Debo de estar alucinando, por dios Lía, estas comparando la mirada de un lobo con la de un ser humano que está sentado junto a vos. Si antes ya parecía loca, ahora lo confirmo completamente.
- ¿Estás bien? - me desvía de mis pensamientos mientras sonríe, con una sonrisa que me transmite alegría por alguna extraña razón y tardo en reaccionar pero al fin lo hago.
- Sí, perdón, me perdí en mis pensamientos. Te pareces a alguien que conozco - me mira esperando a que hable más pero no se si hacerlo.
- ¿Cómo se llama tu conocido?
- ¿Sparky? - contesto insegura en forma de pregunta, y él solo ríe mientras niega con la cabeza. - Por cierto, me llamo Lía Taylor.
- ¿Y tu apellido?
- Taylor.
- Pero Taylor es un nombre.
- Y también un apellido, ¿conocés a Samuel Taylor? - recuerdo uno de los libros que ordené en mi trabajo.
- ¿El poeta? - sonrío asintiendo, me impresiona que lo conozca. - Sí, lindo nombre. El tuyo, y bueno el de Samuel también - río por su comentario.
- Gracias - le contesto sonriendo dandome la vuelta, dando por terminada la conversación porque la verdad no quiero que el profesor vuelva a retarme.
A la hora del almuerzo salimos, pedimos las cosas y nos sentamos en una de las mesas. No tenemos grupos acá dentro, tal vez unos se llevan mejor que otros pero hasta ahí llega, nadie tiene ningún lugar asignado.
- El chico nuevo viene hacia acá - me susurra Betiana a mi lado.
- Hola - saluda parado al lado nuestro y todos en la mesa lo saludamos. - ¿Puedo sentarme acá? - me mira y luego presta atención a quien le responde.
- Si obvio - contesta Emanuel feliz, él es una persona extremadamente sociable, siempre que vamos a pasear a la ciudad termina haciéndose algún nuevo amigo o amiga.
Caiden se sienta entre Enzo y yo sonriendome, a lo que le contesto con otra sonrisa.
- Asique, ¿por qué te mudaste a este pueblo?
- ¿Emanuel? - pregunta a lo que el nombrado asiente en afirmación. - Porque mis padres querían un cambio, asique nos mudamos al pueblo que más cerca estaba.
- Te mudaste a la casa en la que vivía el señor Barragan, ¿verdad? - pregunta ahora Betiana.
- Sí, creo que se llamaba así - todos sonríen en forma de respuesta, no se por qué pero solemos hacer eso cuando no sabemos que más decir. - ¿Alguna advertencia que deba saber para vivir en este pueblo?
- Tené cuidado con los osos - le digo yo.
- Eso ya está asegurado - me guiña el ojo sin entender el por qué, pero me da la sensación de que se sabe cuidar solo muy bien.
- Vos porque estás traumada con los osos - ríe Enzo a lo que lo miro mal.
- ¿Qué te pasó? - pregunta Caiden.
- A los 6 se me acercó demasiado uno, que parecía malo, y mi papá junto a un vecino tuvieron que matarlo para que no me haga nada.
- Pasaron 11 años, y ella sigue traumada con el oso - agrega Beto.
- ¿Con los lobos no hay que tener cuidado? - pregunta mientras mantiene su mirada en mí y yo me muevo nerviosa mientras que los demás ríen.
- No hay lobos acá - dice Julián, quien habla por primera vez desde que nos sentamos.
- Según Lía ayer, tiene un lobo amigo que se llama Sparky - escucho que habla Betiana y le pego una piña no muy fuerte en el brazo a lo que se queja, yo mantengo mi silencio.
- ¿Un amigo lobo llamado Sparky? ¿El mismo Sparky que me dijiste hoy? - pregunta él mientras me mira, justo toca el timbre asique me paro enseguida.
- Que lástima, justo tenemos que volver a clase - salgo caminando para entrar de nuevo al salón, maldita bocota la tuya Betiana, van a creer que estoy completamente loca, especialmente el chico nuevo porque ni siquiera me conoce.
Cuando salimos del colegio, decidimos juntarnos en una plaza e invitamos también a Caiden, parece un buen chico y nos cayó bien a todos.
Después de pasar una tarde llena de risas, cada uno vuelve caminando a su casa. Algunos de nuestros amigos tienen auto pero para ir a la secundaria vamos caminando, los usan solo para ir a la ciudad o como ayer que fuimos a la fogata.
Al llegar, mamá también estaba entrando y papá estaba sentado en el sillón completamente dormido.
- Al parecer tenía sueño - me susurra mamá y le asiento. - ¿Cómo te fue en tu primer día?
- Genial, hay un chico nuevo.
- Sí, eso había escuchado. ¿Y cómo es? ¿Es lindo? ¿Es simpático? - río por las preguntas de mi mamá, ella siempre quiere conseguirme un novio, según ella es cuando más aprendés de los errores y la verdad es que a mi no me gustaría cometer alguno, pero los errores son parte de la vida misma. Definitivamente nadie es perfecto, no creo en la perfección porque todo tiene al menos una proporción de imperfección.
- Es simpático, nos cayó bien a todos. Y podría decirse que es lindo - le admito en un susurro esto último, pero logra escucharlo y grita haciendo despertar a papá. - Pareces una adolescente ma, por dios - reímos mientras que nos sentamos todos al sillón.
- ¿Quién prepara la cena? - pregunta mamá, y enseguida ella y mi otro progenitor dicen "no" a la vez.
- Maldita sea - grito porque me toca a mi.
- En esta casa no se maldice - habla papá.
- Maldita sea - repito y me paro para empezar a cocinar, igualmente me río porque me causan gracia este tipo de cosas que hacen cada tanto.
Después de cenar y despedirme de mis padres, me baño y lavo los dientes para irme a acostar. Reviso mi mochila en busca del cargador de mi celular porque siempre me lo llevo a todos lados, y ahora lo necesito. En su busca me encuentro con un papel que definitivamente yo no puse ahí asique lo abro para leerlo.
Lía.
¿Te gustaría tener una cita conmigo? Probablemente te vayas a preguntar, ¿por qué si recién nos conocemos? Pero esa es exactamente la razón, quiero que me conozcas más. Mañana espero tu respuesta.
Por cierto, soy Caiden.
Me quedo con la carta unos minutos hasta que vuelvo en mi, me intriga saber por qué puso "quiero que me conozcas" y no, "quiero que nos conozcamos", pero bueno, soy detallista lo siento. ¿Quiero? Creo que sí quiero, parece un buen chico y es momento de empezar a salir de mi zona de comfort en la cual estoy desde hace años. Por alguna extraña razón siempre he rechazado a todos los que me han invitado a salir, pero él me da una especie de aura que quiero conocer.