Hoy era una de esas noches de sábado en que Eva Marianne aparece con muchas cervezas encima y ganas de beber hasta quedar inconsciente.
Eva es mi hermana menor, tiene veinticinco años y es abogada, una corrupta eso sí, pero no tengo derecho a burlarme de ello cuando he estado detenido en más de tres ocasiones. La primera fue a mis quince años, fui detenido por vandalismo con mi primo hermano Julián. La escuela nos denunció porque pintamos murales obscenos en la cancha de fútbol y eso fue un gran escándalo, aunque chistoso. Julián pintó una enorme y peluda v*gina justo al lado de la ventana del salón de arte, lo cual causó histeria colectiva y bueno, fuimos detenidos por dañar propiedad privada y forzados a hacer servicio comunitario.
La segunda vez fue a los dieciocho cuando estrellé por accidente el auto de papá contra una tienda de ropa, pero eso fue su culpa, porque me obligó a manejar esa mañana aún sin saber hacerlo. Incluso me amenazó diciendo que era poco hombre y que me echaría si no le enseñaba que conducía, así que espero que esa multa por sacarme de la cárcel y la reparación del auto lo hayan hecho entrar en razón.
La tercera fue hace unos meses apenas.
Me encontraba con Julián y Eva en un bar del norte, esto es algo usual en nosotros, pero el ambiente estaba tenso, así que sugerí irnos, pero como siempre ese infeliz al estar ebrio se negó y solo diez minutos luego de que me quejé, un borracho infeliz me aventó una silla en la espalda creyendo que estaba mirando a su mujer, pero cuando vi quién era la susodicha quise reír. Dios, era la mujer más fea que había visto y eso es mucho decir cuando tengo una jefa más fea que no cagar en tres días, entonces no tuve otra opción más que estrellarle mi puño en su rostro y bueno, el resto es historia patria. Terminé detenido dos días, muy golpeado, pero feliz de que dejé a ese infeliz peor que yo, así que había valido la pena.
—Martín —me habló Eva al verme sentado en la isla de la cocina y me aventó una cerveza—. Antes de entrar me crucé a uno de tus vecinos, tal vez lo conozcas, es un chico muy musculoso y grande, me dijo si queríamos ir a una reunión que darían en un rato en su apartamento. Fue muy insistente, así que sería bueno ir.
—Mmm, ¿musculoso y moreno? ¿usaba ropa apretada y de mal gusto? —pregunté y asintió—. Naah, ni loco iría.
—¿Por qué? ¿es porque usa ropa apretada?
—Bueno sí, ¿qué carajos? ¿no le da miedo que lo mate por usar ropa así?
—¿Es en serio?
—Bueno no, es que ese es también amigo del acosador que te dije y no se me apetece verle la cara un sábado por la noche. No quiero tener que matar gente a estas horas.
—Estoy segura de que exageras. Vamos, quiero ver quién es ese que tanto odias y te has quejado por tanto tiempo —dijo entre risas y negué con la cabeza de inmediato.
—¿Qué? ¡no! No quiero que me encarcelen de nuevo y esta vez por homicidio.
—¿A quién hay que matar? —preguntó Julián quién había estado durmiendo en la sala y se acercó a nosotros.
—A nadie, aún —bromeó Eva y le entregó una cerveza a Julián.
Un par de horas más tarde, me encontraba tirado en la alfombra de la sala, medio ebrio y viendo un partido de repetición de fútbol junto Julián, pero vi a Eva salir de forma misteriosa y eso me hizo poner alerta.
—¿Dónde va? ¿qué planea? —pregunté y él se encogió de hombros.
—Tal vez bajó al apartamento por más cervezas, sabes que ella es bien alcohólica —dijo y asentí, podía ser cierto.
Yo vivo en un piso doce, ellos dos comparten el lugar en el piso cuatro y por eso los veo casi a diario. Eva no se parece en nada a mí. Yo mido alrededor de 1,80 cm, soy de contextura atlética porque me ejercito tal vez mucho, es todo lo que he hecho estos años aparte de trabajar para tener mi mente ocupada y no tener que pensar. Tengo el cabello castaño, soy blanco, pero normal y mi cara tal vez no sea lo mejor de ver, espero no ser tan feo que den ganas de patearme o bueno, de ser así no podría hacer nada al respecto, pero Eva es muy flaca, pelo oscuro, siempre viste en tonos sombríos y por alguna razón le gusta salir con hombres con cuerpo deforme.
Su último novio era flaco como ella, pero panzón, no sé ni cómo, parecía un caballito de mar, muy desagradable de ver, pero supongo era menos peor que su novio actual.
Es que Esteffano es todo lo que está mal en la vida.
Entrena en mi gimnasio habitual, pero solo la parte de arriba, es decir, su tronco, espalda y brazos están muy grandes, pero sus piernas tan flacas que cuesta ver cómo camina sin caerse, parece un triángulo al revés, un maldito embudo, pero lo peor por lejos es esa cara que tiene, toda trajinada, descompuesta y misteriosa, es tan feo que a Julián siempre le da rinitis al verlo y en mi caso es peor, me produce diarrea y líquida que no es lo mismo.
A eso de las once escuché muchos ruidos y vimos de repente a un tumulto de gente ingresar. Me puse a la defensiva al ver a Eva ingresar con esos cuatro malnacidos, tres inocentes con quiénes no tenía nada en contra, pero por ser amigos de ese ser mísero y repugnante debía odiarlos, pero eso era su culpa y no mía.
Ella les hizo señas de que se sentaran con nosotros y al estar medio ebrios también, se sentaron de forma estrepitosa junto a nosotros y en menos de nada tenía por una maldita razón del destino a ese inútil a mi lado y de alguna forma podía sentir que me miraba.