El sonido lejano de unos pájaros lo despertó. Félix abrió los ojos lentamente, como si aún estuviera sumido en el sopor denso de una anestesia suave. La luz tamizada de la persiana dibujaba líneas pálidas sobre el edredón. Durante unos segundos, no supo exactamente dónde estaba. Luego recordó: su cama, su casa, la noche anterior. Parpadeó. Algo le oprimía el pecho, un peso leve pero insistente. Se incorporó despacio, con la sensación de que faltaba algo. De que algo no encajaba. Miró el móvil en la mesilla. Las 9:46. Domingo. El día después. Revisó las notificaciones con la esperanza de ver algún mensaje. Nada de Aurora. Nada nuevo. Solo un par de memes en el grupo de la reunión y un "anoche, genial, hay que repetir" de Sonia. Fue entonces cuando lo comprendió del todo. Aurora no había

