Subir a mi habitación nunca me resulto tan incomodo, con la presencia de Marcus, solo anhelaba encerrarme entre las paredes espaciosas de mi nuevo santuario, un paso más adelante que él, decidí que recorrería la mansión otro día, por ahora solo quería acobijarme en mis sábanas de marca, sin embargo, no podía hacer caso omiso, sentía que su mirada no se despegaba de mi nuca.
Por favor deja de mirarme, rogué en mi interior.
Me detuve abruptamente, esperando a que él se adelantara y poder estar tranquila, sin ningún nervio haciéndome sentir incomoda, pero sucedió algo que no esperaba.
- ¿Qué ocurre? ¿Estas bien? – pregunto sucesivamente, sus ojos oscuros por un momento brillaron de una manera que nunca había visto, como si fueran dorados, tal vez era su belleza que me hacía mirar cosas que no eran verdad o la luz en esta parte de la casa.
- Por supuesto que estoy bien – respondí con un poco de soberbia, alzando un poco mi cabeza. Marcus me mostro una sonrisa atrevida, como si no le molestase mi tono, sino más bien le gustase.
- Entonces sigamos, ya casi llego a mi habitación que esta justo al lado de la tuya – señalo hacía el pasillo con la palma abierta.
Y no sé porque me pareció que lo último lo mencionó con otro sentido.
- Adelante, te sigo – dije cruzando mis brazos.
- ¡Oh no! Primero las damas – su tono un poco burlón, me molesto brevemente ¿Por qué no había sido yo la cortante? Había empezado este intercambio.
- ¡Como quieras! – exclamé, caminando de prisa hasta estar en frente de mi puerta caoba, escuchando una risa de su parte, que se interrumpió cuando lo miré con mis ojos entrecerrados.
- Nos vemos después señorita Scarlett – se despidió rozando mi mano que casi toca el pomo de mi puerta, él la abrió por mí en un acto de caballería. Luego siguió su camino hasta su propia habitación internándose en ella.
Me quede un momento quieta, hasta que se me quita lo pasmada, olvidando ese calor que sus dedos me dejaron, entrando por fin a mi propia habitación, decidida a olvidar el asunto y lo nuevo que se presentaba para mí vivir en esta mansión, me decante por una ducha, el agua tibia me relajo lo suficiente que una vez vestida con un suéter de cuello tortuga, unos pantalones azules y medias blancas, me senté en mi nuevo escritorio, como casi todo lo que tenía.
Nuevo y sin estrenar.
El sueño de toda chica y no negaría que no me gustaba, pero me asombra la cantidad de dinero que tendría mi padre Robert para mantener este lugar. Había tantas cosas inconclusas, espacios en blancos en mi vida, ni siquiera era capaz de entender la relación de mis padres.
Amándose en la distancia.
Ocasionalmente mi padre Robert nos visitaba, lo veía una vez al año y con suerte, mi madre viajaba todo el tiempo para verse con él, y me dejaba con mi hermano mayor Jostin. Cuando era niña, muchas veces preguntaba porque no vivíamos juntos y viendo la riqueza que tenía, empecé a sentirme cada vez más reacia.
Averiguaría la razón, la verdadera, no la que siempre me daban, que no se podía por el trabajo tan demandante de mi padre, que mi madre prefería que viviéramos en la ciudad y no en las afueras, casi en el bosque. Una vida normal, pero separada del esposo que amaba. Solo tenías que verlos, tan empalagados uno por el otro.
No les creía, nunca lo hice, pero me callé. Además, vivir en el bosque en una mansión gigantesca no estaba nada mal.
A menos que la riqueza fuera recién adquirida, o que hubiera un tercero en la relación.
Suspiré dejando de pensar en ello. Observando mi diario en la mesa de escritorio, lo abrí con cuidado, anotando mi día, a veces escribía frases, pegaba imágenes o dibujaba en sus páginas, una costumbre que con el tiempo me ayudaba a relajarme. Intuía que alguien había desarmado mis maletas mientras almorzaba porque mis cosas ya estaban ordenadas con las nuevas.
Mi diario incluido.
El atardecer se filtraba por las ventanas, no solo por las puertas de vidrio del balcón, porque enfrente mío, tenía otra ventana, que era más pequeña, de marco blanco y vidrio pulido, me quede embelesada, observando el sol ocultarse entre las nubes y dando paso a la noche. Hasta que miré algo que me causó sorpresa, levantándome de la silla, corrí velozmente al balcón, abriendo sus puertas, el viento de la noche fría golpeo mi cara.
Y sujetando la baranda de piedra con fuerza, mis nudillos blancos por la presión, visualice entre los árboles, una criatura inmensa, mas grande que un perro y de pelo oscuro, aunque no sabría con perspicacia dada la distancia, se podía ocultaba con facilidad con su alrededor, lo único que opaca eso, eran sus ojos dorados que lo hacían resaltar.
Era…un lobo.
¿Cómo era posible? Es verdad, que estábamos cerca de un bosque, pero una criatura como esa, tan cerca de la mansión.
Me produjo escalofríos por todo el cuerpo. Me rodee con los brazos impactada, cuando el lobo me miro fijamente, mi corazón latía dentro de mi cuerpo con rapidez y la emoción me dejo quieta en mi sitió, hasta que él movió su cabeza a un lado, sus orejas parecieron captar un ruido y se internó de lleno corriendo al bosque.
Inmediatamente, corrí hasta salir de mi habitación y bajando las escaleras, me pare en medio de la sala. Sin saber a donde dirigirme, porque no tenía idea de en donde estaba mi madre, decidí buscar en el comedor, encontrándome con las mismas dos señoras de la tarde, colocando los cubiertos para la cena.
- Disculpen – llame su atención, las dos me voltearon a mirar - ¿Sabe en dónde está mi madre?
- Ya debe de bajar señorita – respondió la mas joven de las dos.
- Gracias, la esperaré – dije sentándome en una silla - ¿Hay lobos cerca de aquí? – pregunté de repente fijándome en la mujer que me había respondido por primera vez, que se tenso y dejo caer un cubierto al suelo.
- Estamos cerca del bosque señorita Scarlett, es posible que haya animales salvajes, pero no se preocupe, nada se acercara a la mansión – respondió la mayor de ellas con educación.
Me esta mintiendo, pensé.
O tal vez, me estaba volviendo paranoica al estar en un lugar desconocido para mí.
Cuando las dos salieron de la estancia, atravesando unas puertas dobles en la esquina opuesta, me quede esperando tranquila. Y con muchas preguntas en mi mente.