Cuando todo el ritual de despedida finalmente acaba, y por ritual me refiero a que las celebridades asistentes se aseguraron que al menos un paparazzi los fotografiara, Scarlet se aleja de la parcela hacia su camioneta de puertas blindadas en donde la espera Marcus, su chófer, que le sostiene la puerta abierta con un café en la mano con la atención al detalle justa para haberse asegurado de ponerle dos sobrecitos de azúcar esa vez y un poco de crema... Scarlet gusta de ingerir cosas dulces cuando está estresada, pero no lleva bien el propio quebranto a su estricta dieta, así que el hombre pensó que estaba haciendo bien.
—Buen día, señorita Fox —dice con formalidad, entregándole la taza desechable. No dice nada más cuando la mujer pasa a su lado sin dirigirle tan siquiera una mirada, sino que cierra la puerta y, maldiciéndose por haberle dado los "buenos días" a alguien que acaba de salir de un funeral, hace su habitual inspección a los alrededores.
Logra captar a los tres sujetos que se esconden tras un par de lápidas con sus camaras de mira telescópica, y aunque tuerce el gesto en desaprobación, anticipa que no serán un problema; sin embargo, al mirar un poco más adelante en la calle, ve la camioneta blanca con ese anuncio falso de “Floristería El Edén", la misma que los sigue desde hace una semana que Scarlet inició los ensayos de su presentación para el festival. Rodeando la camioneta, Marcus se pregunta si de verdad Richard Clark los asume tan estúpidos para creer que no se han dado cuenta de su artimaña barata, o si ya no le importa fingir que no es él quien los acosa. Ya les digo yo, no le importa, de hecho, lo desea.
El mañoso reportero/acosador profesional desea fervientemente que Scarlet Fox ponga una demanda en su contra... que haga cualquier cosa para dañarlo, pues ya tiene preparado un incendiario artículo que habla sobre la adicción de la mujer a demandar a la prensa solo porque sí.
"¡Pero si acabas de decir que ese demente tiene una semana siguiéndola!" dirán ustedes. Sí, sí, pero esto es Hollywood. Aquí todos están dementes... y todos son villanos, no se engañen.
Pero, de momento, sigamos con nuestra chica que, ya acomodada en el asiento trasero y tan pronto Marcus pone en marcha el vehículo, saca su teléfono y se pone a hacer su actividad predilecta... Husmear en las r************* de ese alto moreno de dientes perfectos y gafas redondas, modelo que ha usado por veinte años, casi el mismo tiempo que lleva él ocupando los sueños y pensamientos de nuestra queridísima Scarlet.
Su dedo se desliza por el perfil con la habilidad que le da haber pasado noches enteras en eso, pues... es justo lo que hace. Esta vez no busca información nueva, en esta ocasión parece solo buscar algo de alivio, así que sigue bajando, como buscando una foto antigua, pero el desplazamiento repentino de las imágenes en la pantalla le indica que una nueva fotografía ha sido subida al perfil, y eso le hace retroceder, y entonces su cara empieza a cambiar de color.
Tuerce la boca al notar el aire tan íntimo con el que una desconocida y despampanante pelirroja se cuelga del brazo del hombre, probablemente alzándose en la punta de sus pies, para besarle el mentón... La vena palpitante en la frente de Scarlet y la prominente V que forman sus oscuras cejas, dejan claro que no le agrada ni un poco lo que ve.
—¿En serio, Randall? ¿Una pelirroja? Debe estar en sus veinte, ¿desde cuándo te gustan jovencitas? —dice entre dientes, dejando que la amargura destile de su boca. Entonces toca la cara de la chica, decidida a echarle un vistazo a ese perfil también, pero la sacudida que sufre por culpa del freno abrupto de la camioneta, hace que el teléfono se salga de sus manos y caiga al suelo antes de golpearse la cabeza con el asiento delantero.
—¡¡Marcus!! —grita sujetándose como puede.
—Lo siento, señora. Es esa camioneta de las flores. Nos está siguiendo otra vez. ¡Se ha puesto en marcha de repente!
Scarlet ve entonces la camioneta blanca que se ha cruzado en su camino y enfurecida, quizás más por la pelirroja de la fotos que por el conductor de la supuesta floristería, baja el cristal de la ventanilla y asoma su cabeza fuera del vehículo, ignorando por completo el mundo que la rodea.
—¡Maldita sea, Richard! —grita hacia el parabrisas de la camioneta mientras Marcus, muy inquieto, empieza a avanzar despacio, pues ella tiene casi medio cuerpo colgando de la ventanilla y las personas en el cementerio empiezan a notarlo.
—Señorita...
—¡Déjame en paz de una buena vez, cara de p**o! —sigue gritando ella sin hacerle caso a su chófer—. ¡Estoy saliendo de un puto funeral! ¡¿Acaso no tienes valores?! —Luego toma el café que reposaba en el portavasos y lo avienta por la ventana.
—Oh, cielos... —murmura Marcus cuando el vaso encuentra su destino y su contenido se esparce por todo el parabrisas de la camioneta blanca, mientras los paparazzi empiezan a saltar las lápidas y a comer hacia ellos para captar la escena más de cerca.
—¿Qué es eso?... ¡Marcus! ¡¿Le pusiste crema a mi café?! ¡Sabes que me estoy desintoxicando de azúcar! —gritó Scarlet golpeando la puerta del conductor, indignada, al ver la pasta blanca desparramarse por el cristal.
—Lo siento, señorita. Creí que necesitaría...
—Lo que necesito es que sigan las normas, maldita sea. Sí vuelvo a ver otra cosa más que café n***o en mi vaso... estaré muy decepcionada.
—Sí, señora —responde el hombre viendo reincorporarse en el asiento.
Scarlet empieza a acomodarse el cabello y entonces ve la mirada de silenciosa desaprobación de su chofer por el retrovisor, y ella, que, no fue ajena a la actividad de paparazzi en el lugar, sabe lo que está pensando.
—Te pago por conducir, Marcus; no para opinar sobre mi comportamiento —dice, tomando su teléfono nuevamente.
—Lo sé, señora —fue toda la respuesta del hombre antes de verla recoger el teléfono y volver a hundirse en las fotos que se mostraban en su pantalla.
Un rato después, cuando la camioneta se detiene en un lujoso edificio de Bunker Hill, en donde está la oficina de Catriona Weis, su representante, que la espera para atender un par de detalles sobre su itinerario de esa semana; es justo decir que por las venas de Scarlet ya corre más cianuro que sangre, y, además, ha descubierto un nuevo rencor hacia las pelirrojas.
Entra al edificio hecha una furia y sin saludar a nadie, pero todos parecen estar acostumbrados a esto. Sube al cuarto piso, dónde hay un salón tipo galería aparentemente preparado para una sesión de fotos y lleno de personas con brochas de maquillaje, secadores y tenazas la esperan.
—¡Al fin llegas! —dice Catriona, manteniendo una conversación con ella y otra con el teléfono—. Tenemos diez minutos de retraso. ¿Dónde estabas?
—Tuve un encuentro con Richard —responde Scarlet como toda explicación. Dejando que Marie, su dulce y asustadiza asistente, le ayude a quitarse el abrigo.
—Oh, no... ¿Qué hiciste? —Los ojos de Catriona se abren con preocupación dándole un vistazo a Marie, cuya expresión no es menos afligida.
—Me estaba siguiendo de nuevo. Le aventé mi vaso de café al parabrisas.
—Eso no fue prudente. La prensa va... —La mujer contenía su censura, pero así debían actuar con Scarlet siempre. Lo que se le iba a decir debía escogerse con pinzas.
—Tú solo resuélvelo.
Catriona aprieta los labios, no del todo conforme con esa orden, pero, mirando a Marie y entendiendo que no tiene mayor opción, asiente.
—De acuerdo. Toma asiento. Se supone que la transmisión comienza en cinco minutos.
—Recuérdame por qué seguimos haciendo estas cosas en vivo. Son una completa molestia.
—Para acercarte a los fans. Si el público ve que los comunicados son en vivo, el mensaje se siente más genuino y tu interacción con ellos más orgánica. Debemos revertir un poco esa creencia de que no te gusta compartir con ellos.
—Pero es que no me gusta —asegura Scarlet con mala cara—. Una cosa es charlar con un grupo controlado en un salón, pero cada vez que me llevas a un evento de fans, solo hay personas malolientes que me jalonean sin consideración. Sabes que no me gusta asistir a ambientes que no tienen seguridad extrema contra los locos desesperados que hacen cualquier cosa por tomarme una foto borrosa o tocarme con sus manos sudorosas.
Catriona la mira con censura.
—Solo están muy emocionados, y pasan horas esperándote. Otros artistas no tienen mayor problema con ser amables y... —Lo que fuese que iba a decir, se ve interrumpido por la mirada gélida de Scarlet.
—¿Otros artistas? ¿Y con quién me comparas exactamente?
—¡Con nadie! —se apresura a responder la nerviosa mujer—. Solo digo que podría ser un poco más amable.
—No es mi trabajo ser amable con nadie. Vivo para cantar en estudios y cantar en estadios. Cumplo muy bien con ambas. No es mi trabajo hacerme la simpática con los fans, que se compren un póster y me dejen en paz.
Todos los que la rodean intercambian miradas incrédulas, pero, como siempre, nadie dice una palabra al respecto de esta opinión tan polémica para un artista.
—Bueno, mejor empecemos. Acá está todo lo que tienes que decir —dice Catriona señalando una pequeña pantalla ubicada detrás de la cámara que empiezan a ubicar frente a Scarlet—. Trata de mostrarte afligida. Lo suficiente para que otros artistas posteen y te muestren su apoyo, pero no tanto como para que el público te llame falsa... No queremos cruzar esa línea otra vez.
—Ajá... — Scarlet asiente levemente mientras terminaban de ponerle su característico pintalabios cereza, cuando este está listo se sacude de un manotazo al joven estilista que intenta terminar uno de los rizos.
El joven suelta un alarido de dolor cuando su mano entra en contacto con el metal ardiente del rizador, pero Marie lo aparta antes de que el drama sea mayor; Scarlet detesta los momentos de torpeza... incluso aunque estos "momentos de torpeza” sean ocasionados por los que cualquier juez llamaría maltrato laboral.
—Al aire en tres... dos... uno... ¡Acción!
—Hola, mis queridos Foxies. Sé que todos están un poco decepcionados por la noticia de que no participaré en el festival de invierno y, créanme, yo también lo estoy, Pero también estoy muy conmocionada por lo que le ha sucedido a mi productor y estimado amigo, John Marshall. Han sido diez largos años de trabajar codo a codo, y que todo acabará de esta forma... yo...
Su rostro muestra angustia mientras él de Catriona muestra satisfacción, igual que el de Marie, gesto que acompaña con un pulgar arriba en señal de aprobación. Todos necesitaban suavizar la imagen de Scarlet rápido, la vida de todos sería más sencilla así.
—Entenderán que es un tema delicado para mí. Mi corazón está con su familia, sus hijos... con Belle... No puedo ocultar la pena que me agobia, y sé que no podría darles el show que merecen si salgo con este estado de ánimo al escenario. Así que he decidido dar un paso al costado y ceder mi espacio a otro compañero que pueda alegrar su noche. Hemos hablado con los organizadores y estoy segura de que Sassy... ¿¿Sassy?? —mira a Catriona con fuego en los ojos—. ¿¿Es una maldita broma??
Todos en el estudio quedan paralizados ante el arranque de furia con el que los mira Scarlet. La representante de inmediato da una señal para que corten la transmisión, pero todos saben que ya era tarde... esos dos segundos de caos frente a la cámara jamás abandonarán el internet. Scarlet Fox, La arpía estará de vuelta en los motores de búsqueda en cuestión de un minuto. Aunque lo cierto es que quizás esta vez se pongan de su lado.
Por hora aprovechemos el episodio neurótico de Scarlet, mientras damos tiempo de que Catriona intente calmarla y atiendan a los chicos de producción que, muy seguramente saldrán heridos, para contarles la historia de Scarlet y Sassy.
Las dos divas se conocieron en una entrega de premios. Interactuaron lo justo, lo que demanda la buena educación; existe una considerable brecha de edad que impediría que estás dos mujeres pudieran ser muy íntimas. Ambas debían leer lo señalado en el telepronter para entregar un premio a la trayectoria de un afamado compositor cuyo nombre no viene al caso.
Todo transcurría con normalidad hasta que Scarlet notó que Sassy tenía más líneas. La mujer hizo un par de acotaciones sobre su larga trayectoria e importancia en la industria y producción finalmente hizo un ajuste en el guión. Sassy sonrió en todo momento, jamás mostró inconformidad con lo sucedido y durante un año, siempre que se toparon en eventos, fue educada y cordial... hasta que publicó su segundo material discográfico.
Ese sencillo promocional titulado “Reliquia sin brillo" que hablaba, con mucha acidez, sobre una vieja estrella pop que ya va en bajada y que dice, y aquí voy a ser textual “tiene más celulitis que talento, Pero ambas cosas se ocultan con lentejuelas y carmín", si bien es una estrofa pegajosa, causó bastante revuelo en el equipo de Scarlet.
La relación se rompió por completo y los bandos de internet se formaron. Algo a favor de Scarlet es que en los tiempos que corren una mujer no puede salir en público a burlarse de la celulitis de otra y salir ilesa de ese escupitajo de veneno... Sassy pagó lo suyo por su atrevimiento. Ambas se llevaron un mal sabor del asunto. Pero que los productores decidieran elegir justamente a Sassy por encima de cualquier otro artista para sustituir a Scarlet deja claro que esta industria es asquerosa y deslumbrante en partes iguales, y que hará cualquier cosa por vender.
—Debes aprender a soltar eso sobre lo que no tienes control —se escucha decir a Catriona cuando Scarlet finalmente acepta sentarse y su piel empezó a tomar un tono más natural—. No tenemos control sobre la lista de invitados del evento. Nadie va a tomar esto como burla; todos saben de la muerte de John, todos saben lo unidos que eran... esto no será tema de conversación.
—Va a cantar la de la reliquia, Cat. Me va a reemplazar en el show y va a cantar la maldita canción donde me llama vieja con celulitis.
—No, no va a cantarla... No se atrevería. La gente recién empieza a perdonarla.
—Claro que lo va a hacer. Así que quiero que llames a la productora y les dejes claro que si escucho esa maldita canción en su concierto, jamás volveré a presentarme con ellos. Sassy podrá ser diez años más jóven, pero yo aún vendo más tickets que ella. Que lo tengan en cuenta para sus próximos festivales.
—Clara, claro que se los diré. —Sonrió para calmarla—. Iré a llamarlos justo ahora. Esa niña saldrá a cantar con grilletes, descuida. Tú quédate aquí, tómate un par de fotos para subirlas a las redes. No haremos más transmisiones por hoy, pero haremos una pequeña declaración más tarde. Pensaré en algo para calmar las aguas, ¿te gusta eso?
—Calmar las aguas... —repite Scarlet cuando Catriona se aleja—. Lo que quiero es ahogar a esa perra en un charco, ¡eso me gustaría!
Al darse la vuelta, se topa con Marie, que es flanqueada por una de las chicas de maquillaje y el estilista... con una venda en la mano herida.
—Le daremos un retoque para las fotos —susurra la mujer con labios temblorosos.
Los tres se quedan mirando a Scarlet como quien mira a un gigantesco perro al que se cruza por el parque... con cuidado. El animal no tiene por qué atacarte, pero podría hacerlo, así que solo te quedas inmóvil, no le das motivos para alterarse, y ruegas para que no huela tu miedo.
—Que sea rápido —ladra ella tomando asiento de nuevo.
El retoque no tomó mucho tiempo, tal y como ella quería. El estilista mantuvo su otra mano intacta y las fotos estaban quedando de maravilla... es que la mujer es fotogénica, incluso cuando debe mostrar una tristeza que no siente.
La calma ha vuelto, o así era... hasta que una notificación llega al teléfono de Scarlet cinco segundos antes que a la de Marie; neutralizando el tiempo de respuesta que suele tener la mujer para cualquier noticia relacionada con Ashlee.
Porque esta bolita de nieve va cuesta abajo, lo que significa que solo puede hacerse más y más grande.
¿Que quién es Ashlee? Se preguntan... Pues el episodio más problemático y oscuro en la vida de Scarlet. Eso es Ashlee.