Nunca lo hice, nunca sentí la necesidad de tocar a un hombre, de sentirlo, pero con Alistair… Era diferente. Quería hincarme a sus pies, probar su lascivia, así como probó la mía, quería… más… Estacionó frente a mi edificio y se bajó para ayudarme, primero con el casco y luego a bajar tras tomarme de la cintura. ―¿Qui-quieres subir? ―pregunté nerviosa. Tragué el nudo que me cerró la tráquea cuando se quitó el casco y se pasó las manos por el cabello. Aspiró hondo y me miró, su expresión no era seria, pero no hubo rastro de emoción para indicarme el camino para llegar a su alma. Ladeó la cabeza, su mano se alzó y acarició mi cabello. ―¿Sabes que nunca parece realmente despeinado? ―¿No quieres? ―volví a preguntar y señalé mi edificio. Sonrió, relajado y miró hacia donde debía más o m

