Segundo día de vacaciones y segundo día de trabajo. Me desperté con muchísimo dolor de cabeza asique me tomé otra pastilla y me di un baño relajante de nuevo a ver si me sirve. Cuando voy a desayunar estamos solo papá y yo porque mamá iba a dormir ahora durante el día, aunque igualmente nos dejó el desayuno hecho arriba de la mesa.
- ¿Hoy trabajas de nuevo? - pregunta papá mientras que ve la televisión a lo que asiento, pero al darme cuenta que no me estaba viendo murmuré un "sí" con la boca llena y el ríe. - Te ví asentir pero fue gracioso.
- ¡Papá! - le digo riendo.
Termino de desayunar y al ver la hora voy a cambiarme rápido para ya salir caminando. Antes de salir agarro un papel y una lapicera que encuentro en mi escritorio.
Ma, que te vaya bien en el trabajo. Te ama, Lía
La agarro y se la pego en el tupper que sé que es donde se va a llevar la cena, saludo a papá y salgo camino al trabajo. Siempre hacemos eso, de dejarnos notitas así y decirnos siempre "te amo". No es por ser dramáticos, pero uno no sabe cuando va a ser la última vez que vas a ver a alguien, asique nos gusta hacer estas cosas.
Llego al local y ahí estaba parada con una sonrisa la señora Anderson, juro que el día que sea mayor me gustaría ser como ella.
- Buen día, señora Anderson - la saludo con una sonrisa y ella me mira enojada pero sin sacar su sonrisa de la cara.
- Te dije que me llamaras Sara, pequeña - me abraza y agarra sus cosas. - Me gusta como está quedando lo que ordenaste hasta ahora.
- Gracias - sonrío orgullosa, siempre he dicho "si hago algo, mejor hacerlo bien porque sino, para eso ni hacerlo".
Mientras sigo ordenando, me encuentro con la sección de Emily Bronte por lo que agarro el primer libro que veo de ella y lo abro en una página totalmente al azar. Al abrirlo me encuentro con la parte que dice "Él es mas yo, que yo misma. No sé de qué están hechas las almas, pero la suya y la mía son la misma", cierro el libro y veo que justo era Cumbres borrascosas. Mencionan ese libro en tantos otros libros, o en tantas películas, o también, tantas personas mayores que conocemos nos lo recomiendan.
Si hay algo con lo que sueño es con tener un amor así, un amor que sienta que es parte de mí, un amor que no me haga sentir infeliz, o caprichosa, o incordiosa por querer que me demuestren sus sentimientos. Quiero que me transmita confianza, que me quiera como soy y no me quiera cambiar, a no ser que sea algo malo que estoy haciendo, entonces si lo aceptaría. Quiero experimentar ese amor de libros, no ese dependiente y tóxico de todos los libros adolescentes de ahora, sino los lindos, amores que se demuestren de viejas formas, quiero cartas y flores, citas y dulces besos, no quiero que me presionen a tener sexo, a pesar de ya tener la edad y que todas mis amigas lo han hecho, no es lo primero que busco yo en una relación. Eso es lo que quiero, ese es el tipo de amor que busco.
Y así sin darme cuenta, ya son las 8 de la noche asique busco mis cosas para ya ir a mi casa. Junto todo, cierro con llave el local y empiezo a caminar. La noche está hermosa, el cielo está súper despejado con infinitas estrellas que sobresaltan del n***o de la noche, y una luna llena blanca hermosa. Trato de sacar una foto con mi teléfono, pero sale toda borrosa sin enfocar, por lo que me conformo con simplemente admirar con mi vista el cielo en vivo y unos pocos minutos después retomo mi caminata.
A mitad del camino, siento movimiento a mi derecha y veo que de entre todos los árboles, está el mismo lobo que ayer, ahí tan solo mirándome desde lejos. Lo que hago a continuación, la verdad es que me sorprendió hasta a mí.
Voy hasta la parte en la que empieza el bosque pero aun no hay árboles y me arrodillo, quedo con mis piernas en el pasto. De a poco el lobo se va acercando, como si tuviese miedo pero no podría decir exactamente de qué.
Cuando llega hasta mí, con sus ojos mirando los míos fijamente, siento que puede ver hasta lo más profundo de mi alma, y yo al ver los suyos me produce un sentimiento de calidez que no había sentido nunca antes de este momento.
De un rápido movimiento se acuesta frente a mi, con su cabeza en mis piernas y lo acaricio. Parece un lobo domesticado, tal vez creció en algún zoológico y se escapó o lo liberaron, creo que nunca me enteraré, si tan solo supiesen hablar.
- Si vamos a seguir encontrándonos así, te voy a tener que poner un nombre pequeño - hablo mientras le acaricio la cabeza y él simplemente me mira llevando su hocico hasta su nariz.
Si alguien me viese en este momento, estoy casi totalmente segura de que me internarían en algún psiquiátrico por loca s*****a. Junta su nariz a la mía y yo pongo mis manos a cada lado de su cara. De repente escucho que viene un auto y el animal me pasa la lengua por toda mi cara para después salir corriendo y adentrarse de nuevo al bosque. Busco rápidamente una servilleta en mi mochila, porque sí que lindo estar con el pero, ¡que asco, me chupó toda la cara!
El auto que había escuchado sigue de largo y yo vuelvo a mi caminata. Al llegar, papá estaba sirviendo la cena.
- ¡Hola! Que tarde llegas, creí que tal vez te habrías ido a lo de Betiana y te olvidaste de decirme - dice sonriendo mientras llevo mi mochila y campera a mi habitación.
- Me entretuve en el camino, está hermoso el cielo - hablo cuando salgo y le doy un beso.
- La verdad que sí.
Terminamos de cenar y antes de irme a acostar me llama.
- Mañana cuando te despiertes no voy a estar porque la voy a ir a buscar a tu mamá a la ciudad, ¿vas a estar bien?
- Sí pa, no hay problema - le contesto, no es la primera vez que me dejan sola en la casa y como no pasa nada, no me preocupo.