- Escuché que va a entrar un chico nuevo a nuestro curso - me dice Betiana mientras estamos sentadas en mi cama.
Ayer fue mi último día de trabajo, Sara me agradeció como aproximadamente medio millón de veces y me dijo que cuando quiera volver a trabajar ahí, siempre iba a tener mi lugar. También me dijo que en esta semana vaya y elija un libro que ella me lo va a regalar.
Como se hizo costumbre, todos los días al volver del trabajo caminando, me encontraba con mi buen amigo el lobo. Llegó un momento en el que le empecé a decir, Sparky, a pesar de que no parece ser un nombre apropiado para un lobo fue el único que se me ocurrió. Está mas que claro que no le dije a nadie que todos los días, durante unos minutos, me ponía a jugar con un lobo y hacerle caricias porque no se como reaccionarían pero yo lo seguía haciendo.
- ¿Cómo sabes? - le pregunto a mi amiga por lo que me contó del supuesto chico nuevo.
- No lo sé, ¿será porque el director es mi tío? - ambas reímos, muchas veces se me olvida ese pequeño detalle. - ¿Vamos a ir a la fogata de hoy, verdad?
- Sí, papá y mamá ya me dijeron que sí asique si querés nos cambiamos en tu casa o acá.
- Mejor acá, porque ya les dije que me quedaba acá y que iba con vos - la miro entrecerrando los ojos pero después le sonrío, una parte de mí ya suponía eso en cuanto ví la mochila con la que vino.
Una vez ya cambiadas, con algo fresco porque todavía no termina el verano y sigue haciendo calor, salimos camino a donde vamos a hacer la fogata, que es dentro del bosque pero no demasiado, digamos que a una distancia prudente en la que podemos emborracharnos sin que nos vean pero tampoco nos perdemos, esa es mi lógica.
Al llegar vemos que la fogata ya está prendida y están algunos de nuestros amigos.
- ¡Miren quienes llegaron! - grita Emanuel arrastrando las palabras, de nuestro grupo de amigos / curso de la secundaria, es el primero que se emborracha, siempre. No tiene una buena resistencia al alcohol asique lo más probable es que termine votamitando.
- Te apuesto 100 pesos a que vomita en dos horas - me dice Beto al oído, indicandome el dos con sus dedos y yo le sonrío.
- Trato, para mi vomita en una hora - chocamos las manos y seguimos nuestro camino saludando.
Cada vez llega más gente, algunos traen a sus primos o hermanos y todos nos llevamos bien. Con la música nos ponemos a bailar hasta que se de repente veo a alguien vomitar, quien es obviamente Emanuel y voy corriendo hasta mi amiga.
- Está vomitando - le digo con una sonrisa y ella mira para verificarlo.
- ¿Cuánto pasó? - me fijo la hora y le contesto.
- Una hora y 15 minutos - río mientras ella me da la plata sacándome la lengua. - Es un placer hacer negocios contigo.
- Te odio.
- Te amo - rueda los ojos y se mete a la ronda para bailar, mientras que yo voy a servirme algo más para tomar.
Más o menos a la sexta vez que me vuelvo a servir lo hago mirando a los árboles, y veo una sombra que pasa. Camino despacio adentrándome más al bosque en busca de la sombra, hasta que la sombra me encuentra a mi.
- Sparky - susurro mientras él me mira y camina hacia mi. - Hola, tanto tiempo pequeño - río sola, obviamente porque si el lobo se ríe creo que salgo corriendo y me interno yo solita en un psiquiátrico, - Te digo pequeño y sos literalmente un animal que mide lo mismo que yo - me siento entre las ramas y él apoya su cabeza en mis piernas. - Estoy un poco borracha, no se si podés oler esas cosas vos.
- ¡Lía! - escucho que grita alguien y me levanto medio que casi me caigo pero Sparky me ayuda a mantenerme de pie poniendo su cuerpo debajo de mi brazo y le sonrío.
- Gracias Sparky.
- ¡Lía! - vuelvo a escuchar.
- Otro día nos veremos pequeño - le hablo cerca de la cara y después me doy la vuelta para volver a la fogata. - ¡Voy! - les grito para que me escuchen, quien sea que estaba gritando mi nombre.
- Ahí estás loca, ¿dónde te fuiste? - me pregunta Beto abrazándome en cuanto llego.
- Estaba con Sparky - le sonrío tratando de quitarle su vaso pero ella no me deja.
- ¿Y quién es Sparky?
- Mi amigo, es un lobo - al decir esto ella ríe.
- Creo que ya tenés muchas copas encima - pienso en discutirle en que es verdad que Sparky es mi amigo y encima es un lobo que mide lo mismo que yo pero prefiero callarme.
Enzo, otro de nuestros amigos, es quien nos lleva de vuelta a mi casa porque Betiana decidió quedarse para ir mañana juntas al colegio, y también para que yo no me caiga y termine durmiendo en el piso de la cocina. Estas son amigas de verdad, yo lo sé.
Entramos y está todo oscuro, asique mi amiga me guía hasta mi pieza, me cambio de mala gana y me acuesto. Enseguida ella hace lo mismo a mi lado y al verla me sonríe.
- Mañana empieza nuestro último año.
- De hecho, hoy empieza - reímos pero nos callamos enseguida para no despertar a mis papás que los dos trabajan mañana temprano, o mejor dicho, trabajan hoy temprano.
Al otro día al despertarnos, por mi parte con mucho dolor de cabeza, desayunamos, nos cambiamos y prácticamente salimos corriendo porque sino, llegaríamos tarde. Obviamente, antes, les deje una nota sobre la mesa desayunadora a mis papás.
Llegamos tarde, primer día. Los amo, Lía
Muchas veces mi amiga me ha preguntado por qué no les mandaba un mensaje de texto directamente, y siempre le he contestado lo mismo, nada se compara a una cartita, ni aunque tenga dos palabras en su contenido.
Al entrar al salón nos sentamos una al lado de la otra, porque las mesas son de a uno, sino, nos sentaríamos juntas. El profesor ya estaba dentro pero como estaba buscando algo en su maletín no nos vió pasar.
- ¿Ya tomó lista? - escucho que Betiana le susurra a Aiden, otro de nuestros compañeros y amigo, él solo niega la cabeza.
Una vez que encuentra lo que estaba buscando, el profesor levanta la cabeza fijando la vista en nosotras, a lo cual le contestamos sonriendo, iba a hablar pero justo entra el director.
- Buen día, en su primer día chicos - todos le decimos gracias. - Hoy entra un nuevo compañero, Caiden Preston, pase por favor.
Cuando termina de decir eso, entra un chico que es más alto que el director parado a su lado y mira todo el salón. Siento que posa su mirada en mí por unos segundos, pero tal vez sea solo mi imaginación.
- Puede sentarse al lado de la señorita Taylor - dice el profesor a lo que él lo mira con una ceja levantada y yo río. - ¿De qué se ríe señorita?
- De que si no le dice quien soy, es nuevo, y no lo va a saber - el resto de la clase ríe y veo como el chico nuevo asoma una sonrisa.
- No sea mal educada.
- Tiene razón igual - ríe el director mientras que Caiden se sienta en la mesa que está a mi lado. - Me retiro, asique empiecen su clase.
Me doy la vuelta para presentarme pero de a poco voy quitando mi sonrisa para demostrar una cara de duda. Me mira con sus ojos verdes, son de un verde oscuro y profundo, esos ojos, yo conozco esos ojos.