Capítulo 13: La verdad.

1204 Words
Agarré ansiosa el libro de la manada luna llena, Camille se acababa de retirar de la mansión, y por fin, tenía privacidad para terminarlo, ahora que ya tenía algunas respuestas de mis dudas, no sabía cómo sentirme, por eso quería terminar el libro, Marcus me pidió leerlo todo, y creía que, gracias a él, al final si pude llegar a saber parte de la verdad. Me ubiqué en la última página del libro, respirando profundamente empecé a leer. *A veces cuando somos felices, el tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos, así me sentía, mi familia estaba a un paso de ser numerosa, mi esposa me brindaba de su compañía y con su embarazo, muy pronto de un hijo. Ahora cortaba leña con un hacha, preparándome para conseguir el dinero que podía, pero, así como la felicidad pisaba tu vida, podía desvanecerse rápidamente. Escuche un grito. Y pensé alarmado en Eleane. Corrí hacia la cabaña, encontrándome en la entrada a un herido Abdel, mi esposa lo mantenía acostado en el suelo, su cabeza en sus piernas, sollozaba asustada, me acerqué inmediatamente, sangre le brotaba de una herida en su sien, su pierna estaba rota, a juzgar por el ángulo en el que se encontraba, no entendía como pudo llegar aquí en ese estado. Tuvo mucha suerte. - ¿Qué ocurrió Abdel? -pregunté, mientras examinaba su cuerpo, solo su pierna estaba en mal estado. - Bandidos, atacaron al pueblo, logré regresar en el caballo, pero todo lo demás se perdió – respondió con una mueca de dolor- Tienen que irse. Eleane negó, no dejaría a su padre y yo no era un ser cruel que no le importaba el bienestar del padre de mi esposa, quien me ayudo en su momento, cuando más lo necesite. No teníamos opciones, no podíamos irnos por carretera porque corríamos el peligro de que nos alcanzaran, no podíamos internarnos en el bosque, porque uno de nosotros no podía caminar y no quería regresar al lugar en el que casi muero de inanición. Aunque vivíamos bastante lejos del pueblo, los bandidos podrían llegar en cualquier momento, pensaba frenéticamente mientras ayudaba a Eleane a atender las heridas del señor Abdel, no sabía mucho de medicina, pero mi esposa sí, atendió como pudo a su padre. Dándole unas hierbas que lo drogaron, le reacomodamos la pierna a su lugar correcto, sujetando su pierna con vendas y una tablilla para que no se moviera de su lugar. Lo habíamos ubicado en los sillones de la planta baja y nos retiramos un momento para conversar de lo que haríamos a continuación. Eleane sobaba su estómago con preocupación, la noche pronto caería y estaríamos más indefensos. - ¿Qué hacemos Atticus? - pregunto abrazándome, la consolé, besando su cabello. - Todo va a estar bien, lo prometo – aseguré, aunque ni yo mismo lo sabía. Cerramos cada entrada y ventana de la casa, reuní cada cosa de valor, sin olvidar el dinero en una bolsa. Tendría algo con los que persuadir a los bandidos, si era necesario dejaría que nos saquearan, para evitar que nos lastimen. Luego le pedí a mi esposa que se quedará cuidando a su padre y que no saliera de la casa por ningún motivo. Escuché a los caballos relinchar muy cerca, cerré la cabaña, y me adelanté a la entrada de la casa, quedándome en la carretera de tierra, esperando silenciosamente. Cuatro carretas, con dos caballos pararon un poco atrás, llevaban trapos que le tapaban el rostro y tenían intención de rodear la cabaña y entrar por atrás. Me les rebelé inmediatamente, eran seis hombres, el líder era joven, de aspecto desgarbado y muy delgado. Sus ojos se quedaron analizándome críticamente, tenía varias capas de ropas, me mostró un sonrisa con dientes negros. - Buenas noches- Saludo, les tire la bolsa a sus pies. - Ahí están las cosas de valor, por favor tómenlo y váyanse- ofrecí con dureza. El hombre hizo una seña a dos de sus acompañantes que recogieron la bolsa y la montaron en una carreta. Estaba vigilando atentamente a cada uno de ellos. Tres de ellos, robustos y los otros tres con la misma masa muscular que el líder. - Acepto tu dinero, después de todo, he venido por el- declaró riendo ruidosamente, los demás lo acompañaron- Me encantaría retirarme, pero no es posible, estoy buscando a alguien y me han dicho que vive aquí. - ¿Quién? - pregunté tenso. - Abdel Tabelait- respondió - Me debe mucho dinero, más que las baratijas que acabas de darme. No sabía eso, ahora entendía las salidas al pueblo, debió haber apostado dinero. No eran bandidos, eran cobradores. - Podemos llegar a un acuerdo, me comprometo a pagarles- dije intentando negociar. Él negó con la cabeza. - Ya no hay plazos, el cobro es su vida y la de su bonita hija- dijo con maldad, luego los otros cinco hombres se acercaron amenazantes a mí. Pero yo no era un humano común, era más fuerte, mis sentidos más agudos y cuando nadie me veía notaba los cambios en mi cuerpo, a veces leves, otras más visibles. Días de práctica, esfuerzo y resistencia de testigo la naturaleza, debían servirme, porque no podía permitir ni por instante que se acercaran a mi Eleane, gruñí hacia ellos, y cuando uno se me acerco lo suficiente, le mordí la cara, escuché sus gritos de dolor. La ventisca en la noche siempre había sido fuerte, y las antorchas que rodeaban las carretas, se apagaron y sonreí con la sangre en la comisura de mis labios, a oscuras no podrían verme. Sujete a otro por el cuello, enterrando mis garras en su piel, hasta que falleció, no me detuve mucho tiempo, debía ser rápido, cambie de forma, hasta que mis manos y pies se convirtieron en patas, mi pelaje oscuro protegiéndome de la desnudez, mis ojos detectaron a otros tres, me lance encima de uno, mordiéndole el cuerpo con mis fauces. Los disparos con sus armas no lograban impactar con mi cuerpo, estaban tan asustados, que ni siquiera apuntaban en el lugar correcto, los últimos dos hombres fueron fáciles de vencer, deje de ultimo al líder. Fue al que hice sufrir más, su actitud prepotente, las implicaciones de sus amenazas, no lo pasaría por alto, cualquiera que se atreviera a lastimar a mi familia, encontraría el infierno de la peor manera posible. Cuando todo acabo, y la luna estaba en su punto más alto, regresé a mi otra forma, y agradecí a la diosa que recorría mis sueños, que me había salvado y forjado con fuerza. Era un Tabelait ahora, un hombre, pero también un lobo. Al regresar a la cabaña, encontré a mi esposa mirándome con lagrimas en los ojos, me detuve un momento, temeroso de que no me quisiera, porque, aunque ella sabía que su esposo era diferente, nunca lo había visto con sus ojos, pero me relaje cuando se refugio en mis brazos, sin importarle la sangre de los caídos. - Te amo Eleane – susurré con amor. - Y yo te amo Atticus – correspondió, sujetando con una mano mi rostro, sus ojos me miraron con fiereza – Larguémonos de este maldito pueblo – asentí de acuerdo con ella.
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