Ella siguió escuchando a su hijo — prometo que te llevare a los parques más grandes—
—No importa mami, puede ser una pequeño, solo quiero jugar contigo, ¿recuerdas aquel tobogán al que me llevaste el año pasado? — Tadeo tiene una buena memoria y jamás olvidará esos bellos momentos que su madre le ha entregado.
—Si, lo recuerdo como si fuese ayer mi niño— la puerta se abrió y ahí estaban las enfermeras.
—Buenas días, hora del desayuno—
La conversación fue perfecta hasta que tocó la hora del desayuno y las medicaciones, en ese momento ella debe sentarse y dejar que las enfermeras hagan su trabajo.
Estaba tumbada en el pequeño sofá que el director del hospital le había permitido usar. Su hijo parecía tranquilo a pesar del ambiente hospitalario. Nohelia observó su rostro sereno, y aunque sabía que estaban lejos de llevar una vida ideal, se sentía agradecida por un nuevo día junto a él.
El hospital había pasado a ser su hogar. El director, conmovido por su situación, le permitió quedarse allí para estar cerca de su hijo mientras él recibía el tratamiento necesario. Además, podía disfrutar de las comidas calientes que el hospital ofrecía, una bendición considerando que los días fuera eran siempre frenéticos.
Después de asegurarse de que Tadeo estaba cómodo, Nohelia se dirigió al pequeño baño para refrescarse. Una ducha rápida la ayudó a sacudirse el cansancio acumulado, y al salir, volvió junto a su hijo, acostándose a su lado mientras él dormía. Aunque su mente se resistía a apagarse del todo, cerró los ojos y, por un breve instante, se permitió olvidar sus preocupaciones.
El pequeño Tadeo era feliz sintiendo a su madre tan cerca.
—Mamá— dijo él viendo como Nohelia abre sus ojos.
Ella asustada al ver el reloj de la pared, se ha excedido en dormir junto a su niño —No es válido, se supone que debo de cuidarte y terminar tu cuidándome— dijo ella mientras hace puchero.
—Jajajajaja, mami, ¿te he dicho lo linda que eres? — Tadeo la observa con ojos de admiración a su madre, ella es única ante él.
—Creo que hoy no me lo has dicho mi niño lindo— ella peina su cabello poco a poco con sus dedos, sabe que está toda despeinada, aun así, su hijo ve en ella a una reina.
—Eres la mamá más linda del mundo, siempre te amaré mamá— esas palabras dolieron dentro del pecho de la mujer, fue como una despedida y ella no aceptara que su hijo se vaya de su vida, no aun cuando ella lucha y trabaja el doble por conseguir el dinero de la operación.
—Y yo a ti te amare hasta la eternidad mi niño—
—Mamá trae mis carros y juguemos juntos— Nohelia asiente y trae los carros, ellos suelen jugar con ellos diariamente.
La tarde llegó rápidamente, y Nohelia sabía que era hora de despedirse de Tadeo para ir al trabajo. Cada día, dejarlo era como arrancarse un pedazo del alma, pero no tenía otra opción. Con un beso suave en su frente y una promesa silenciosa de volver pronto, salió del hospital.
En la entrada, Mary la espera con su coche estacionado. Al verla, Nohelia esbozó una sonrisa cansada.
—¿Qué haces aquí, Mary? —le preguntó, subiendo al auto.
—Vine a buscarte, como siempre —respondió Mary con una sonrisa despreocupada.
—Ya te dije que no tienes que hacer esto. Deja de malgastar tu tiempo conmigo. —Nohelia intentó regañarla, pero Mary simplemente se encogió de hombros mientras arrancaba el auto.
Ambas rieron, compartiendo ese momento de complicidad que solo las amigas verdaderas podían entender. Mientras conducían hacia el restaurante de la autopista donde trabajaban, Mary rompió el silencio.
—Tengo algo que contarte —dijo, manteniendo la vista fija en la carretera.
—¿Ahora qué hiciste? —preguntó Nohelia, frunciendo el ceño con desconfianza.
—Inscribí tu currículum en el mejor restaurante de la ciudad. —Mary sonrió de oreja a oreja, esperando la reacción de su amiga.
Nohelia giró bruscamente la cabeza para mirarla, atónita.
—¿Qué? ¡Mary, ya te dije que no necesito eso! Además, jamás me contrataran en un lugar así. Soy solo una camarera de un restaurante de carretera. —Negó una y otra vez, visiblemente molesta.
Mary soltó una carcajada antes de responder.
—Pues resulta que ya te contrataron. Tienes la entrevista mañana a primera hora.
El auto quedó en silencio mientras Nohelia procesaba lo que acababa de escuchar.
—No puedo, Mary —dijo finalmente, sacudiendo la cabeza con frustración—. Tadeo me necesita. No puedo dejarlo solo.
Mary señaló el asiento trasero, donde había una gran caja envuelta con un lazo.
—Mañana conocerá a su madrina. Y ella ha preparado un gran regalo para él. No te preocupes, yo lo cuidaré.
Nohelia soltó un suspiro pesado. Sabía que Mary no se rendiría fácilmente.
—Está bien, lo haré —cedió finalmente, aunque sin entusiasmo—. Pero no te hagas ilusiones, esto no cambiará nada.
Mary sonrió triunfante mientras estacionaba frente al restaurante. Ambas entraron juntas y comenzaron a prepararse para lo que prometía ser otra noche agitada.
La noche, sin embargo, trajo consigo más que una multitud de clientes hambrientos. Mientras atendía una mesa, un hombre ebrio se propasó con Nohelia, dándole una fuerte nalgada. Ella, sorprendida y ofendida, no dudó en defenderse. Con un golpe rápido y certero, lo hizo caer al suelo.
El dueño del restaurante, testigo de la escena, se acercó enfurecido.
—Creo que sabes lo que tienes que hacer, Nohelia. No quiero verte más por aquí.
Nohelia lo miró con desprecio antes de arrancarse el delantal y tirarlo al suelo.
—No pienso quedarme en un lugar donde me humillan. —Su voz estaba cargada de ira mientras salía del restaurante.
Mary corrió tras ella, tratando de calmarla.
—Nohelia, no te vayas así. No puedes dejar que esa gente te afecte tanto.
Pero Nohelia estaba cansada.
—¿Sabes cuánto he ganado hoy? Cinco miserables dólares. Y encima me tratan como si fuera basura. No voy a tolerarlo más.
Mary entendió que no había forma de convencerla. Sin embargo, sabía que su amiga tenía una oportunidad de cambiar su vida al día siguiente.
—Toma— ella le entregó la tarjeta del restaurante a donde tendría la entrevista, Nohelia la guardo sin siquiera mirarla antes de marcharse del lugar.
Esa noche, Nohelia regresó al hospital, donde se sintió un poco más en paz al ver a Tadeo durmiendo plácidamente. Mientras lo observaba, pensó en las palabras de Mary y en la oportunidad que ahora tenía frente a ella.
—Por ti, mi amor, lo intentaré. —Susurró suavemente, acariciando el cabello de su pequeño.