Él besa mi cuello, su lengua caliente y húmeda se desliza por mi piel logrando que suelte un jadeo. El roce no se detiene, aún cuando con un brazo sostiene mi pierna y me penetra con estocadas fuertes. El agua de la ducha cae sobre nosotros, pero no importa, nada importa si mantengo mis ojos cerrados.
—Andrés —gimo y luego me muerdo el labio inferior. Mi interior se contrae y tras varias estocadas más, un orgasmo me sacude. —Andrés —repito emocionada. El hombre frente a mí, me suelta y se aleja un poco. Segundos más tarde, me da un tímido beso en los labios y comienza a enjabonar mi cuerpo.
Sus manos suaves, amasan mis pechos y no puedo evitar sonreír al verlo. Jacob es guapo, es un poco más bajo que yo, pero tiene hombros anchos y fuertes. Su piel es clara y tiene unos ojos rasgados de ensueño. Tuve un amorío con él hace varios años atrás, pero lo terminamos cuando él se dio cuenta de que no podía comprometerme. De cierto modo, es la única persona que conoce mi sucio secreto y no me juzga.
Jacob me hace girar y procede a enjabonar mi trasero con movimientos rápidos. Suelto un gritito de protesta y por eso me da una nalgada. Cuando terminamos nuestro baño, vamos a su habitación tomados de la mano.
—Puedes quedarte esta noche —comenta con un brillo en los ojos —mi mujer tuvo un viaje por trabajo y regresa el viernes por la noche. —Niego, es miércoles. Jacob y yo, a veces nos vemos un día a la semana. Nuestros encuentros solo se basan en buscar el placer mutuo. Él sabe que yo no quiero nada serio y yo sé que él tiene esposa. No hay sentimentalismos en nuestra relación.
—Prefiero dormir en mi casa, ¿Qué esperas? ¿Qué durmamos en cucharita? —me burlo.
—¿Accederías si fuese Andrés? —reclama con un toque de celos en la voz.
Bufo.
—Si vas a ponerte en ese plan mejor me voy ahora Jacob.
Me atrae hacía él y hunde su cabeza en mi cuello.
—No te vayas aún —susurra contra mi piel —no me importa que me llames como él, ni que te imagines que soy él —nos vamos moviendo hasta la cama y me acuesto de espaldas. Nos observamos un rato. Jacob comienza a masturbarse frente a mí, mueve su mano con rapidez sobre su m*****o que cada vez comienza a verse más erecto. —¿Es esto lo que te gusta?
Asiento complacida.
Jacob toma de la mesita de noche un preservativo y se lo coloca ante mi mirada anhelante. Necesito aquello. Necesito que con su cuerpo me haga olvidar la realidad que parece consumirme. Mi mejor amiga quiere metérsele por los ojos a mi primo, este insiste en ser un lobo solitario y yo babeo día y noche por él.
Concentro mi atención en el hombre frente a mí, se arrodilla en el suelo y antes de penetrarme, me castiga con su lengua. Esta se mueve frenética sobre mi clítoris. Aprieto la sábana y gimo con fuerza. Una corriente eléctrica me recorre desde ese punto donde él lame, hasta lo más profundo de mi vientre. Me contraigo, siento una humedad que desciende y mis pezones duelen necesitados de caricias.
—Grita mi nombre —pide él antes de comenzar a succionar mi carne.
—Andrés —grito entre jadeos —Andrés, Andrés, ah… Andrés.
Con sus manos, él me abre más las piernas y entierra su cabeza en mi centro. Siento su nariz deslizándose de arriba abajo y me muerdo el labio hasta que siento el sabor de la sangre en mi boca. Hunde dos dedos en mi interior y creo que puedo ver luces. Me imagino que es mi primo quien me toma, me imagino que es Andrés quien succiona todo de mí.
—Andrés —susurro por lo bajo.
—Sí primita, soy yo —le escucho decir a Jacob quien se levanta y toma mis piernas para hacerme quedar boca abajo. —Pon ese culito en cuatro para mí preciosa. —ordena.
Eso hago. A pesar de que mis extremidades tiemblan, lo obedezco y me pongo en cuatro. Aprieto los labios cuando su nariz se desliza por mi otra entrada y luego su lengua recorre el mismo camino que recorrió aquella.
—Vas a matarme —le digo entre jadeos.
—Eso quiero —responde él y cuando creo que no puedo experimentar más placer, me penetra con fuerza. —Así te quería tener Sara, —se mueve con fuerza mientras con una mano acaricia mi espalda — mi abejita —gimo —mi hermosa prima.
—Cógeme más duro Andrés —reclamo cerrando los ojos. Y ahí, en mi cabeza, veo sus ojos. Aquellos labios prominentes, aquel abdomen firme y marcado, aquellas venas que se le marcan en la parte baja, aquella barba que remarca su rostro —¡Oh mierda! —exclamo cuando un orgasmo demoledor se apodera de mí.
Mis brazos pierden fuerza y quedo tendida en la cama. Jacob no deja de moverse. Lo único que se escucha en aquella habitación son nuestros gemidos ahogados. Mi compañero aprieta mis nalgas con sus dedos sin darme abasto. Se impulsa dentro de mí con tanta fuerza de que tengo la sensación de que en cualquier momento terminará rompiéndome.
—Ah —grito con la garganta reseca. Él pone sus dedos en mi clítoris y me remuevo contra él sintiendo que me contraigo de nuevo. —Ah, ah… —exclamo. Dos minutos más tarde, en los que me aferro a las sábanas tratando de mantener la cordura, él alcanza el clímax.
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Lo interesante de Jacob, es que él acepta el hecho de que aún estando con él, deseo a otro hombre. Creo que todo el asunto de que Andrés sea mi primo, lo termina excitando. Por eso, a pesar de saber que tiene esposa, he accedido a nuestros encuentros que antes no eran tan frecuentes. Pero ahora, con los sueños con mi primo que no me dan abasto, nos hemos visto una vez a la semana.
Luego de unos minutos para recuperarme de aquel encuentro, nos despedimos con un beso apasionado y me marcho con disimulo hasta la salida.
—¿Volverás la semana que viene no? Podemos citarnos en un hotel. —me pregunta antes de que alcance la puerta.
—No lo sé —respondo sincera con una sonrisa coqueta. —Si me dan ganas quizás.
—No juegues conmigo Sara, me volveré loco si no nos vemos.
—Coge con tu esposa Jacob —replico liberándome de su agarre.
—Yo quería que tu fueses mi esposa —dice tomándome de nuevo por el brazo y jalándome hacía él. —¿Estás segura de que no quieres quedarte? —susurra acariciando mi trasero con su otra mano. —Podemos seguir divirtiéndonos.
La idea me tienta un poco, no lo niego, pero dado que ya he llegado dos veces tarde al trabajo en lo que va de mes, prefiero no arriesgarme. Con todos mis gastos, no me convendría para nada un despido.
—Segura —digo y le doy un beso. —Luego nos vemos guapo.
Por suerte él me suelta y yo por fin salgo de aquel apartamento que siempre logra ponerme tensa. A veces me da miedo de que alguien le vaya con el chisme a su esposa. Por eso, siempre uso las escaleras, al menos eso fue lo que acordamos para evitar miradas de curiosos. Pienso en tomar un taxi, pero recuerdo que me gasté todo el dinero que tenía encima. Y sí, incluso hasta los 400 USD que me dio el tal Carlo desaparecieron en compras repentinas.
Porque sí, entre el lunes y el martes gasté todo el dinero comprando prendas de ropa. Si al caso vamos, necesitaba reorganizar mi armario y, de todos modos, aquel dinero había sido un regalo, así que debía comprar aquello que realmente quería. Suspiro. Sin dinero y lejos de casa, solo se me ocurre llamar a Andrés. ¿A quién más podría llamar para que me rescate?