Horas y horas pasaban; mientras su cuerpo era consumido por abusos de cada uno de los cuatro hombres; ya que el líder apodado el “León”; solo estaba fumando un puro sentado en el sofá grande de lo que queda de sala; el desastre no paraba y más los abusos que recibía de cada hombre, mientras uno la penetraba gozándose de su débil cuerpo, casi muerto otro le mordía los senos más o menos proporcionados que se estaban desarrollando. No conforme con ello, los demás le mordían las manos y pies, chupando o lamiendo con sus asquerosas bocas sin cesar, así era todo el proceso de los cuatro, después de que el líder la follo salvaje, golpeando su cara y cuerpo, dejándola con marcas, moretones o chupones por toda su piel.
Cuando fue el turno de los demás, se desató el horror de como estos hombres que ella pudo identificar, y que jamás va a olvidar de su mente su se encuentra nublada y llena de golpes, un ojo morado sin que pueda ver y el otro con la vista ida, mientras siguen saciando las ansias de dejarla muerta, su sangre corre por el piso en distintas partes de su cuerpo por mordeduras o golpes su alma anhela la muerte, para estar con sus Padres la risa del líder no para, ni tampoco sus palabras al disfrutar su agonía.
— Te lo dije Tatlilik (Dulzura), tu muerte sería lenta y ya casi vas a morir…
De inmediato fue interrumpido, por el sonido de un teléfono que tenía dentro del bolsillo de su pantalón; lo sacó sin dudar colocándolo en su oído izquierdo, mandando a callar a sus cómplices, que dejaron de moverse; quedándose a la espera de continuar, pero las facciones de su líder cambiaron de forma tan atroz, por una marcada de rabia punzando la vena que se hacía en su frente; señal de rabia o molestia cosa que los demás se miraron entre sí, cuando vieron que la joven la tenían en el suelo chillaba de dolor, decidieron reaccionar.
— ¡Cállala ahora!, Carlo o Santino se pondrás más colérico. —
— Eso hago Federico. — le tapo la boca a la joven, mientras el otro estaba más tranquilo.
— Esto no me gusta, seguro es el Amo turco.
— No digas nada Filippo, o no podemos seguir jugando con esta hermosa criatura. — expreso el pelirrojo, tocando la piel de Isla con morbosidad.
— Para Hasan o te rompo la cara, debemos esperar órdenes. — Soltó el rubio, mandando que se pusieron de pie y acomodar su ropa.
El líder siguió al teléfono por tres minutos más, hasta que colgó para guardar el artefacto en su lugar abrochar su cinturón, colocarse su camisa negra, al igual de su chaleco antibalas, para terminar con su pasamontañas miro a todos con frialdad, que la voz fue aún más demandante.
— El jefe mayor hablo, al no tener dicho dispositivo que según tenía esa basura. — señaló al cadáver, que estaba comenzando a descomponerse les volvió hablar. —. Entonces, ordeno la limpieza general, para ir a la cueva hay otras órdenes. —
Todos se quedaron no muy contentos de no poder seguir disfrutando del cuerpo de una niña tan hermosa, pero ahora es solo un pedazo de carne que se está muriendo, solo se dedicaron a obedecer vistiéndose con rapidez para así colocarse el pasamontañas, dónde se a sacar uno de ellos de la parte de atrás de la cochera, dos bidones llenos de un líquido inflamable.
— ¡Has Algo Hasan! y deja de tocar a esa niña. — le reprochó, al verlo morder uno de sus dedos de la mano derecha, el aludido se puso de pie de mala gana.
— Cállate Federico… ella es carne y quiero seguir jugando. —
— Pues… te quedarás con las ganas, el tiempo corre ¡muévanse! — Aclaro el líder, y los demás se pusieron a destruir el lugar, faltaba poco para salir.
Poco más de media hora, dejaron rociada la casa de ese líquido; sin dejar ningún lado suelto, incluso el cuerpo de Isla que estaba casi sin vida en el suelo de la gran sala, solo gotas le cayeron en diferentes partes. Así que los hombres la dejaron allí, salieron fuera de la casa llevando, cada uno un bolso colgando en sus hombros.
El líder mira a uno de ellos, y procede a dar el siguiente paso.
— Carlo busca la camioneta con Filippo, mientras Hasan y Federico se quedan conmigo a la espera. — marco la orden, y se fueron los que el mencionó.
— Tú dirás líder. — hablo Hasan y Federico estar de brazos cruzados viendo la casa.
— Federico; quiero ver arder está casa, solo será cenizas nadie la recordará. — Dijo firme, viendo cómo el mencionado saco un encendedor y el fuego activado lo dejo caer, en el líquido cercano donde ellos dejaron para iniciar el fuego.
El fuego se hizo notorio; llenando todo el lugar poco a poco, para ya verlo encendido y consumiéndose por el humo la sonrisa de Santino era notoria, mientras los demás lo veían, dejo de mirar la casa al ya estar la camioneta negra estacionada, alzó la mano mandando a todos a abordar, y eso hicieron acelerando Carlo que estaba de chófer, dejando atrás la dichosa misión que los dejos completos, pero insatisfechos por no lograr tener lo que su Amo pidió y jamás pudieron obtener al no haber ninguna evidencia del mismo.
(…)
5 minutos antes…
El cuerpo de Isla, se debatía en moverse pero los dolores y golpes en su cuerpo se los impedía trataba llorando sin parar, rogando dentro de su mente, antes de ver cómo llegaba a su nariz el olor de humo o algo quemándose.
Sintió terror al ver el fuego entrar por la entrada de su casa, se pudo medio colocar de lado, para ir arrastrando su cuerpo por todo el lugar, antes de llegar las llamas a ella, su mente estaba destruida pero solo uno la dejaba con valor y eran las palabras de su Padre.
— Se valiente Isla…
Con eso en su mente, saco fuerza dónde no pensó y como pudo llegar a un sótano de la casa, dónde su madre lavaba la ropa; allí cojeando de su pierna derecha y brazo izquierdo más lastimado que el otro, sin ver de un ojo, seguía corriendo por su vida, busco una puerta que su Padre le hizo, para ella salir al jardín trasero de la casa y llegar al bosque que estaba cerca de su casa como pudo salió, el fuego no paraba llegando al sótano, al estar afuera pudo ver el cielo tornándose oscuro, pronto ser invadido por la noche misma.
No miro más nada y siguió su camino medio corriendo por su vida, estaba perdiendo mucha sangre, su rostro no era reconocible solo tenía en su cabeza el buscar ayuda o mejor aún morir; así siguió el inmenso bosque. Que de pronto, fue lleno de la noche y los sonidos de los animales, eran notorios a más no poder, hasta donde su cuerpo le dio oportunidad de llegar. Fue a parar a un lago inmenso, lleno de una corriente poderosa, se miró en el reflejo del agua con la poca luz de la luna, detallo su cuerpo y rostro, tan irreconocible como muerto negó para si misma.
— Está eres tú Isla… y ahora te reunirás con tus Padres. — Susurró con dolor, soltando una lágrima, para darse vuelta y caer al lago.
Su cuerpo cayó al vacío, dónde fue sumergido cayendo en un profundo sueño, ahí su cuerpo ya no pudo seguir, es por ello que la corriente hizo su trabajo llevándola río abajo, arrastrando su cuerpo donde su muerte fue realizada.
???
El río hizo su trabajo de llevar el cuerpo, por todo su recorrido a lugares que jamás ella podrá reconocer en la vida. La noche, se fue apagando con el paso de las horas, hasta que dio inicio la mañana, el sol estaba es su punto; dando lo mejor para cada persona que salía a trabajar o hacer deberes en casa, como lo hacía una señora mayor de cuarenta años, estando en su humilde morada, salió con su cesta para lavar ropa al río que quedaba cercano y la corriente era nula, para que pudiera hacerlo sin preocupaciones.
Estaba emocionada de que su nieto, hoy vendría a visitarla; ya que sus tíos lo traían desde Turquía, que fue criado porque creció con sus Padres que a través de las guerras murieron; siendo el único en ser encontrado su nieto, en hileras de muertos que hubo en esos años, ahora que es todo un adolescente, ha cambiado su forma solo tiene fotografías que evidencian su crecimiento.
Por su parte, logro llevar al río la cesta grande de ropa; allí se acercó a su piedra con gran tamaño a dejar la cesta, para sacar unas prendas y comenzar a lavar a mano todo con su jabón especial; durante el proceso de lavado miró por un momento el lugar, cuando nota un sonido de algo que se cayó, dejándola confundida miro en toda el áreas, hasta percatarse de un cuerpo que está boca abajo, cerca de un gran árbol que crece bajo ese río, amplio sus ojos notando que era una niña joven.
Con rapidez se movió, a su encuentro volteó el cuerpo y certificó que era una adolescente, que estaba en un estado deplorable le puso la mano en su cuello dándose cuenta de su debilidad, que no se sentía casi el pulso; logro moverla en el agua, acercándola hacia una de las rocas cercanas la dejo sobre ella, para ver mejor su cuerpo.
— ¡Oh por Dios! Que te han hecho niña. — le tocó su mejilla, que tenía hinchada al igual que su ojo izquierdo.
Sin darse cuenta, comenzó a darle respiración de boca a boca, para tratar de reanimar su cuerpo que no reaccionaba al tratar de llamarla. Lo siguió haciendo por cinco segundos, hasta que logro sentir como el cuerpo de la joven era elevado con fuerza al expulsar el agua que se había tragado, lo dejo sacar todo pero la niña se volvió a desmayar la vio fue por un mínimo segundo.
Eso le preocupo a la señora, salió del agua y fue rumbo a sus vecinos cercanos pidiendo ayuda, que fue atendida de inmediato; llevaron el cuerpo de la joven a la casa humilde de dicha señora, que le agradeció enormemente a su vecino un hombre bigotudo de cincuenta años, que se ofreció ayudar sin problemas.
Media hora después; la señora se encargó de curar cada una de sus heridas, no quiso llamar un médico; porque no quería tener a la policía intervenida en su hogar era sábado y deseaba tener un día cómodo. Así que, optó por curarla ella, tenía conocimiento en la materia fue enfermera en su juventud y ahora se encontraba jubilada, de vez en cuando iba a prestar apoyo al hospital cercano de México, pero tenía a una niña en una de las tres habitaciones que hay en el lugar, limpiando sus heridas revisando por completo cada parte de ella.
Dándose cuenta, que fue violada y maltratada por muchas personas en este caso hombres, ya que las marcas eran de manos varoniles, bufo de molestia al ver cómo pueden lastimar a una niña tan joven, seguro fue llevada a un lugar con engaños, iba hacer lo posible cuando tenga a su nieto en casa, de mantenerlo alerta y cuidarlo de tanta maldad que puede existir en el mundo.
— ¿Quien pudo lastimarte de esta forma? — dijo de forma suave, al terminar su curación, sin recibir respuesta para después salir de la habitación.
Ya estando afuera, pudo dejar todo en su sitio, para así volver a lavar la ropa que dejó sobre el río. Dos horas transcurrieron, cuando terminó de lavar, dejando la ropa secar en el jardín inmenso que queda cerca, allí pudo volver a la casa a preparar una olla de té de manzanilla, para la niña y ella relajar su cuerpo, se sentó en su pequeña sala hogareña de madera, era pequeña pero de gran confort para todos lo que la visitaban, su cocina estaba doblando el pasillo, tres habitaciones con todo lo necesario y sencillo, la sala junto a su puerta principal de madera pulida en color naranja, jardín trasero techo de buena madera hecha y construida por su querido esposo, que falleció hace cinco años, tuvo dos hijos del cual le permitió tener uno de los dos un nieto, el cual es su amor y orgullo como abuela.
Pensaba en como esa joven, pudo llegar a ese río y lo que le hicieron todavía tenía muchas dudas; que pronto serían aclaradas al ella despertar, como pudo volvió a vigilar a su visitante, dándose cuenta que seguía dormida respirando ahora mejor que antes. Se quedó a su lado, velando todo; dónde pudo ver una marca en su costado izq. en forma de L, como si le marcarán a un venado o caballo, estaba impotente por todo lo que una joven hermosa pudo haber llevado.
En ningún momento, se apartó de ella la vistió con una ropa de ella siendo una bata de dormir en color verde claro; mientras que la otra ropa solo eran harapos, que sólo estaban medio tapando su cuerpo, ya después le compraría ropa de su talla. Fue cuando sintió, el timbre y la puerta ser tocada, no dudo en colocarse de pie e ir abrir.
Al estar en la puerta, pudo ver estacionado en el frente un carro plateado de cuatro puertas; dónde salió su hijo menor Luis, junto a su esposa Rosa una rubia ojos azules como su hijo, no por algo la cultura turca les pasaba de lado; le sonrió de lado invitándolos a pasar, detrás de ellos venía su nieto, tan parecido a su fallecido hijo mayor Peter saco sus rasgos al igual que su Madre.
Los llevo a la sala, fue a la cocina por unos jugos y bocadillos para que se sintieran a gusto, que al volver ellos estaban sentados y su nieto de pie viendo la fotografía de su Padre, causando nostalgia en ella al acercarse por detrás de él y darle un beso en su mejilla.
— Hola mi querido Omar. — le hablo con cariño, que se dio la vuelta.
El aludido elevo la mirada seria, a causa de la tristeza de no tener a sus Padres, lo pudo detallar la abuela en sus ojos, que sólo se inclino un poco para besar su frente y volver a ver sus ojos verdes claros llenarse de brillo.
— Bendición abuela. — hablo suave, ganándose una sonrisa de su parte.
— Te ves grande, me recuerdas mucho a…
— Ha papá lo sé. — le completo la frase, para irse a sentar y tomar su jugo de mora, que ella les sirvió.
Se le quedó mirándolo, como le afectaba que hablará de su Padre no sabía, que también a ella como Madre le dolía en demasía no tenerlo para abrazarlo y sembrar en el jardín frutas o verduras, que le gustaría tener, allí aprovecho de compartir en familia con todos, dialogando y conociendo las nuevas noticias de Turquía y más en la capital de Ankara.
— Madre todo está algo turbio, las mafias hacen de la suya, quitando o robando es horrible. — informo su hijo con desagrado.
— Entiendo… parece que eso es un motivo para el gobierno, pero nada hace. —
— No sé puede Sra. Bianca, es como si él gobierno trabajará a la par con ellos.
— Es así Madre. — estuvo de acuerdo con la opinión de su esposa.
Negó levemente la señora, por la situación de su país, jamás pensó que emigrar le traería un poco de paz, de la que no pudo tener en su verdadero hogar. Para cuándo fue a tomar un bocadillo, se percató que su nieto no estaba, dejándola en alerta se puso de pie, dándose cuenta su hijo y nuera.
— Mamá ¿Qué sucede? — pregunta.
— Nada cariño, solo no veo a Omar. — Le respondió, dejando que ellos se dieran cuenta.
— Es seguro está explorando la casa o el jardín Sra. Bianca. — Ella asintió, pero se sentó nuevamente inquieta.
Por un largo rato, olvidó que su nieto no estaba, que solo compartió con su hijo, de muchos temas que no hubo momentos de hacerlo, ya que a veces la comunicación tiende a ser inestable, río mucho por las bromas, que decía su nuera al regañar a su hijo, que no hace nada por limpiar la casa.
— Vaya… Luis eres cochino hijo, yo no te enseñe eso. — Reprochó y él aludido, rascarse el cuello avergonzado.
— Es como todo señora Bianca, él suele ser así; pero después lo hace. — soltó riendo, para dejarlo en plena vergüenza.
— No puedo con esto… mejor voy al baño. — Hablo, para ir al pasillo donde queda, alejándose de la sala.
Las mujeres en su ausencia, se rieron entre sí volviendo a conversar. Cuando sienten un sonido extraño, que hace que la señora Bianca se ponga de pie y vaya a la tercera habitación, dejando a su nuera confundida en el mismo lugar, ya estando en la habitación pudo ver qué la joven estaba despierta y arrinconada en el copete de la cama con las manos sobre sus rodillas en estado de protección o retraída viendo a ¿Alguien? Que de inmediato, pudo notar a su nieto en una esquina viéndola serio, y sin emoción alguna.
Enseguida cerró la puerta, acercándose en dos pasos, hacía su nieto y tomarlo de la mano, para mirarlo y comenzar a hablar seriamente con él.
— Omar ¿Qué haces en esta habitación? — pregunta.
— Nada abuela, solo estaba viendo la casa y escuche sonidos que venían de esta habitación, dónde detalle que ella estaba…
— Dime, no te cayes nada cariño. — le insistió.
El joven, se zafa del agarre de su abuela para poder mirar por un momento a la chica, que está todavía en la misma posición; viendo las sábanas de la cama en dónde se encuentra, que sólo bufo por lo bajo viendo finalmente a su abuela.
— Estaba teniendo una pesadilla o eso creó, porque gritaba de dolor diciendo que: ¡Suéltenme alimañas! Basuras de hombres, me dan asco y otras cosas ¿que no pude entender?, era como si batallaba con personas, que le hicieron daño. — termino de decir, mirando otra vez a la chica, que le causaba curiosidad.
Al oír todo eso, bajo la mirada comprendiendo, lo que pudo sentir esa joven; ya que ella pudo cerciorarse que sufrió violación y todo tipo de maltratos dejando una marca, que jamás desaparecerá de su cuerpo.
— Por favor Omar, te pediré que guardes en secreto lo que oíste y no le digas nada a tus tíos ¡Comprendes! — le pidió, dónde asintió respetando su decisión.
— Lo prometo abuela, solo dile que no le haré daño, trataba de ayudarle. — fue lo último que dijo, para luego salir de la habitación.
Lo vio marchar, para ir directo a la joven que estaba en su misma posición fue cautelosamente acercándose; dónde la joven se percato poniendo las manos en su cara, respiró un poco para solo sentarse dándole espació y no dudo en hablar.
— Lamento no poder estar cuándo despertaste, pero me llamo Bianca Topal y el joven que viste es mi nieto; no te hará daño es un buen chico. — Pauso, para sacar una de sus manos de su cara, pero ella la rechazó alejando su mano.
— Déjeme no me haga daño… por favor…
— No lo haremos. — le interrumpió. —. Solo quiero ayudarte, y que me digas ¿Qué te ocurrió? O decirme si tienes familia. —
Al decir eso último, ella comienza a llorar notando que seguro es huérfana; pero la ropa que traía era de un colegio bueno, según lo que detallo de la insignia, que traía a un lateral de la manga de su camisa o lo que quedó de eso. Sin darse cuenta, pudo llegar a ella para quitarle sus manos de la cara, abrazándola con gentileza y cariño; le tomo unos segundos poder adaptarse, hasta que se dejó viendo cómo seguía sollozando sin parar.
— Tranquila mi niña… estás a salvó, no te harán daño esos hombres jamás, tú serás valiente. — Aconsejo con dulzura, acariciando su cabello largo, que lo tenía desaliñado por estar recién levantada.
Las palabras que boto la señora Bianca, le hicieron recordar las mismas que le dijo su Padre, antes de morir a manos de su opresor fue como un botón de encendido para ella dejar de llorar y estar en silencio, secando sus lágrimas con molestia.
— ¿Dónde estoy? — le hablo por segunda vez.
— En mi humilde hogar, no sé de ¿Dónde eres? Pero te encontré en el río cercano a mi jardín trasero. — Informó y la joven, volverse a sentar para mirarla mejor, dándose cuenta de lo mayor que es.
— Mi hogar no existe… menos tengo familia fueron asesinados…
— ¡Por Dios! Y la policía te ayudo. — le indico; pero la chica negó en silencio. — De verdad lo siento, pero entenderé que no quieres hablar, por ahora te digo que vivirás conmigo aquí, hasta tener una solución de tu caso.
Isla la miro por un mínimo momento, tratando de descifrar si era de fiar, pero al ver su cuerpo pudo notar, que ella le curo sus heridas y la baño colocándole ropa grande que no es su talla, pero estaba limpia sin nada que tenga rastro de las asquerosidades; que le dejaron sobre su débil cuerpo que al pensarlo quería era tomar un cuchillo y suicidarse para acabar con su vida; pero la voz de la señora Bianca se hizo presente tomando su mano, que ella quitó marcando otra vez distancia.
— Perdón… sé que no es fácil para ti, pero puedes decirme al menos tu ¿nombre? — pidió con nobleza.
Duro unos minutos, para luego decirlo.
— Isla… me llamo Isla Yilmaz Sánchez. —
— Bonito nombre, parece que eres un tesoro, porque de ahí proviene tu nombre. — Dijo en broma, pero la niña no río solo se le quedó viendo. —. Te traeré algo de comida, y no aceptaré un no, como respuesta.
Le señalo con autoridad, que ella acepto para ver cómo después se fue por la puerta dejándola sola. Allí pudo admirar el lugar que se encontraba, una simple habitación sencilla; sin tanto lujo que le pareció acordé, ya que ella no era de lujos, pero si le gustaba pintar su habitación la que era su humilde morada, sin darse cuenta volvió a nublarse su vista, tocando su mejilla izquierda, sacando la lágrima que rodo la miró; pero la impotencia creció en ella viendo esa gota.
— No volverás a llorar Isla; desde hoy serás un alma de hierro y corazón de cristal impenetrable, sin emoción ni vida. — Se auto decreto, como un juramento de vida.
Para volver la mirada al frente, viendo en la pequeña ventana, que había en esa habitación lo que es el jardín trasero con su resplandeciente sol del día.