Capítulo 5. La biblioteca.

1018 Words
A la salida del instituto, mi madre paso a recogerme en uno de esos autos modernos, pero mas discretos que el deportivo que conducía Marcus, entre preguntas cotidianas llegamos nuevamente a la dichosa mansión, que seguía tan imponente y que probablemente nunca me canse de detallar. Almorzamos las dos juntas sin compañía y se sintió como si estuviéramos de nuevo en la ciudad. Cuando me retire a mi habitación, dejando mis cosas en el escritorio, pensé que podría recorrer lo que me hacía falta de conocer de mi nuevo hogar, así que me dirigí al pasillo abriendo cada habitación y detallándola por completo, la única que no revise fue la de Marcus, por respeto hacía ese hombre tan guapo que me ponía de nervios. Y la de mi madre, porque sabía que debía estar descansando. Al subir el otro tramo de escaleras que me llevaría al tercer piso me encontré con una espacio abierto, sin puertas, el diseño de esta parte, era tan distinto a los pisos inferiores, los miles de libros que se apilaban entre las estanterías de madera ordenada contra la pared y en el centro que dejaban un pequeño espacio para pasar solo una persona, en la parte derecha unas mesas redondas de color amarillo oscuro estaban estratégicamente ubicadas. El área combinaba en su mayoría colores oscuros, las ventanas se intercalaban cada dos repisas, las lámparas con forma de flores de color verde pantano y n***o iluminaban la estancia, como las escaleras estaban en el medio del piso, podías verlo todo al mismo tiempo. Me gusto tanto esta parte de la mansión, que inmediatamente empecé a recorrer con la vistas tomo los lomos de los libros. Olvidándome de todo lo demás me senté en el suelo a revisar una novela que capto mi interés, oculta entre las repisas, era imposible que alguien me viera, me quede en absoluto silencio al escuchar a mi padre hablar con alguien, por su tono serio debía ser un asunto de importancia. - En dos días llega el encargo que le pedimos a Ronald, lo entregaran unos demonios salvajes en el almacén del pueblo, te encargaras de acompañarme para recibirlos – ordenó autoritario. - ¿Son las pociones curativas que le encargamos a Cadmus? – pregunto Marcus, su voz lo delato. - Sí, nunca se sabe si habrá un enfrentamiento contra alguien – respondió con seriedad. - Estaré allí con puntualidad – prometió Marcus. - Lo sé, eres tan responsable como tu padre lo fue – dijo con un tono ¿melancólico? – Tomate el resto del día libre, nos vemos en la cena. Luego escuche pasos, al parecer ya se habían ido, me levante suevamente del suelo, preguntándome a que se referían con demonios salvajes y pociones curativas. Estaba segura de haber oído bien, será una secta o un culto extraño, no conocía lo suficiente a mi padre, como para saber que religión profesaba. - Buh – susurro alguien en mi oreja, grite de espanto soltando el libro y volteándome con las manos en el corazón. - Marcus estas loco casi me matas del susto – reclamé respirando aceleradamente. - Eso te pasa por espiar conversaciones ajenas – dije divertido, su sonrisa de burla hacía mí. - No estaba espiando, estaba leyendo – recalqué recogiendo el libro que sin querer había dejado caer – Además estaba primero aquí que ustedes. - Por supuesto – dijo no muy convencido. Respiré profundamente retirándome hacía una de las mesas, y dejando el libro encima, detrás de mío Marcus me siguió. - ¿Qué son los demonios salvajes? – pregunté de repente, volteándome y encontrándome tan cerca de su cuerpo, que solo tuve que alzar mi cabeza para conectar mis ojos azules con los suyos. - Esa no es la pregunta adecuada – negó acercando su rostro hasta poder susurrar – La verdadera pregunta es ¿Qué quiero a cambio de ayudarte? Me quedé inmóvil, tragándome los nervios. - ¿Qué quieres a cambio de respuestas? – pregunté nuevamente, agarrando fuertemente la mesa detrás mío. Él me sonrió y retrocediendo, se dirigió a un estante en particular. - Las respuestas las tiene tu padre y mi deber es no decirte nada, pero si tú logras descubrirlo por tu cuenta, no tendré ningún problema con él – dijo ofreciéndome un libro. La historia de la manada luna llena. - ¿Un libro de fantasía? – cuestioné confundida. - No juzgues tan rápido señorita Scarlett – regaño con suavidad – Debo irme a hacer unos deberes. - Pero si no tienes, mi padre te dejo el día libre – comenté con el ceño fruncido. Él me sonrió suavemente. - No puedo estar mucho tiempo contigo, me haces sentir muchas cosas y no puedo permitírmelo – confeso repentinamente serio, me quedé en silencio hasta que lo vi irse de la biblioteca. ¿Sus ojos otra vez eran dorados? Suspiré, agarrando el libro que él me había entregado, no parecía muy grueso, así que leérmelo no resultaría difícil, disfrutaba de la lectura. Bajé al segundo piso encerrándome en mi habitación, una vez sentada entre los cojines de mi cama, abrí el libro, situándome en la primera página y empecé a leer. *Era una noche fría, cuando un pequeño lobo herido se desplomo en el suelo cerca de un charco de agua, parecía quedarse poco a poco sin vida, la sangre cubría su pelaje, sus jadeos se perdían en el bosque y sus ojos marrones miraron hacia el cielo, perdiéndose en la estrella mas hermosa. La luna, que resplandecía con su brillo blanco. Y pidió un deseo, vivir. Vivir para poder tener su propia manada, la anterior había sido cruelmente arrebatada de su lado por humanos, quería vivir pacíficamente en el bosque. Lo que él no sabía es que alguien lo observaba con tristeza, una diosa, reina de las noches y de la magia podía concederle su deseo, pero debía pagar el precio. Dirigiendo su dedo desde el cielo lo curo y lo cambió. Ya no sería un lobo ordinario. Ni un humano. Sería una mezcla de ambos, y allí fue cuando nació el primer hombre lobo *
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