Isabella.
Me mantendré alejada de la casa de los Parker mientras pueda soportarlo, porque no sé cómo seguir adelante a partir de ahora. Cada parte de mis entrañas grita por más, más y más. Ma sexo con Enzo, más de esta conexión divertida y coqueta con la que hemos topado sin darnos cuenta. Pero cuanto más pienso en ello, más confusa me siento.
Porque esto es falso ¿verdad?
Y si es falso, no irá a ninguna parte. Aunque, si escucho con suficiente atención, puedo oír campanas de boda a lo lejos. Debería disfrutarlo por lo que es, que es una situación totalmente confusa que hemos creado nosotros mismos. “Aprovecha los orgasmos mientras estén maduros”, que es un dicho que nadie ha dicho…Nunca.
Pero alrededor de las ocho de la noche, siento la necesidad de tener más sexo con Enzo. Necesito enfrentar la realidad. Necesitamos encontrar la manera de abordar el hecho de que tuvimos un desliz íntimo, una cascada de carnalidad. Porque es la verdad: para Enzo, es solo sexo.
Soy un cuerpo cálido en la misma cama. No me miraría dos veces si pudiera elegir entre todas las mujeres de Bahía Azul, y me repito esto mientras le envió un mensaje de texto.
ISABELLA: ¿Listo para mí?
ENZO: No tienes idea. ¿Dónde debería encontrarte?
Las mariposas se agolpan en mi vientre. Probablemente este estresado por haber pasado el día con sus hermanos, pero es agradable pensar que tal vez me extrañó. Sin embargo, realmente necesito dejar de complacerme en este tipo de fantasías. Solo me lastimaran más tarde.
ISABELLA: ¿pasas a recogerme al bar de la playa?
Es un punto medio entre la casa de mis padres y la suya. Me dice que le de diez minutos, así que me despido de mis padres y comienzo a caminar al final de la tarde hasta el bar localmente famoso.
Cuando llego allí, me detengo en la parte de atrás de la terraza, detrás del bar. Tiene vistas a la loma cubierta de hierba que desciende por el costado del bar hacia el paseo marítimo que se encuentra debajo. Los barcos estan atracados a lo largo de la costa: es el punto de amarre conveniente para los navegantes cuando necesitan detenerse en el centro para comer algo a tomar una cerveza.
Enzo se acerca por el paseo marítimo hacia el bar, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones cortos gris claro. Lleva una camiseta sin mangas de rayas azules y blancas, y ver su andar despreocupado me pone los pelos de punta de inmediato.
Este hombre estuvo dentro de mi hace aproximadamente doce horas. Un escalofrió me sube por la columna vertebral y, por un momento, lo único que puedo hacer es mirarlo y recordar el momento en que se empujó dentro de mí por primera vez. ¿Me recuperaré alguna ve de esto? ¿O pasaran diez años y seguiré siendo una rehén del recuerdo de su polla perfecta mientras estoy atrapada en una relación insatisfactoria con alguien que no es Enzo?
—¡Isabella! —
Su voz ronca me saca de mi ensoñación. Está subiendo los escalones de cemento que atraviesan el montículo en pendiente hasta el patio trasero. Me agarro con fuerza a la barandilla del patio y me lleva un momento recuperar la voz.
—Hola, Enzo— Me coloco un poco de pelo detrás de la oreja y trago saliva mientras se dirige hacia mí. Un millón de pensamientos chocan en mi interior. Los comentarios casuales y las bromas sinceras que podrían enmarcar mi nerviosismo compiten por ganar tiempo en mi lengua. Intento combinarlas a la fuerza.
—¿Qué eres? —
Una sonrisa se dibuja en sus labios y se detiene frente a mí. repito mis palabras en mi cabeza y cierro los ojos con fuerza.
—¿Qué? —
Me presiono la frente con la palma de la mano. —Quiero decir… ¿cómo estás? O, ¿Qué pasa?... No se. Hola— le ofrezco mi mano, que él toma con cautela.
Soy Isabella, la idiota más grande del planeta. Encantada de conocerte—
Su sonrisa se hace más grande cuando nos damos la mano. —No diría que la más grande…—
—¿Oh, ¿no? —
—Definitivamente entre las cinco primeras— Nuestras manos caen ligeramente y juro que el aprieta las mías antes de soltarlas.
Me río mientras la humillación surge como un ave fénix dentro de mí. —Bueno, estoy lista cuando lo estes. Haz conmigo lo que quieras—
Levanta una ceja. Hay gente a nuestro alrededor, con bebidas en la mano, pero todavía no es el mejor momento para este lugar. Después de las nueve, empiezan las bandas y este patio trasero se llena de gente. Pero por ahora, todavía hay espacio para respirar.
—¿Quieres tomar algo primero? —
Exhalo un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. —Si, de hecho—
Este sentido de orientación es útil. Vamos a tomar algo. Eso podría aliviar un poco este nerviosismo que ha estallado como la nueva cepa de gripe. Todo lo que ha salido de mi boca hasta ahora ha sido un poco extraño. No tengo muchas esperanzas de que todas las palabras salgan. No sé cómo estar cerca de Enzo ahora que hemos tenido sexo.
Sigo sus anchos hombros mientras avanzamos por el interior del bar, entre grupos de amigos que ríen y parejas que chocan sus copas de vino. Encuentra a un camarero y ya está haciendo el pedido cuando llego al borde de la barra, a su lado. El camarero se aleja antes de que pueda decir nada.
—¿Tambien pediste para mí? —
El asiente y me dedica una sonrisa misteriosa. Intento ver lo que está preparando el camarero, pero es imposible. Mi estomago se agita.
—¿Qué pediste? — pregunto
—Ya verás— dice, y se apoya en la barra, con los codos detrás de él. —Solo algo para disfrutar el atardecer—
Reprimo la sonrisa tonta que amenaza con apoderarse de mi rostro, porque esto sigue siendo una actuación. Aunque estemos lejos de la familia, probablemente todavía quiera poder decir: “Isabella y yo pasamos una velada romántica viendo la puesta de sol”. Así que todo esto es parte de la artimaña. No me invita una copa porque realmente quiere hacerlo.
Es muy difícil mantener el equilibrio en medio de todo esto. Pero me olvido del forcejeo cuando llegan las bebidas. Dos RumChata. Encuentro su mirada esperando la mía, risa en sus ojos.
—No lo hiciste—
—Salud, Isa— levanta su vaso y lo choca contra el mio. Ambos bebemos un largo sorbo y el paga al camarero. Un momento después, tose. —Hace mucho tiempo que no bebo uno de estos—
—Probablemente desde el último año de preparatoria, ¿verdad? —
Una risa le arruga los ojos de nuevo.
—En realidad, si—
El momento se instala agradablemente entre nosotros. Me olvido de mi confusión, de mi nerviosismo. Pero solo por un momento. mientras nos conduce fuera del bar y de regreso al patio, donde el atardecer ha explotado en un estridente volcán dorado de luz y rayos de sol, toda mi tensión regresa. ¿Actúo como si no hubiéramos follado? ¿Eso fue hacer el amor o algo mas? ¿Puede considerarse a Enzo un ligue ahora?
Se dirige hacia una mesa alta junto a la barandilla de madera. Nos deslizamos sobre los taburetes y le ofrezco una sonrisa.
—¿Cómo estuvo tu día? —
Dios, esto parece tan formal, lo que es aún más vergonzoso. Quiero meterme en un agujero en alguna parte. Aparto la mirada de la mesa y la dirijo hacia el lago. Es mejor concentrarse en los tonos naranjas y rojos que ondean en la bahía. Eso tiene mucho más sentido que lo que está pasando entre nosotros ahora mismo.
—Fue increíble. Mi mamá y yo fuimos al centro comercial. Ella me compró ropa interior nueva. Ahora tengo un par nuevo para cada día de la semana—
—Entonces, ¿tienes la colección completa de bragas de abuelita? —
Sus palabras hacen que mis ojos se abran de par en par. Lo miro y veo la sonrisa deslumbrante en su rostro. Mis mejillas se encienden al instante y me tomo la mitad de mi RumChata. ¿Esto, justo aquí? Esto es lo que me daba miedo. No estoy a su nivel. Él está acostumbrado a mujeres seguras de sí mismas con tangas que tambien sirven como hilo dental. Yo solo soy una chica perdida con bragas de abuelita que tambien sirven como trapos para limpiar.
Cuando no respondo, añade: —Son lindas. Me gustan—Gimo cubriéndome la cara con las manos. —Y todavía no he visto los nuevos, pero seguramente también me gustarán —
Me mordisqueo los labios y sacudo la cabeza. —No te preocupes. No te haré sufrir por eso—
Entonces me agarra la muñeca, inclinando la barbilla para que su mirada encuentre la mía, acalorada e intensa. —No creo que entiendes lo que estoy diciendo: Isa. Quiero ver los nuevos—
Mi mejillas vuelven a arder, pero esta vez no de vergüenza. Aparto la mirada de él, porque encontrarme con su mirada me genera demasiada confusión. En el fondo sé que esto es un juego para él.
Su taburete roza las láminas de madera de la terraza mientras se acerca a mí. Su brazo me roza mientras se inclina hacia mí.
—¿Esta mañana fue un sueño o te follé tan fuerte quete quedaste dormida encima de mi polla? —
Me estremezco, aunque sus palabras son tan sexys, siento una punzada de excitación recorrerme. Dios, probablemente el piensa que soy una niña pequeña. No puedo defenderme contra un hombre como él. Me quedé dormida mientras él todavía estaba dentro de mí, por el amor de Dios.
—Creo que ambos estuvimos de acuerdo desde el principio en que estábamos soñando—
Se aclara la garganta y mira a su alrededor antes de inclinarse tanto que sus labios rozan mi oreja.
—Entonces creo que deberíamos volver a la tierra de los sueños—