueño con él. Murió hace muchos años, solo lo mantengo vivo en mi corazón, tal vez lo vuelva a ver cuándo yo también fallezca, pero para eso falta mucho tiempo o tal vez no tanto, sí mis planes resultan.
Me quedé dormida en el sofá de mi sala mientras veía televisión, me levanto y camino hasta la cocina a prepararme algo de comer.
- Ya me voy señorita Jones- Dice Karla, la mujer que hace la limpieza de mi casa una vez por semana.
Es una mujer un poco mayor, hace unas semanas cumplió 55 años. Vive sola a unas cuantas calles de aquí y tiene una hermosa casa que construyó junto a su difunto esposo.
No tiene hijos, es estéril y aunque siempre quiso ser madre Dios no le dio esa oportunidad, como ella dice. Se mantiene gracias al dinero que gana limpiando las casas de los vecinos y la mía por supuesto, pero siempre le doy una gran cantidad de dinero por su trabajo.
Me preocupa que viva sola, muchas veces le he invitado a vivir en mi casa, pero siempre lo rechaza alegando que no dejará la casa en la que vivió con su querido Daniel durante 25 años. Su casa guarda todos los hermosos momentos que vivió junto a su esposo y como ella dice, solo se ira de ahí el día en que la muerta toque su puerta.
- Gracias Karla. Espera un minuto, por favor, ya te entrego tu cheque.
Camino hasta la mesa en el centro de la sala de estar. Tomo el cheque que posaba encima de ella y regreso hasta la cocina en donde Karla se encontraba esperando. Le extiendo el cheque, el cual ella toma con una sonrisa, observa el papel unos segundos y regresa su mirada a mí.
- Señorita Jones, hay un error, en este cheque hay más dinero del que me suele pagar.
- No hay ningún error Karla, considéralo un regalo de cumpleaños atrasado.
- Pero son mil dólares. Lo siento, pero no puedo aceptarlo - Extiende el cheque de regreso hacia mí.
Tomo su mano y la bajo. Karla se merece eso y mucho más. Es una excelente mujer a la cual la vida le ha dado golpes fuertes, pero no se ha dejado vencer.
- Claro que puedes aceptarlo Karla, cómprate el secador de cabello que me dijiste que querías hace unos días.
- Pero señorita Jones, un secador de cabello no cuesta mil dólares.
- No cuesta mil dólares, pero quiero que te compres todo lo que quieras. Píntate el cabello, cómprate ropa nueva, gástalo en lo que quieras, tal vez hasta encuentres un buen hombre que quiera pasar el resto de su vida a tu lado.
- Gracias, señorita Jones. – muestra una gran sonrisa que pronto desaparece. - Acepto el dinero, pero no quiero encontrar a otro hombre. El único amor de mi vida ya se fue y junto a él, mi corazón. No me importa guardarle luto a mi Daniel el resto de mi vida, el habría hecho lo mismo. Lo amé con todas mis fuerzas y lo sigo haciendo.
- Como tú quieras, Karla.
La abrazo en forma de despedida. Ella camina hasta la entrada, toma sus cosas, que se hallaban en el piso junto a la puerta. Gira hacia mí, sacude su mano de derecha a izquierda y sale por la puerta con una sonrisa que demostraba agradecimiento.
Karla es el mejor ser humano que he conocido en toda mi existencia, aún recuerdo cuando la conocí. Tocó la puerta de mi casa y con una gran sonrisa ofreció su servicio de limpieza. Claro que acepté, recientemente me había mudado a esta casa, no conocía a nadie y ella me dio la bienvenida.
Desde ese momento le tome gran cariño. Poco a poco la fui conociendo y me contó la historia de su vida, en cambio yo le tuve que decir muchas mentiras. Si comenzara a contarle toda mi vida de seguro no acababa ni en una semana. Le conté mi vida, pero una vida que había inventado antes de mudarme a Miami.
Todos en esta ciudad conocen mi vida falsa. Durante siglos he vivido perseguida por mi pasado, pero espero que esta vez mi vida acabe en este lugar.
Karla jamás quiso que la trate de usted, decía que la hacía sentirse vieja. Me pidió que la llame igual que el resto de los vecinos, solo Karla, nada de señora ni ninguna formalidad innecesaria.
Yo también pedí que solo me llamará Samantha o Sam simplemente, pero ella decía que yo era su jefa y que no me podría tratar con tanta informalidad. Karla es tan necia que nunca dejo de decirme señorita Jones. Aunque mi verdadero nombre no es Samantha Jones, ese es el nombre con el que me conocen actualmente. Me gustaría decirle a Karla mi verdadero nombre, pero temo lo que pueda pasar si lo hago.
Comencé a preparar Tiramisú, es mi postre favorito en los últimos años, benditos italianos por inventarlo. Me hubiera gustado estar en el momento en el que fue preparado por primera vez. No demoro mucho en preparar el postre y cuando me dispongo a comerlo mientras veo televisión sentada en el mismo sofá en el que me dormí hace unas horas, tocan a la puerta.
Dejo el exquisito postre sobre la mesa de centro y camino hasta la puerta de entrada. La abro y encuentro a un trabajador de FedEx con una caja en sus manos.
- ¿Samantha Jones?
- Si, soy yo
- Esto es para usted - Me entrega la caja que traía en sus manos y me acerca una hoja en la que debo firmar para constatar que recibí el paquete.
- Gracias- digo después de haber firmado.
El hombre toma la hoja, pero se queda unos segundos más viéndome fijamente. Me incomoda su mirada, pero después de tantos años me acostumbre a que los hombres e incluso algunas mujeres se quedaran viéndome.
Deus me dio un aspecto físico que atraería a cualquier hombre. Mi cabello natural es castaño claro, pero desde que se inventó el tinte de cabello, me lo pinto y ahora mismo tengo el cabello de color café oscuro casi n***o.
La gente se suele fijar más en mi color de ojos. Son de un color único, como decía mi padre, un celeste muy similar al del cielo.
Al principio de mi existencia usaba mi belleza para cumplir con mis propósitos, ahora entiendo lo mal que estuve. Jamás debí usar mi cuerpo como medio para llegar a mis metas y ahora que estoy consciente de mis acciones erróneas del pasado no lo he vuelto hacer.
- ¿Se le ofrece algo más? - digo para que el hombre deje de mirarme de aquella forma.
Rápidamente deja de observarme y parece darse cuenta de lo que estaba haciendo porque se sonroja.
- Disculpé usted bella dama- me sonrojo ante su galantería y le sonrió en modo de despedida.
El hombre camina de regreso al vehículo estacionado en la acera frente a mi casa. Sube al vehículo y arranca, mientras tanto yo volvía dentro.
Voy a la cocina por un cuchillo y poder abrir la caja, me toma un par de minutos. Devuelvo el cuchillo a su lugar en la cocina y camino con la caja ya abierta hasta la sala de estar. Saco el contenido y revelo un libro.
Había olvidado que encargue aquel libro hace unas semanas. Me costó mucho encontrarlo, tuve que pagar casi cien mil dólares en una subaste en línea por él, pero al fin lo tengo.
Es un libro muy especial, consistía en algunos de los capítulos de la biblia, pero eran los escritos originales, es decir en el idioma en el que se escribieron originalmente sin alteración ni traducciones.
No era toda la biblia, solo capítulos importantes, algunos estaban escritos en hebreo, otros en griego y unos cuantos en arameo. El arameo es uno de los idiomas que más me cuesta entender. Tardaré unos días en traducir, pero valdrá la pena.
Abro el libro y comienzo a cambiar las páginas. No me detengo en ninguna, solo quiero observar de reojo. Es un hermoso libro, bastante grande en realidad. Mide cuarenta por sesenta centímetros y se puede notar que los años han pasado por él. Por mucho es el más grande de mi colección.
Cuenta con 260 páginas de las cuales 10 se encuentran en mal estado. El libro tiene de antigüedad unos cuantos siglos, pero cada cierto tiempo reparaban cualquier daño que tuviera. Nadie conocía su verdadero origen, pero un día apareció en Santa Maria delle Grazie, el convento donde se encuentra la pintura de Leonardo da Vinci, L’ultima cena. Se ocultó la aparición de este libro, pero hace un siglo se supo de él y desde entonces ha pasado de coleccionista en coleccionista.
Muchos de ellos pagaron miles incluso millones de dólares por él, pero yo tuve suerte. El ultimo dueño encontró el libro entre la colección privada de su difunto padre, no tenía idea del verdadero valor de aquel libro, necesitaba dinero y lo subasto en línea.
El dueño de un museo en Italia quiso comprar el libro, pero al parecer no tenía el dinero necesario para superar mi oferta. Es un libro perdido en la historia, pero yo nunca deje de perseguirlo. Muchas veces lo tuve que dejar ir con alguien más ya sea por falta de dinero o porque no me pareció necesario tenerlo en ese momento, pero ahora mi plan está en marcha y necesito el libro.
Tal vez para algunos sea un simple libro muy viejo, pero para mí es único e importante. Es el ultimo de mi colección y me ayudará con mi plan para finalmente librarme del mal que me acecha.
Suena el timbre de la entrada, dejo el libro sobre la mesa de centro y me dirijo hacia la puerta. Al abrirla me encuentro con Josh.
Josh Thomson es el administrador de la galería de arte que tengo en esta ciudad. Siempre me ha encantado el arte así que cuando decidí mudarme a este país, me pareció buena idea abrir una galería de arte como parte de mi fachada.
No solo tenía que cambiarme el nombre, si no también inventar toda una nueva vida y que mejor que ser la dueña de una galería de arte. Bueno tal vez haya cosas mejores, pero preferí estar cerca de hermosas pinturas y esculturas.
- Josh, ¿qué te trae por aquí?
Con una sonrisa y un notorio brillo en sus ojos cafés me saluda con un abrazo. Su cabello rubio perfectamente cortado roza mi mejilla mientras siento sus brazos envolviéndome.
Todo su traje se encuentra perfectamente planchado y pulcro por lo que evito tocar la tela para no arrugarla.
- Quería decirte personalmente de la bueno noticia.
- Bien, pasa y dime la buena noticia.
Josh y yo caminamos hasta el sofá de la sala y nos sentamos a conversar.
- Estamos invitados a una cena mañana, hablaremos con el mismísimo Anggelo Parisi. Es una fiesta en The Confidante Miami Beach. Es un hotel de cuatro estrellas así que tenemos que ir elegantes, pero la fiesta es en la playa por lo tanto tenemos que llevar traje de baño.
Josh parecía muy emocionado por esa fiesta. Anggelo Parisi es un pintor muy reconocido en Italia sinceramente su trabajo es espectacular, pero es una persona muy desagradable.
Hace dos años lo conocí en una cena a la que asistí en Roma. Parisi me invito a salir, yo lo rechace y me acusó de prostituta. Ofendí su ego al declinar su invitación, pero no debió haberme tratado de esa forma.
Dejé mi mano marcado en su rostro y no lo volví a ver. Josh anhela tener alguna de sus pinturas en la galería, pero para que eso suceda tendremos que llegar a un acuerdo y dudo mucho que Parisi quiera hacer un trato con la mujer que lo golpeo en medio de cien invitados en una fiesta.
- Josh ya te conté lo que pasó con ese hombre hace dos años, no creo que quiera hacer negocios conmigo.
- Sam no tendrás que hablar con él. Yo me encargaré de todo y te garantizo que en una semana Anggelo Parisi hará una exposición de arte en tu galería.
- ¿Y cómo crees que reaccionará cuando sepa que la dueña de la galería soy yo?
- No se tiene que enterar Sam, por favor vamos a la fiesta - Josh junta sus manos en forma de súplica y siento que en cualquier momento se arrodillará si no acepto.
Es capaz de eso y de más para que yo acepte una de sus retorcidas propuestas, ya lo ha hecho. Se arrodilló cuando me pidió que hablara con un pintor australiano que visitaba la ciudad para que exponga sus cuadros en la galería y lo volvió hacer cuando quiso que fingiera ante su mamá que soy su novia en una cena familiar hace un mes.
- De acuerdo Josh, pero no quiero que menciones mi nombre ante ese hombre y la próxima que tu mamá me vuelva a llamar a preguntar por ti cuando no le contestas el celular le diré que ya terminamos y que quedamos solo como amigos.
- Pero Sam. – se muestra preocupado por mi condición para aceptar la invitación. - Ella está muy entusiasmada con nuestra relación, la destrozara saber que terminamos y de seguro me culpará a mí y me acusara de haberte sido infiel o haber cometido alguna estupidez para que tú me terminaras.
- Es eso o no vamos a la dichosa fiesta.
Josh se muestra rendido y relaja sus hombros antes de hablar.
- De acuerdo, de acuerdo, pero si mi madre me deja de hablar será tu culpa.
- Como digas Josh.
Se levanta del sofá y se acerca a darme un pequeño beso de despedida en la mejilla.
- De acuerdo Sam. Te veo mañana, me tengo que ir, pero vendré en una limosina a recogerte a las siete así que quiero que estés lista a esa hora.
- Si jefe como usted diga. - Digo mientras hago un saludo militar.
Josh sonríe ante mi acción, me abrasa y camina hasta la entrada.
- No lo olvides, te veo a las siete. – grita dirigiéndose a la entrada.
- No lo olvidaré.
Josh sale de mi casa y yo me dispongo a seguir viendo televisión hasta que sea hora de dormir.
Josh y yo somos buenos amigos desde que llegué al país. Él y Karla fueron mis primeros amigos, es un hombre muy carismático, pero cuando tiene que ser serio, lo es. A veces me trata como su hermana pequeña, tal vez en mi nueva identificación diga que tengo 23 años, pero tengo unos cuantos siglos más que eso.
Me suele tratar de esa manera porque tiene dos hermanas menores, así que él siempre fue el hombre de la casa y por lo tanto muy protector con sus hermanas y su madre. Su papá los abandonó cuando Josh tenía diez años y sus hermanas seis y dos años. Su mamá salió adelante sola y Josh estudió mucho para ser el hombre que hoy en día es.