Enzo Faltan dos días para nuestro vuelo de regreso a San Francisco, y vamos a pasar por el super mercado, en una definición típica de una compra de licor. Isabella y yo somos unos tortolitos. Pasamos de besarnos en el pasillo a correr hacia el pasillo de las papas fritas como unos niños, hasta gritar de un extremo a otro del pasillo cuando encuentra la marca exacta de ron que está buscando. Con Isabella todo es más divertido. Absolutamente todo. Ni siquiera podía sentir algo así por alguien. Dios sabe que la mayoría de las salidas con Sabrina eran más una tarea rutinaria que una experiencia infantil. Sinceramente, la forma en que Isabella y yo nos comportamos juntos parece más una película que la vida real. —Por aquí— Me dirige apretándome la cintura. Entierro la nariz en su cabeza e i

