—Estoy intentando seducirte, deberías intentar ser un poco más receptiva —dice con fingida indignación y una risita tonta se me escapa de los labios. —Se va a hacer tarde —le reprimo—. Le dije a Jeremiah que llegaríamos en quince minutos. Adam hace un extraño mohín y se dirige al pasillo. —Eres un aguafiestas —dice, lo suficientemente alto como para que le oiga—. Se supone que tienes que acompañarme al baño y... ¡Adam! —Lo reprimo, y él suelta otra risa corta. —Ya vuelvo —dice, antes de desaparecer mientras gira por el pasillo. Aprovecho ese momento para enviar un mensaje de texto a Jeremiah. Tengo que comunicarle que llegaremos tarde y que Adam viene conmigo. Apenas he enviado el mensaje cuando el sonido de la madera golpeada invade el salón. Mi frente se frunce ligeramente sólo por

