—¿Pero qué mierda es esta? ¡Catriona! —Grita Scarlet mirando por encima dem teléfono. De inmediato todos se apartan de ella, dejando un radio de, al menos, dos metros de distancia para que la explosión no los dañe. Todo les indica que el salón está por arder.
—¿Qué ocurre ahora? —La mujer se acerca a las carreras y luciendo muy confundida, y su rostro palidece cuando Scarlet pone frente a sus ojos la pantalla de su teléfono, y adopta un color similar al del rostro de Marie, que ya había buscado apoyo en la pared cuando encontró, en sus propias notificaciones la fuente del problema
—¿Ashlee va a dar un concierto benéfico de Navidad? ¡¿Un maldito concierto benéfico para los hospitales?! ¡¡¿Cómo no sabías de esto?!
Los ojos de Catriona se abren desmesurados y mira de reojo a Marie, que la evita... la salvación es individual. Scarlet parece ver en este gesto culpa y, lo peor de todo, aceptación de dicha culpa.
—Lo sabían… ¡¿Lo sabían las dos y no me dijeron nada?! ¿En qué mierda estabas pensando?
—Tú también lo sabías, Scarlet.
—¿Qué? —Al oír el siseo, el resto del equipo aumentó la distancia. La zona cero ahora parecía extenderse kilómetros.
—Te lo dijimos. Marie te mostró los mensajes de cuando parecían haber iniciado los ensayos.
—¿De qué hablas? Eso jamás pasó. —Miró a su asistente, que parecía haberse reducido a una masa gelatinosa bajo la mirada de la diva, nunca mejor dicho.
—Intenté advertirle, ¿recuerdas? Cuando me llegaron los rumores. Fue hace un mes. Usted y el señor Flanagan estaban en el jacuzzi. Me dijo que no quería saber nada de Ashlee y de sus estúpidas caridades.
Las cejas de Scarlet llegaron casi hasta el nacimiento de su cabello, al oír aquello.
—Y además, no le dimos tanta importancia porque ibas a estar en el festival de invierno y...
—Pero yo creí que era otra de sus estúpidas beneficencias —se dirigió a Marie—. Que iría a algún refugio a repartir comida, que llevaría su estúpida guitarra destartalada y esa mugrosa banda que la sigue a todos lados como todos los años. No sabía que estaba preparando un maldito concierto. ¿Y qué pretende? ¿Regalar todas las ganancias? ¿Aprovechará para donar un riñón también?
—No, donará sangre —responde Marie en un balbuceo.
—¡Maldita sea!
—Además, donará la mitad de la boletería y el merchandising a los hospitales de la ciudad. Ya sabes, para…
—¡Ah! ¿Con que solo la mitad? No es tan noble entonces si va a quedarse con el resto. ¿Qué se cree? ¿Acaso eso sale en los periódicos? ¡No! Solo hablan de mí y de como dono solo tres dólares del boleto... ¡Yo no soy alcalde! ¡No es mi maldita obligación atender a los hospitales!
A este punto, todo el equipo se encuentra en los extremos del salón, lo más alejados de ella que les es posible. Solo Catriona y Marie se mantienen cerca, pero Marie ha ido retrocediendo conforme los gritos aumentan de tono.
—Bueno... No creo que vaya a quedárselo, en realidad. Siempre hay que pagarle a los músicos y al…
—¡Olvídalo! Mejor dime… ¿Dónde va a ser su estúpido evento?
—En el Shrine Au...
—¡Perfecto! Consígueme el Hollywood Bowl, entonces.
—¿El Hollywood Bowl?
—Sí, sí. Ashlee busca dar una presentación íntima, pues yo haré una presentación al aire libre ¡con el doble de la butacas! La arrastraré por el suelo.
Catriona y Marie se miran una a la otra mientras Scarlet parece perdida en su fantasía.
—Scarlet... ¿De qué estás hablando?
—¡Hablo de que yo también daré un maldito concierto de Navidad! ¿No lo ves? El mismo día de Navidad, en la mañana, quiero que el mío sea primero. Pero el mío será mejor. La gente hablará de esto por años. ¿Ella se quedará con la mitad? Yo no me quedaré con nada, ¡no cobraré ni un centavo!
—¿Pagarás por tu cuenta a los músicos?
—¿Qué? ¡No! ¡Todos actuaremos gratis!
—No, Scarlet. No puedes pedirle a tu banda que haga eso en estas fechas —intenta hacerle entrar en razón Catriona.
—Tienen que hacerlo. Los niños no pueden pagar. ¿Qué clase de persona son?
—¿Qué niños?
—¡Los huérfanos!
—¿Niños huérfanos?
—Sí, sí. Esos dan más lástima en Navidad. Quiero esos.
—¡Scarlet!
—Quiero que llenes el lugar con todos los niños huérfanos del estado —siguió la mujer haciendo caso omiso al llamado de atención de su representante—. Si en California no hay suficientes niños, tráelos de Óregon, de Arizona... ¡de México, si quieres!
—¡¡Scarlet!! ¿Pero qué cosas dices? Baja la voz —suplica Catriona mirando hacia el equipo que, desde el otro extremo del salón, miran la escena escandalizados mientras la gran estrella agita sus brazos al aire y camina de un lugar a otro hablando de traer niños del extranjero como si de robar dálmatas se tratara—. No puedes hablar así de... Por Dios, son niños que...
—¿Pero qué pasa? ¿Que dije de malo? Solo digo que no me importa de dónde los traigas. Solo quiero niños sin familia, que estén aquí la mañana de Navidad para darles la mejor navidad de sus vidas. ¿Cómo es que eso es ofensivo? ¿ah?
Catriona y Marie no caben en sí del asombro. No es la primera vez que Ashlee desatan una crisis nerviosa en Scarlet, pero no estaban preparadas para esto, sobre todo porque l a mujer no paraba de hablar.
—Quiero cañones de confeti, pero el confeti deben ser copos de nieve. Y quiero cuatro o cinco sujetos disfrazados de Santa, para que repartan juguetes... ¡O no! Solo uno Pero con decenas de elfos navideños. Pero el Santa debe ser viejo y muy gordo, quiero que se vea genuino. Y será que para los elfos consigues personas...
Las dos mujeres se llevaron una mano a la boca cuando Scarlet bajó la mano hacia su cadera, indicando la altura que quería que tuvieran sus elfos.
—¿Qué? ¡No lo dije! —se defendió encogiéndose de hombros al ver los rostros de las dos mujeres frente a ella—. Pero consíguelos. Habla también con alguna marca de juguetes, alguna de seguro quiere la publicidad. Y obviamente los niños no van a pagar por el concierto, será completamente gratis. Y debe haber personas repartiendo galletas y aperitivos durante la función, ¡gratis también! Asegúrate de que la prensa sepa eso. Es lo más importante. Yo lo costearé todo, que lo pongan en los artículos, y contactan a un par de personalidades de las redes. Quiero la noticia en todas partes. Consigue nieve falsa también. Mucha. ¡Toneladas! Si brilla... ¡mejor! Quiero todo el suelo del lugar cubierto de nieve. Y llama a los de Schiaparelli, que me hagan un traje blanco de reina invernal, algo sexi pero apropiado para bailar frente a un montón de niños... No necesito que me cancelen por eso también.
Catriona parpadea un par de veces, sin poder creer lo que escucha. Scarlet aparta la mirada para enfocarse en la pantalla de su teléfono, donde teclea sin parar. A la mujer le toma un par de segundos recomponerse
—Scarlet... Sé que lo de Ashlee te hizo enojar, pero... No puedes... Es que es una locura lo que dices. ¿Toneladas de nieve falsa? ¿Confeti de copos de nieve? ¿Schiaparelli para un traje de reina invernal? ¿Miles de juguetes gratis? ¿Y esa cantidad de comida? No podemos tener un evento así listo para Navidad. ¡Eso es en dos días!
—Pues tendrás que hacerlo, porque acabo de publicarlo en redes —anuncia Scarlet mientras pone su teléfono a la altura del rostro de su perpleja Catriona.
El jadeo ahogado de Marie le hace eco al de la representante.
—¡¿Que ya lo publicaste?! ¡¡Pero, Scarlet!!
—Sí. Mira... “Una navidad muy Foxie para los niños huérfanos”. Ya está hecho. Y bien lo dijiste, tienes dos días.
—Pero, Scarlet…
—Pero nada. ¡No dejaré que Ashlee me opaque este año con otra de sus estupideces benéficas! Yo seré la cara de la Navidad este año. ¡Seré la cara de la Navidad siempre! Haré esta mierda cada año con tal de no darle oportunidad de seguir pisoteándome.
—Ella no hace esto por ti, Scarlet.
—¡Claro que lo hace! ¡Yo que te lo digo! Dona dinero para hacerme ver mal...
—¿Escuchas lo que dices?... ¡Aguarda! —grita la mujer mientras la otra se aleja hacia la mesa de los refrigerios pues, como de costumbre, las eventualidades relacionadas con Ashlee desatan atracones en nuestra diva, de seguro se arrepiente de no haberse tomado ese cafecito con crema que le preparó Marcus, ¿pero cómo iba a saber ella que la vida le tenía preparada semejante calamidad?
¡Ja! ¿No creen que a veces los problemas de los famosos parecen sacados de una historieta disparatada? Pero, aprovechemos este nuevo percance para ponerlos en contexto. Ashlee King es una muy talentosa intérprete indie, originaria de Saint Louis, mismo lugar de donde proviene nuestra Foxie suprema.
Ambas tienen la misma edad, y en un giro de eventos que quizás no les sorprenda, porque así sucede seguido en este tipo de historias, como muchas otras grandes artistas del medio, las chicas iniciaron su carrera en un dúo... en el mismo dúo.
El despegue de las no-tan-populares “Ash y Scar" no prosperó nunca. No puedo decirles si eran un dupla armoniosa porque poco se sabe de ese periodo, y toda información que se tiene siempre ha salido de boca de Ashlee que es, para que se hagan una idea, una mujer hecha de miel, algodón y escarcha. Nunca se puede confiar en que personas así digan la verdad sobre mujeres como Scarlet, que está hecha de jugo de limón, asbesto y sí, escarcha también.
Se separaron y siguieron caminos separados. Ambas eran exitosas, pero Scarlet jamás perdonó que el primer disco de Ashlee, lanzado casi un año después del suyo, alcanzase el puesto número dos en la cartelera nacional cuando el suyo solo alcanzó el quinto peldaño. Desde entonces hay una guerra silenciosa y, aquí entre nosotros, casi unilateral, entre estas dos artistas. Y aunque Scarlet, en términos generales, ha tenido mayor éxito comercial, amparado en el hecho de que la música pop es más reproducida en locales nocturnos y emisoras de radio que la música alternativa de nicho.
El público tampoco ha ahondado demasiado en el origen en común de estas dos, de hecho, ni se molestan en compararlas, dado sus diferentes géneros musicales, pero lo que es un hecho es que Ashlee King tiene una mejor imagen pública que Scarlet Fox. Es más amable con los fans, es mas educada, tiene mejor relación con la prensa, algunos aseguran que tiene más clase, incluso… Con respecto a eso, yo les podría casi asegurar que Ashlee jamás le lanzaría un vaso de café a un vehículo desde otro en movimiento. Y sobre todo, Ashlee tiene un corazón más grande, en lugar de comprarse yates y joyería de swarovski, ella dona gran parte de sus ganancias a la caridad, y la nombraron “Mujer del año” el mismo año que Scarlet tuvo su gira más exitosa. ¿Tengo que explicar más de por qué nuestra chica la odia?
En fin... Volvamos nuestra atención al salón, donde un hombre impresionantemente apuesto, o todo lo apuesto que ustedes se puedan imaginar, acaba de aparecer en el salón y ha dejado a la pobre Marie sin habla.
— Disculpe, ¿la señora Weiss ya está desocupada? —pregunta él con voz grave.
La chica solo logra levantar una mano y señalar hacia las dos mujeres junto a la mesa de bocadillos. Él inclina la cabeza con educación y va a su encuentro.
Catriona voltea al notar su proximidad y con una expresión de alarma sacude la cabeza sutilmente, indicándole al hombre que no es buen momento para interrumpirles, pero es tarde, Scarlet, deseosa de ignorar el lloriqueo de su representante con respecto a que sería mejor no hacer el concierto, fija su atención en el hombre.
—¿Tú quien eres? —Le pregunta con tono curioso y prepotente a la vez.
—La señora Weiss me dijo que podía venir para tener una reunión con usted… Una muy breve reunión, se lo aseguro —Se apresura a decir al ver la inconformidad en el rostro de Scarlet—. Soy Edward Jackson.
—Bien, Edward Jackson… ¿Quién eres? —Repite Scarlet con una pizca de burla, dejándole claro que su nombre no dice nada ahí.
—Soy su nuevo guitarrista, señora.
—Señorita —aclara ella cortante para luego volverse hacia Catriona—. Y… ¿Nuevo guitarrista? ¿Qué pasó con Collins?
—Collins renunció luego del altercado en los ensayos.
—¿Altercado? Solo le dije que debíamos hacer algo con esa verruga en su rostro. Incluso me ofrecí a pagarle el tratamiento estético.
—Le dijiste que llamara al seguro.
—¡Yo pago su seguro!
—No, no lo haces —responde Catriona apenada, lanzándole una mirada avergonzada a Edward que, a la luz de este nuevo descubrimiento, parece desilusionado.
—¿No lo hago? ¿Y entonces qué es todo ese dinero que me quitan por los empleados?
—Pues… Los salarios, Scarlet. En fin, Collins renunció. Edward lo va a suplir.
—Sí, justo de eso es que quería hablarle. Se supone que el concierto de invierno iba a ser mi primera presentación con usted, pero me han anunciado que lo cancelaron. Y ya habíamos firmado un contrato, entonces…
—Sí, pero yo no sabía que John iba a morirse. ¿Entiendes? No es mi culpa. La agencia dijo que mejor era no hacerlo. ¿Qué quieres? ¿Demandarme por incumplimiento de contrato?
—No, no… nada de eso. Es solo que… Me preguntaba qué pasará ahora con el contrato.
—Pues mira que estás de suerte —dice Scarlet antes de que Catriona pueda intervenir—. Sí habrá otro concierto, pero la agencia no tendrá nada que ver. Este será en el Hollywood Bowl. ¿Has tocado alguna vez ahí? —El hombre sacude la cabeza perplejo—. Pues ya lo ves… Tocarás con Scarlet Fox por primera vez en el Hollywood Bowl. ¡Es tu milagro de Navidad! Nos vemos mañana en el ensayo —dice más animada, poniendo las manos sobre el pecho del hombre—. ¡Uh! Eres una roca. Ábrete la camisa el día del concierto.
Edward y Catriona se quedan inmóviles mientras la ven alejarse. Marie duda, sin saber qué hacer, pero Catriona le hace un gesto con la mano para que siga a su jefa.
—Bueno, muchacho. Ya la escuchaste… mañana hay ensayo. Pero olvida lo de abrirte la camisa… será un evento para niños, no podemos hacer eso.
—¿Para niños?
—Sí. Niños huérfanos de California, Arizona, Oregon y posiblemente de Baja California . ¡¿De dónde voy a sacar tantos para llenar el Hollywood Bowl?! Maldita mujer.
Edward, la mira con cara de no entenderle ni una palabra. Él solo tiene una cosa en mente.
—Pero… ¿Igual me van a pagar, no? ¿Discutiremos eso? Me habían ofrecido dos mil por las dos horas en…
—¿Acaso no estás escuchando lo que te estoy diciendo, Edward? Necesito encontrar diecisiete mil niños huérfanos para pasado mañana. Tengo que pagar los autobuses que traerán a esos niños desde sus orfanatos hasta la ciudad, y de vuelta. Además debo conseguir los regalos que les dará Santa mientras ellos bailan al ritmo de “I'm a sexy bomb. Came prepared”. No tengo tiempo para sentarme contigo a hablar de nada. Ven mañana y quizás esté mejor dispuesta.
—Pero…mañana es Nochebuena.
—¡Y pasado mañana es Navidad! También tengo familia, Edward; ya saqué las cuentas.
Catriona se detiene cuando ve el rostro tenso del hombre, al que le gustó la reprimenda tanto como el cambio de planes. La mujer toma entonces una bocanada de aire y adopta un tono más amable aunque no menos condescendiente.
—No puedo obligarte a participar en esto, muchacho. Créeme que no habrá repercusiones legales, el contrato que firmaste no tiene validez sino para ese concierto que ya no se dio. Si vienes mañana, firmaremos uno nuevo. Pero las condiciones serán otras, por supuesto. Comprenderás que ya esto no es un evento patrocinado, sino uno benéfico, sacado de la nada y costeado por esa... perra que lleva años gastando sus ahorros en diamantes y vestidos caros. —Al oír esto el hombre abre los ojos de par en par, pero ella parece no notarlo—. Solo Dios sabe cómo lograré llevar a cabo esta tontería. Cómo sea... Piénsalo esta noche y si no vienes mañana, sabré que no puedo contar contigo.
Catriona se despide de él agitando la mano apenas en un gesto considerado antes de llevarse el teléfono a la oreja.
Edward se queda unos segundos más, empuñando sus manos, con la vista fija en la espalda de la mujer, pero con el pensamiento claramente perdido en su lamentable situación. Trabajar para Scarlet Fox es un gran impulso en su carrera, claro, pero ¿trabajar para la arpía del pop por caridad?
Él es un buen cristiano, y poner la otra mejilla es algo que le inculcaron, pero si los rumores eran ciertos, al menos en una mínima parte de lo que había leído en internet o aquello de lo que le habían advertido sus conocidos en la industria, ella no solo le daría un par de cachetadas, lo pondría en un potro sin dudarlo cuando errara una nota. Y todavía estaba lo de Camila.
—Maldita sea... ¿Cómo voy a decirle esto a Camila? —masculla malhumorado pasándose las manos por la cara y emprendiendo su camino fuera del edificio, lamentando, aunque jamás conoció al hombre, que John Marshall haya muerto en esas fechas.
Y con respecto a eso... Sé que les dije que lo olvidarán, pero ¿no quieren saber un poco más de John?