La mente de Isla, era todo un tormento ver a sus Padres ser capturados y tratados como animales es lo peor; que ha podido ver mientras sus lágrimas siguen su curso derramándose, por sus mejillas al mirar al hombre asqueroso, que la toco minutos antes con su arma, ahora golpeaba a su Padre en su rostro; llenándolo de moretones buscando respuestas de ¿algo? Que no tiene lógica, y más al oír como se ríe mientras lo tortura.
— ¡Vamos Piero! ¿Dime lo que quiero oír? Es sencillo. — Dictaminó, al golpear su otra mejilla, sacando la mordaza en el proceso.
Ahí pudo ver, como su Padre escupió sangre y la respiración la tenía acelerada, que no pudo más, volviendo hablar.
— Ya basta… mi Padre es inocente, y lo que buscan no está aquí. — Grito con autoridad, y los cinco hombres poner atención.
— Lamento decirte dulzura, que eso no es cierto y tú Padre lo puede decir. ¡Correcto! — Aclaro, sacando su arma detrás de su espalda.
La garganta de ella sonó tan nítido, al ver cómo iba a matar a su Padre, pero su Madre gritaba con la mordaza, tratando de hallar la forma de evitar ese suceso.
— Santino ya te dije, que no poseo ese dispositivo; además si así fuera jamás se los entregaría a unos corruptos como ustedes. — Pauso, pero el líder río interrumpiendo.
— Vaya que recuerdas mi nombre Piero; pero sabes que mi trabajo consiste en tener resultados y debo llevarles lo que piden. — Dijo serio, y los demás guardar silencio, manteniéndose al margen.
— Como olvidar a los pupilos de la mafia turca e italiana, pero como verán soy un hombre que trabaja humildemente, por su familia. — Informo ya calmado, pero recibió una bofetada de uno de los hombres que estaba cerca del líder.
— Me hiciste un favor Carlo. Ahora esto va para ti Yilmaz, hablas ahora o tu esposa muere. — le advirtió acercándose a la aludida.
Las lluvia de alerta, fueron notorias para los integrantes de la familia detallando, como el hombre llamado Santino, se puso detrás de ella, tomando su cabello y jalarlo hacia su rostro para susurrar cosas horribles llenando de dolor y lágrimas a la señora Samira.
Lo que presenciaba la familia, era atroz de tal forma que Isla intentaba buscar algo, para impedir que muera su Madre, y más cuando el hombre dejo su arma en el suelo y se inclino; para sacar de su tobillo ¿algo que no podía ver?, Tragó en seco al mirar después, una especie de cuchillo filoso ser acercado al cuello de la Madre; pero la voz de Piero capturó la mirada del atacante.
— Por favor… detén esto… ella es inocente; incluso mi hija. Solo llévame contigo y las dejas en paz. — intento persuadir; pero el hombre solo negó levemente atacando.
Fue como si todo les pasará en cámara lenta, tanto a Piero como a Isla; siendo espectadores de como el cuello de Samira; fue desgarrado por el cuchillo filoso de su atacante, donde ella inclino su rostro sin vida con los ojos abiertos; siendo la evidencia de una muerte espontánea y rápida. El líder, se puso de pie le hizo una seña a uno de sus colegas cercano y le pasó un pañuelo, para quitarse las gotas de sangre, que le chispearon en el dorso y palma.
La mirada llorosa de Isla, no dejaba de soltar quejidos de dolor, al ver a su Madre muerta y no haberse podido despedir o disfrutar de ella por más tiempo; todo esto le superaba en gran manera. No obstante, su padre se removía en su asiento tratando de salir, pero nada le daba el chance de hacerlo, sino que lo dejaba inmóvil, desesperado y con ganas de matar a dicho líder.
— Te vas arrepentir Santino; tu muerte será dolorosa y tortuosa. — Informó colérico y drenando lágrimas de dolor, al ver la sangre de su esposa ser notable en el suelo.
De pronto la risa del líder, fue tan altiva que hizo contagiar a los demás de ello, siguiéndoles el juego que duro unos segundos las risas de cada uno; para así aclarar su garganta y acercarse al Padre de la joven que no dejaba de sufrir y tener miedo de lo que ahora pueda pasar.
— ¡Eso lo veremos! Piero, pero te digo que hoy morirás; así que dame lo que quiero o la próxima es tu hija. — Dictaminó ya cansado de esto, sacando su arma para apuntarle.
Acto que hizo fue gritar de dolor profiriendo maldiciones, que fueron calladas por los golpes de uno de sus maleantes; mientras el líder se acercó a la chica, que seguía llorando en silencio, para estar frente a ella y mirarla desde arriba en su posición con superioridad, dónde la penetró con la mirada de frialdad y deseo cosa que hizo que le pícara las manos por tocarla lo ansiaba, cosa que ya tenía un plan; para terminar con este trabajo, que le encomendó su Amo de la mafia.
Noto que la mirada que le lanzaba, no la asustaba solo veía en sus ojos miel la rabia, impotencia y ganas de matarlo; solo le sonrió canalla poniéndose inclinado en una de sus rodillas y la otra la mantuvo sujetada con su brazo derecho, que tenía el revolver de material pesado listo para ser usado en sus víctimas; le hablo sutil dando inicio con su idioma.
—
¡Tatlilik! (Dulzura) debes tener en cuenta, que papi debe darme lo que quiero; así que hazlo razonar. — hablo con seriedad, donde ella solo respiraba de impotencia.
— Si mi Padre le dice que no; es porque es cierto, imbécil. — Objeto en defensa, que sólo lo hizo reír.
Ella lo miraba con odio puro, y le deseaba lo peor o que pronto la policía llegará, para que el martirio de ambos se acabe; así que vino y le escupió en la cara al hombre fornido, tomándolo desprevenido cosa que fue un error; ya que el hombre se puso de pie rápido y la abofeteo tan duro; haciendo que su labio se partiera saliendo sangre en el proceso.
— Maldito… te voy a matar, jamás toques a mi hija, porque créeme desde ese momento cavaras tu propia tumba. — Expreso ardido, al ver a su hija lastimada en su labio inferior.
Sin dudar, se volteó llegando a Piero y golpear su estómago dejándolo sin aire o palabras que decir, dónde su hija se lastimaba sus manos buscando liberarse; pero las manos fuertes de otro de sus hombres la tomo de su cabello jalándolo hacia atrás, para mantenerla quieta mirando a su Padre estar dolido y sin poder continuar de tantos golpes.
— Ya es suficiente Piero, tu tiempo se acabó y no me sirves. — Saco el arma, apuntado en su frente y activar el gatillo.
Pero la voz femenina de la niña, hizo capturar la atención de todos.
— No lo haga por favor… mi padre… es inocente, le ruego tenga piedad. — Soltó con dolor, entre sollozos.
— No dulzura… él morirá. —
— Santino… dame un momento… con mi hija. — Decía con dolor, sin poder hablar fluido.
Dicho líder, se rio en su cara bajando su arma y asintiendo, para dejarlo despedirse, que no dudo en mirar a su hija con nostalgia y dolor llorando por ella.
— Papá… papá…
— Escúchame Isla… solo debes oírme. — Le dijo con autoridad, para volver hablar. —. No dejes de ser valiente princesa… hazlo por mí y tú Madre, lamento haberte involucrado pero debes saber, que soy un hombre que trabaja para gente importante…
— Te queda poco tiempo Yilmaz. — le interrumpió, cosa que volvió a seguir.
— Recuerda que te amo, no lo olvides. “ Schackapparat, stor och öde tron, bara du är nyckeln”. (Dispositivo ajedrez, trono grande y desolado solo tu eres la llave) — hablo su Padre, dejándola con dudas grandes, al desconocer ese idioma, que nunca entendió de dónde provenía.
— Papá… ¿no te entiendo? — la confusión surco su rostro, pero la bala de su atacante llegó a su progenitor, haciéndola gritar.
— ¡Basura! — escupió el líder, mientras seguía apuntando al cuerpo sin vida del padre.
— Miserable… cobarde… MORIRÁS por mi mano. — Grito sin pudor, dejando que cada uno de sus secuestradores se rieran, mientras ella apretaba sus manos en puños, con las esposas puestas.
— Lo dudo Tatlilik (Dulzura), ahora el juego tomo forma y créeme desearas no haber nacido; para cuando termine contigo. — Le hizo ver, dando una orden señalando a uno de sus hombres, el tal Carlo fue directo a buscar lo que pedía su jefe.
A los cinco minutos de espera, el que la tenía sujeta la libero de su agarré dejándola tranquila de su dureza; para cuando volvió el hombre. El líder saco de un saco n***o, que le trajeron una especie de hierro extraño era largo y en la punta tenía, como una letra con la forma del mismo material, eso la hizo ponerse muy nerviosa al acercarse.
— Dulzura… esto es un fierro, y tiene una letra muy peculiar, en mi mundo soy apodado “El león”; tus Padres no lo probaron; pero tú será la excepción porque morirás de manera lenta. — hizo una pausa. —. Así que disfrutaré marcarte ahora, para después follarte hasta cansarme. Luego mis amigos, jugarán contigo seguro estarás casi muerta, allí será tu fin. —
Toda y cada una de sus palabras, resonaron en su cabeza como un mantra de dolor puro, su virginidad sería desgarrada por el asesino de sus Padres, y no conforme con ello, los demás lo harían sacando todo lo que pueda quedar de ella, hasta sacar la última gota de inocencia genuina que portaba.
— No me tocaras… no lo harás. — El hombre sonrió de lado, de forma malévola, llevando el hierro a la cocina.
Estaba mal, pedía a gritos ser liberada, pero uno de los hombres la tomo firme de los hombros sin dejarla zafarse o moverse; es ahí donde el líder vuelve con dicho material ardiendo en una tonalidad de color casi naranja mostrando la L con más claridad. Se tensó enseguida, viendo cómo el tal Santino, le hizo señas a otro, para que abriera su blusa dejando al descubierto su sostén blanco y abdomen plano, haciendo desearla más.
— Bien, aquí comienza tu muerte Isla. — Dijo claro, al localizar la zona de su marca y dar justo en el blanco.
— Ahhhhh….—
Sus gritos fueron callados, por la mano del hombre que le subió la ropa, mientras la marca era hecha a carne viva tortuosa y sin tapujos; así como la marco le quitó el fierro admirando su atacante, la marca a un lado de su costado derecho, sonriendo complacido por hacerlo perfecto dejando a dicha joven débil y con genuino dolor, pero no perdió tiempo, para dejarle el mensaje.
— Tu Padre me hizo perder el tiempo; y esas palabras raras que hablo debe haber tenido un mensaje o ¿no? — dudo, tocando su mentón levemente para ir a dejar el fierro en el suelo del lugar.
La casa era un desastre, estaba lejos de ser ordenada, pero mando a sus acompañantes, que se quitarán el pasamontañas siguiendo sus órdenes, ella en pleno dolor por la marca que miro solo unos momento volvió a llorar, que luego volvió a sostener su mirada al atacante que estaba quitándose su ropa, no conforme con eso lo demás lo hicieron quedándose solo con sus pantalones a la espera de abusar de su débil cuerpo, tragó en seco cuando tuvo al líder cerca de ella, tomando su mentón con rudeza.
— Ahora sabrás, lo que es un hombre. — dijo fuerte y claro, haciendo que su mirada se impactará por decir eso.
El hombre detrás de ella le quitó las esposas, dejándola libre pero la tiró al suelo sujetándola de las manos en el mismo lugar, es allí donde el forcejeo no paro para la vida de Isla; aunque todo se vino abajo cuando el líder logro desgarrar lo más preciado que ella cuido, volviéndose en vano…