Al fin en el palacio, nos recibieron un montón de guardias y empleados, todos se inclinaron mientras pasábamos en medio de una larga hilera de ellos, pensé que eso solo pasaba en las películas, me dio un poco de risa, me parecía innecesario en pleno siglo XXI, Robert me miró con curiosamente como cuestionando mi sonrisa, inmediatamente puse el rostro serio, avanzamos, las puertas eran enorme, labradas en oro y metales, al atravesarlas pude ver la belleza de las pinturas en los techos y los vitrales que ocupaban el lugar de las ventanas comunes, era una magia de colores, nunca había atravesado esa entrada, cuando estuve aquí entrabamos por un costado del palacio teniendo sólo acceso al ala oeste donde estaba la habitación en la que Robert convalecía, eso era el salón principal, supongo que solo la realeza entraba por allí, unas enormes escaleras doradas estaban al fondo, realmente sentía que estaba en una película. Sacudí mi cabeza evitando mis pensares
-Necesito hablar con el rey-exigí
-Lo haremos en su debido tiempo, ahora iremos a la habitación y nos prepararemos
-¿Iremos? ¿Acaso no hay muchas habitaciones en este palacio? ¿Por qué compartiría una contigo? Esto es un fastidio, llamaré a mis padres, les pediré que los demanden.
-Oh cierto, los señores Olsen ambos abogados, sería triste que su despacho de repente perdiera su prestigio y se quedaran sin sustento-musitó.
Estaba amenazándome, creo que el tiempo que no nos vimos este tipo se la pasó pensando su venganza, me estaba acorralando pero no me dejaría intimidar tan fácil. Caminamos hasta la habitación donde nos guiaron, había varios vestidos de fiesta, trajes elegantes, artículos de belleza, entre otras cosas.
-Esta noche tendremos el evento con la fundación que financiará el proyecto, depende de tu desempeño y profesionalismo que nos otorguen esos fondos, no te imaginas cuan costosa puede ser la investigación y aunque el rey otorgará una gran cantidad, nunca es suficiente… ¿Lo comprendes?- exclamo con desdén
-Puedo entender el propósito pero no el que me inmiscuyan con usted en una relación que será más que obviamente falsa delante de todos
-Eso es cosa de mis padres-se alteró-están desprestigiándome al ponerte como mi pareja, una mujer menor que yo por cinco años, que va por allí coqueteando a los hombres y que jamás sería mi tipo, pero por tal de ayudar y de avanzar en medicina puedo sacrificar mi reputación, sólo será mientras acaba la fase de búsqueda, seis meses y adiós farsa.
Sus palabras me enfurecieron, tenía que darle su merecido pero decidí que ese no sería el momento, atacaría sus puntos débiles pero para atacar al enemigo primero debes conocerlo, así que decidí dar el primer paso, estaba dispuesta a todo con tal de alejarme de esa familia, tenía que buscar la forma de que pudiéramos obtener los fondos y desquitarme del estúpido príncipe.
-Ah entonces jamás gustarías de mí- exclamé con una voz seductora- eso es bueno, podré andar cómodamente sabiendo eso- dije mientas me despojaba del saco y desabotonaba mi blusa dejándolos caer en el suelo, me di media vuelta, quité mis zapatillas y fui bajando mi pantalón, agradecía haberme puesto esa hermosa lencería negra, mi cuerpo no eran tan malo, tenía un firme trasero y mis pechos eran de buen tamaño, mi cintura era pequeña y mis caderas anchas, a pesar de que amaba comer también me ejercitaba en mis pocos tiempos libres. Caminé hasta el cuarto de baño, volteé levemente para mirarle, sus ojos iban de arriba hacia abajo, su rostro mostraba un poco de asombró y enrojecimiento, reí sintiéndome victoriosa. Estaba a punto de cerrar la puerta del baño cuando él la empujó fuertemente haciendo que casi cayera al suelo, me detuvo de la cintura con su firme y musculoso brazo, su olor era único, un perfume que encantaría a cualquiera
-Nunca dije que no me gustara su cuerpo querida Meredith- afirmó mientas posaba sus dos manos en mis glúteos y los apretaba con intensidad, su rostro destellaba fuego por los ojos, lo miré con desprecio, de verdad era muy guapo y sexy, me derretía el contacto de sus manos en mi cuerpo, pero esto era una guerra, una guerra a muerte y yo ganaría. Con mis manos tomé sus cabellos, los acaricié, miré su rostro, estaba extasiado; me puse de puntillas y lo besé, el respondió, me besaba con deseo, sus manos se movieron y acariciaron mi espalda, dirigí mis manos a su virilidad, mi objetivo se había logrado, desabroché su cinturón, dejé caer su pantalón y me volví a poner de puntillas para besarlo nuevamente, hice un movimiento y con todas mis fuerzas lo empujé fuera del baño
-Hasta la vista imbécil-grité y cerré rápidamente la puerta. Estaba feliz, había ganado esta batalla o al menos eso creía. Abrí la regadera y me duché, cerré los ojos para relajarme y vi su rostro en mi mente, ese deseo que mostró por alguien que no es de su tipo, sus manos acariciándome, ahí me cuestioné sobre la victoria, gané yo o acaso fue él.