David El vehículo se detuvo y en menos de un minuto entrábamos a la concesionaria de Volvo donde nos esperaba un sonriente vendedor. —Buenas noches, señor Ferretti, bienvenido —su sonrisa parecía sincera, pero su expresión se volvió sorprendida al ver a Cami, dándole una mueca que quiso ser coqueta— un gusto, señorita —iba a estirarle la mano, pero no se lo permití, atrayéndola a mi cuerpo, ignorando la interrogación en sus ojos azules. —Vamos a lo que nos trae, es tarde, viernes, todos queremos llegar a casa —exclamé malhumorado. —Bien, como solicitó, trajimos el modelo C70 que usted quería, por suerte lo tenían en Seattle. — ¿Marfil? —asintió y nos llevó hasta un patio trasero, sonreí al divisar el auto ideal para mi Cami— ¿Te gusta? —envolví su mano con la mía e ignoré su expresión

