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1114 Words
—No —respondo risueña intentando liberarme de su agarre. —Repítelo —demanda. Al ver mi negativa, Andrés comienza a hacerme costillas por la cintura y me encojo entre risas intentando sin lograrlo evitar sus manos. Retrocedo a lo cual él se levanta y caigo de espaldas en el sillón sin dejar de sentir sus dedos en torno a mi barriga. —Basta —replico entre risas, mis mejillas arden y mis ojos se humedecen por reírme tanto. —Para Andrés. Sin embargo, él continua y sin siquiera darnos cuenta, está entre mis piernas sin dejar de hacerme cosquillas. Lleva su mano hasta mis brazos, muy cerca de mis axilas y sus dedos curiosos buscan intentar acceder a esta zona de mi cuerpo. Me retuerzo en el sillón y mis manos van hasta su abdomen duro para intentar empujarlo. —Para —exclamo, en lo que casi suena como un gemido deseoso y él se inclina un poco hacía mí tomándome por la barbilla. —Dilo —me dice con su otra mano presionando mi costilla. Mi pecho sube y baja sin detenerse, por un breve lapso de tiempo, el desvía su mirada y lo nota. Sus ojos se ven más oscuros que de costumbre. Una de sus piernas está muy cerca de mi centro, así que me muevo un poco rozando la misma. Sus ojos se abren con sorpresa y siento que la mano con la que me sostiene tiembla. —Tú ganas, eres un caballero. —suelto liberando todo el aire que estaba conteniendo. Noto cierta decepción en sus ojos. ¿Él esperaba que dijese otra cosa? Se separa de mí y se sienta de nuevo en el sillón con la vista en el frente. Yo lo imito, me acomodo un poco la camisa, la cual se había removido, y le ruego a mi corazón que deje de latir como loco. Cruzo las manos sobre mi pecho intentando cubrir mis pezones erectos, pero el roce solo logra que haga una mueca. Termino por poner los pies en el sillón y abrazar mis piernas. —Está bien, te contare —dice un tanto serio —Creo que tu amiga esperaba que fuese en serio o algo así con ella. —Se pasa la mano por la cabeza —ella quería que me quedara anoche en su casa, así que tuve que resaltarle que no busco nada serio. Trago saliva. —Eliana es buena —le digo, porque es cierto. Mi amiga es un bombón andante y aunque en un principio no me agradaba que ellos estuviesen juntos, me siento un poco mal por la insistencia de mi primo de mantenerse solo. Digo, a fin de cuentas, ella es una buena mujer. —Y le gustas —añado al ver que él no dice nada. Mi primo trata de sonreír, pero luego aprieta los labios. —Ella también a mí —confiesa —pero no lo suficiente. Ruedo los ojos y me levanto de un salto para encararlo. —¿Qué es lo suficiente Andrés? —reclamo frente a él moviendo de forma frenética los brazos —Todos los años dices lo mismo. Nadie parece ser suficiente para ti. Por eso mis tíos piensan que perdiste la cabeza. —¿Tú también piensas lo mismo? —cuestiona levantándose también. Debo elevar el rostro pues él me lleva una cabeza. —Claro que no, pero ¿Qué importa lo que yo piense? —A mí me importa —responde poniendo sus manos en mis hombros —Cuando encuentre una mujer como tú, supongo que podré enamorarme —suelta sin más. Le doy un suave empujón. —No juegues conmigo. Veamos ya esa película. Creo que el respondió algo, pero no lo escucho, mi mente vuela mientras sus palabras anteriores se repiten en mi cabeza. “Cuando encuentre una mujer como tú, supongo que podré enamorarme”. ¿Cómo se supone que deje de anhelarlo cuando él me dice cosas como esas? --------------------* Luego de aquella escena un tanto incómoda, Andrés y yo vimos una película. El ambiente volvió a ser normal y bromeamos como siempre. A mitad del filme, mi mamá llegó y nos acompañó. Incluso preparó una ensalada de atún que ambos amábamos. Cuando mi primo se fue, unas horas más pasaron y luego apareció ante mi puerta Eliana. Tras una plática con mi mamá sobre su novela favorita, ingresó a mi cuarto y se tiro en mi cama mientras hablaba sobre el encuentro con mi primo. —Me lo hizo en el baño, digo, parecía gustarle Sara —remueve las piernas en el aire como una niña pequeña que hace un berrinche— pero luego, cuando ya nos íbamos, lo invité a entrar a mi casa, le dije algo como “terminemos lo que empezamos” y me respondió que no. Que estaba cansado. —Eliana se sienta y me mira furiosa —me dijo a mí que estaba cansado. Insistí, ya sabes que no soy de insistir, le dije que la íbamos a pasar bien, que podía quedarse a dormir en mi casa —ella toma aire —entonces el muy hijo de perra me dijo que no buscaba nada serio. —Calma —le digo —no es necesario que lo insultes. Ella hace un mohín y continua. —Le dije que yo tampoco, pero que, si era con él, pues podía ser y nada. Fue como si hablara con una pared —Eliana niega sin poder creer sus propias palabras. —Pero ¿Sabes? Eso hizo que ahora se me antoje más. —ruedo los ojos comprendiendo que no habrá quien le saque aquella idea de la cabeza a mi amiga —Andrés será mío Sara y lo veré de rodillas rogándome que esté con él. Río por lo bajo. —¿Crees que merece la pena? —inquiero —Desde que conozco a Andrés todavía no le he conocido a la primera novia. Él no es de buscar algo serio Eli, incluso no lo he visto más de tres veces con la misma chica. —Eso cambiará amiga mía —susurra ella con una sonrisa perversa —además, tú vas a ayudarme. La observo perpleja ante lo cual ella ríe. —¿Qué? —me cuestiona —¿Acaso no te he ayudado yo a ti siempre que lo has necesitado? —Sí, pero esto es distinto. Las personas no cambian de la noche a la mañana… Iba a continuar, pero ella me hace una señal para que guarde silencio, frustrada, cruzo mis brazos. —Tú lo conoces mejor que nadie Sara, seguro encontrarás el modo de ayudarme. “Lo dudo”, suelto en mi cabeza. 
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