6

1132 Words
30 minutos pasaron hasta que por fin llegó Andrés. Por suerte, muy cerca de aquel edificio se encontraba un restaurante de comida rápida por lo que pude esperarlo. Cuando salí del mismo, mi primo me dedicó una mirada que de agradable no tenía nada. Ahora vamos en su auto. La verdad es que me encuentro bastante lejos de casa y sé que para él es una pérdida de tiempo el tener que venir a buscarme, pero cuando necesito ayuda, no me dan ganas de recurrir a nadie más. —Deberías exigirle que te lleve a tu casa —comenta él para romper el silencio. Andrés sabe de Jacob, lo conoció cuando el susodicho y yo éramos novios. Lo que no sabe, es que técnicamente, Jacob y yo terminamos por su culpa. Porque sí, una de las razones fue porque no quería tener algo más serio (comprometernos), pero la otra, fue porque le terminé confesando que, desde adolescente, estaba enamorada de mi primo. Suelto un suspiro lo que le da pie a él para continuar. —Si te exige que vengas hasta su casa, al menos debería llevarte. Ni siquiera entiendo por qué te sigues viendo con ese tipo, —aprieta el volante con fuerza —después de todo lo que te hizo. Mi primo tiene la idea errónea de que Jacob me dejó por otra. Y de cierto modo es cierto, aunque la realidad fue que nos dejamos los dos. Después de caer en cuenta de que nunca iba a poder amarlo y que obviamente no quería comprometerme con alguien siendo tan joven, a los pocos meses él se comprometió con otra mujer y la noticia se volvió bastante pública. Claro, no puedo contarle todo esto, sería caótico. —Te está usando —prosigue él con la vista concentrada en la carretera. —Nos usamos mutuamente —respondo cruzando los brazos. —Tiene esposa Sara —sus nudillos están rojos —Para él solo eres su puta. Permanezco estática. Escuchar aquella palabra saliendo de su boca para referirse a mí… No, no puedo creerlo. Mis ojos de forma automática arden y la sangre se me sube a la cabeza en un arranque de rabia. —Detén el auto —replicó concentrando todas mis energías en no llorar. —Detente —repito al ver que él hace caso omiso. —Lo siento —comienza a decir —no fue mi… —Detén el auto —grito con voz aguda —sólo déjame aquí. Mi primo reduce la velocidad y se hace a un lado para salir de la avenida. Salimos de la carretera y él se desvía por un camino de tierra hasta que por fin se detiene. —¿Aquí está bien? —pregunta con una nota de timidez en la voz. Resoplo y bajo del auto. Hago como que no lo escucho y me bajo de aquel vehículo iracunda. Tomo aire para avanzar hasta la carretera cuando lo escucho bajarse y alcanzarme para tomarme por el brazo. —Quizá la forma en la que lo dije, no sonó bien, pero… —Ya lo sé, piensas que soy una puta. —No, no es eso —replica tensando su agarre —es solo que no quiero que se aprovechen de ti —trato de liberarme de su mano para seguir avanzando —si algo deseo es que halles a alguien que te valore. —Para que no me siga revolcando con tipos casados —añado con sarcasmo. —No es eso, solo digo que mereces a alguien mejor. Pero está bien, si quieres tomarte a mal lo que te digo, hazlo. —me suelta —pero sabes que no te estoy cayendo a mentiras Sara, ese hombre está casado, no está bien. Me giro hacía él para mirarlo con molestia. —Sí, sí, sí —aplaudo —el moralista Andrés, el que cambia de mujer una vez a la semana, bravo —sigo aplaudiendo. Él me toma por los hombros, pasa de estar calmado y tipo avergonzado a estar hecho una furia. Una pequeña línea se forma en su frente. —¿Quieres hacerme perder la paciencia? —inquiere —Parece que últimamente solo quieres discutir conmigo. Giro el rostro. —Tú fuiste el que me llamó puta. —Nunca dije eso —murmura acariciando mi rostro y un cosquilleo me recorre desde el área donde me toca hasta mi vientre. —Solo me preocupo por ti abejita. Suspiro. Solo basta que diga aquello para que mi cuerpo tiemble. —¿Tienes frio? —pregunta sin dejar de acariciar mi mejilla —¿Quieres un abrazo? Sonrío. Cuando Andrés actúa de aquel modo se vuelve irresistible. ¿Cómo no perdonarlo? ¿Cómo no quererlo? Asiento y abro mis brazos para luego hundir mi rostro en su pecho. Él huele tan delicioso, su cuerpo me acobija, su calor calma mi frío. —Lo siento —susurro —sé lo que intentas decir. Pero hay cosas que no sabes de Jacob y yo… Es decir, no es lo que parece. —¿Qué te dejó por otra y luego se arrepintió? Aunque sea así, sigue siendo un hombre casado. Niego y aprovecho para restregar mi rostro en su camisa. Podría morir ahora mismo. —Eso no fue lo que pasó. —¿Entonces qué fue? —pregunta recostando su barbilla en mi frente. Agradezco que no me aleje de él. —No puedo contártelo —respondo con toda la sinceridad que puedo. —Bueno, entonces si deseas que vuelva a buscarte, tendrás que pagarme el traslado. Eres la única pasajera a la que no le cobro. Bufo. —No tengo dinero Andrés, estoy en la bancarrota —me separo de él y pongo los brazos en jarras —eres un descarado al cobrarle a tu prima. Él se regresa en dirección al auto para subirse. —Entonces tendrás que pagarme de otra forma —comenta. Lo imito y me subo al auto porque la brisa nocturna hace que mis vellos se ericen. Él se pone en marcha de nuevo y el rumbo hasta mi casa continua. —Limpia mi apartamento —suelta de pronto como si llevase rato pensándolo. —vienes el domingo y lo limpias completo. Ruedo los ojos. No es la primera vez que me pide que le limpie o le cocine, y a pesar de todo lo que siento por él, supongo que el amor no es tan grande como para lograr que tome una escoba. Sin embargo, tomando en cuenta que él trabaja como taxista y ya me ha llevado en varias ocasiones gratis, asiento poniendo mala cara. —Está bien —suelto de mala gana —si así quieres que te pague, lo haré. «Aunque me gustaría pagarte de otro modo», escucho a una voz murmurar en mi cabeza.    
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD