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Tres Amigos Ceos Y Una Gordita Adorable.

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Blurb

Nashla Aimee Vanushi Dupont ha aprendido a vivir con un corazón roto y una autoestima fragmentada.

A los 12 años, la muerte de sus padres la llevó a refugiarse en la comida, convirtiéndose en su consuelo en los momentos más oscuros. A los 20, la traición de su novio con su propia prima fue el golpe final que selló sus inseguridades, convenciéndola de que nunca sería suficiente para nadie.

Con 24 años y recién graduada, Nashla decide cambiar el rumbo de su vida y trabajar como asistente en una empresa tecnológica en Houston, dirigida por tres amigos inseparables: Javiel Miller, el estratega carismático; Jeremías Cooper, el perfeccionista reservado; y Jhonny Foster, el impulsivo soñador. Unidos desde el nacimiento, estos tres hombres comparten no solo su empresa al borde de la quiebra, sino también un vínculo irrompible… hasta que Nashla aparece.

Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego peligroso de secretos y emociones. Cada uno de ellos, atraído por la dulzura y la fortaleza de Nashla, oculta sus sentimientos por temor a arruinar su amistad y su relación laboral. Sin embargo, los celos y las tensiones empiezan a crecer, creando un torbellino de intrigas y deseos ocultos.

Mientras Nashla lucha por superar su pasado y demostrar su verdadero valor, se ve atrapada en un triángulo lleno de pasión, lealtad y rivalidades.

¿Podrá abrirse nuevamente al amor, o su miedo al rechazo la hará retroceder? Y cuando las máscaras caigan, ¿podrá alguno de ellos ganar su corazón sin perderlo todo en el proceso?

Una historia cargada de drama, intriga y romance, donde las heridas del pasado y los secretos del presente se entrelazan en un juego que nadie esperaba.

¿Quién arriesgará más por amor, y quién saldrá victorioso en esta batalla emocional?

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Cuando la vida te da limones y te los aplasta en la cara
Llegué temprano. Era algo raro en mí, lo admito, pero el examen de contabilidad se había cancelado por razones que aún no entendía y, sinceramente, tampoco me importaban. Aprovecharé la oportunidad para sorprender a Ryan, mi novio desde hace dos años. Tenía planeado invitarlo a almorzar. Nada espectacular, solo algo simple, mi tío acababa de dar el dinero de la semana para mis gastos o como le digo yo, mi mesada de mil dólares, no tenía nada mejor que hacer, aunque a él le gustaba más que le hiciera regalos caros y extravagantes. Por alguna razón, creía que esas pequeñas cosas mantenían viva la chispa. Ingenua de mí. Cuando abrí la puerta de la casa de mi tío, donde Ryan siempre estaba porque, claro, mi prima Daniela y él eran "como hermanos", además estudiaban leyes y derecho en la misma universidad, un escalofrío recorrió mi espalda. Había un silencio raro. No el tipo de silencio acogedor que te invita a quedarte, sino ese que te pone en alerta, como si el aire mismo tratara de advertirte algo. Dejé mi bolso en la mesa del pasillo y subí las escaleras. Me encontré extraño que la señora Lulú, nuestra ama de llaves, no estaba en la cocina, tampoco vi a Salma, la mucama de la limpieza. «Tal vez están en el supermercado o algo» me dije mientras ascendía por las escaleras. Aunque, si soy honesta, una parte de mí ya sabía que algo no andaba bien. La puerta de la habitación de Daniela estaba entreabierta. Y entonces lo vi: Ryan, saliendo del baño con una toalla en la cintura y el cabello mojado. Mi prima, Daniela, estaba en la cama desnuda, sobre las sábanas sin nada encima. Bueno, probablemente porque no la necesitaba. Vi como él se quitó la toalla y se lanzó sobre ella. Ella gimió de placer mientras él le comía los pechos. Desde la puerta podía escuchar risitas. Risitas ahogadas, seguidas de gemidos obscenos. Risitas cómplices sustituidas por besos y caricias dirigidas a mi prima. Me quedé petrificada. No podía moverme, ni siquiera para hacer el berrinche que tenía derecho a hacer. Fue Daniela quien me vio primero. Sus ojos se abrieron como platos, y se cubrió el pecho con la manta como si eso fuera a hacerme sentir mejor. —¡Nashla! Esto no es lo que parece...— dijo, y su voz era tan ridícula que por un segundo casi me echo a reír. Pero no. Mi risa estaba enterrada bajo una mezcla explosiva de rabia, humillación y tristeza. Ryan, por su parte, se congeló en el acto. —Puedo explicarlo— me dijo. Porque, claro, ¡claro que podía explicarlo! Como si hubieran estado practicando escenas de una obra de teatro. —Ah, ¿también van a ensayar el segundo acto?—solté, y mi propia voz me sorprendió. Sonó firme, fuerte, pero yo por dentro estaba hecha pedazos porque había confiado en el. Y pensar que en algún momento pensé en darle mi virginidad a ese perro, pero gracias a los cielos quería esperar hasta que nos casáramos. Él se incorporó como pudo, se tapó con el pedazo de tela blanca y créanme desee no haber visto nada, porque no quedó nada a la imaginación, su p**o pequeño en vez de vergüenza daba pena. Para nada se asemejaba a los videos porno que llegue a ver y por los que me mästürbé en algún momento. Por un segundo di gracias a los cielos por quitarme semejante estorbo. La toalla de Ryan amenazó con caérsele mientras intentaba articular alguna excusa estúpida. —Nashla, escucha, esto fue un error... No significa nada...No es lo que piensas. —¿Un error?—le pregunta mi prima indignada—el error es Nashla y su estúpida obesidad, sabes que ella no se compara con mi belleza. Por eso corriste a mis brazos tan pronto te susurré al oído, me dijiste que ella era muy tradicional y se ve anciana, que solo te ha dado algunos besos y que tú tienes tus necesidades. —¡Cállate, Daniela! —¿Un error?— los interrumpí, cruzando los brazos mientras luchaba por mantener mi dignidad —¿Fue un error también que la toalla no llegara hasta tu cerebro, o eso es permanente? Daniela se movió en la cama, y mi mirada la fulminó. —¿Y tú? Eres mi prima, Daniela. Mi familia. Pensé que podía confiar en ti. ¿Cuánto tiempo lleva esto? ¿Meses? ¿Años? ¿O simplemente decidiste que era divertido destruir lo poco que me quedaba? No esperaba una respuesta. Y no la obtuve. Solo hubo un silencio incómodo que se rompió cuando di media vuelta, camine unos metros, recogí mi bolso y me di la vuelta para salir de esa casa que ya no sentía como un hogar. Corrí por las calles sin un rumbo fijo, pero como siempre no llegaba lejos por mi obesidad, las lágrimas nublándome la vista y el aire amenazaba con extinguirse en mis pulmones. Nunca me había sentido tan humillada, tan traicionada. ¿Por qué yo? ¿Por qué siempre era yo la que terminaba lastimada? Recordé todas esas veces que me refugié en la comida para llenar un vacío que nunca parecía desaparecer. Desde que mis padres murieron, había aprendido a consolarme con bolsas de papas fritas y litros de helado. Y ahora, a mis 20 años, me encontraba en el mismo lugar, sola y con el corazón roto. Decidí hacer lo que mejor hacia, comer y comer. Me detuve en una cafetería y compré todo lo que mi estómago pudiera aguantar, la cuenta solo hizo doscientos dólares entre pudines, pastel de chocolate, pastelitos y dos malteadas de chocolate. Lo engullí y salí de ahí sin lagrimas. Tenía el estómago lleno aunque sentía un vacío en mi corazón. Pensé en llamar a mi tío, Andrew y contarle lo que hizo su querida y amada hija, pero algo me decía que se haría el chivo loco y lo dejaría pasar como siempre cuando ella me quitaba algo que yo amaba. De alguna manera, llegué a casa de mi tío Vilorio el segundo hermano de mis padres. Era el único lugar donde me sentía segura. Cuando abrí la puerta, me encontré con él sentado en el sofá, revisando unos papeles. —¿Nashla? ¿Qué te pasó?— preguntó, alarmado al ver mi estado. No era difícil darse cuenta de que había estado llorando. Me desplomé en el sofá junto a él y le conté todo. Cada detalle, cada palabra. Y él me escuchó en silencio, sin interrumpir. Cuando terminé, suspiró profundamente. —Esa gente no merece tu tiempo, Nashla— dijo con voz firme—Eres una mujer brillante, y es hora de que lo demuestres. Daniela podrá ser mi sobrina pero esta vez se pasó y lo peor es que mi hermano Andrew no hará nada, pero igual lo voy a llamar a capitulo. Si quieres puedes venir a vivir conmigo de todas formas estoy solo en esta casa tan grande. Tu tía está dando una conferencia internacional y no volverá en todo este tiempo. —Si tío, mejor vengo a vivir aquí, igual debo terminar la universidad y si me quedo en esa casa me verás en primera plana mujer le saca los ojos a su exnovio y a su prima. —Solo olvídate de esa lacra. —¿Y cómo hago eso?—me pregunté con amargura. Mi novio era lo mejor que tenía, y ahora ni siquiera eso me queda. Mi tío sonríe, una sonrisa que me intriga. —Tengo una idea. Vamos a demostrarle al mundo, y a ti misma, de lo que eres capaz. Esa noche no pude dormir. Mi mente estaba llena de pensamientos, recuerdos, y esa mezcla de esperanza y miedo que viene con los cambios. Pero también sentía algo diferente. Una pequeña parte de mí que estaba lista para pelear, para demostrar que Nashla Aimee Vanushi Dupont no era alguien que se podía pisotear así como así por más kilos que tenga. No sabía qué me esperaba, pero algo estaba claro: el mundo no había visto lo mejor de mí. Todavía.

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